Independientemente de cómo se tomen las instituciones el asunto que hoy nos convoca, la realidad supera, una vez más, a la ficción, y todos estamos obligados a participar en una situación que nos sobrepasa y que oficialmente se ha dado en llamar ayuda a los temporeros. Como todos sabemos, la llegada de la época de la recogida de la aceituna atrae a cientos de emigrantes en busca de dinero simplemente para subsistir, aunque este año especialmente, porque el pasado aún les ofrecieron algunos jornales, no va a poder ser. Necesitamos la oferta del tajo aceitunero para nosotros, para nuestras mujeres y hombres, y los que vengan de fuera no tendrán oportunidad. Sin embargo, y es a lo que en realidad vamos, hasta nuestra ciudad no cesan de llegar braceros en busca de una oportunidad. Y lo mismo que hasta nosotros, al resto de ciudades que son demandantes de mano de obra, que sufren el mismo problema. Así, los albergues para temporeros, donde habitualmente moraban los días que tenían un trabajo al que acudir, están saturados, aunque en nuestro caso, de acuerdo a las declaraciones de la concejala responsable de esta área, parece que aún no se detecta movimiento de personas suficiente como para deducir que hemos alcanzado ya los máximos permitidos.Al principio les decíamos que este problema, porque lo es y muy importante, es de todos. Y en eso estamos. Lo que ocurre es que hemos sido capaces de crear una infraestructura desde la que absorber este tipo de necesidades y quizá por esta razón no percibamos la realidad de unas fechas repletas de historias para no dormir. Con todo, la sociedad sigue demandando algo más que atención para superar lo que a los que dan la cara por nosotros en momentos tan cruciales, se les viene encima. Cuatro organizaciones capitalizan el control de estos emigrantes, a saber: Cruz Roja, Cáritas, las conferencias de san Vicente de Paúl y Ágape-Betania. A éstas debemos añadir el trabajo impagable que desarrollan algunas parroquias y también el del Ayuntamiento, imprescindibles para superar, aunque no sin problemas, una situación que a veces se les va de las manos. Por supuesto, no faltan los particulares que se ponen al frente de los acontecimientos para dinamizar las políticas que se implantan y que acaban siendo los verdaderos protagonistas de una situación que necesita de todos para superarla.
Por otra parte, siendo rigurosos en la interpretación de los hechos, la verdad es que los tiempos que corren no están para dedicar esfuerzos a nadie, y menos cuando son muchas las familias en las que ninguno de sus miembros tiene trabajo. La respuesta solidaria que observamos, no obstante, confirma que la sociedad está viva, que siente y padece, y que es capaz de desprenderse de los habituales caprichos de estas fechas para que a los más dañados por la crisis económica que padecemos les sea algo más leve. Por otra parte, como las organizaciones humanitarias de nuestra ciudad se han superado a sí mismas en cuanto a multiplicar sus esfuerzos y ganar en rendimiento, el control en la distribución de los alimentos, la ropa y el dinero que llevan a cabo durante todo el año les permite llegar a un número muy importante de necesitados, aunque no creemos necesario decirles que las necesidades actuales han disparado todas las alarmas y que se espera un período de carencia que no pasará desapercibido a nadie.
Lo lógico, ante una situación tan sangrante, es que estemos prestos a ayudar al que menos tiene, evitando en todo lo posible la entrega de dinero, ropa o alimentos a quienes lleguen a nuestras casas reclamando ayuda. Entre otras razones, porque no faltan los que se han profesionalizado como pedigüeños y obtienen de esta posición importantes beneficios. Nuestro consejo es que dirijan sus esfuerzos y generosidad a cualquiera de las organizaciones humanitarias a las que antes hemos hecho referencia, porque son ellas las que controlan las necesidades y también a quienes las padecen.