
Aunque la semana pasada se anunciaban lluvias torrenciales sobre nuestra ciudad, o al menos superiores a las del mes pasado, ahora parece que afortunadamente serán menos, aunque no dejarán de ser importantes y aseguran que las notaremos a partir de hoy, manteniéndose el temporal durante toda esta semana y parte de la siguiente. Dicho esto, comprenderán ustedes que el ánimo con el que se desenvuelven los propietarios de terrenos en La Isla, El Sotillo, La Ropera, Marmolejo y demás ciudades afectadas por las inundaciones sufridas el mes pasado, esté por los suelos. De hecho, lo que hemos podido percibir en las diferentes visitas que hemos realizado a estas tierras muestran sin remilgos el paso de las aguas y el deterioro que les ha inferido, especialmente en las viviendas de los residentes en esa zona y también en las naves agrícolas que se hayan junto al río. Aunque el mensaje de los responsables políticos que se han interesado por estas inundaciones es en todo momento positivo, los propietarios afectados reviven los mismos problemas que les acuciaron durante años, cuando, recuerden, entre el Gobierno y Sevillana se repartían las responsabilidades sobre el pago de las indemnizaciones, que fueron valoradas por los técnicos y, casi unánimemente, aceptadas como suficientes por los agricultores.
Ahora, con nuevos anuncios de agua de lluvia en cantidad más que suficiente, y teniendo en cuenta que llueve sobre mojado, una vez más cunde la preocupación entre ellos, porque por su parte han cumplido a rajatabla el mandamiento que les fue impuesto por la autoridad que por entonces era la responsable del río, porque aceptaron la venta de sus tierras y porque paralelamente se alegran de las obras que todavía se siguen en el cauce del río a su paso por nuestro término municipal, pero la Administración, de nuevo, y ahora también Endesa, siguen empeñados en dar largas en valorar primero y pagar después los daños contabilizados. No obstante, es evidente que algo se debe haber hecho mal si nos atenemos a lo que hemos visto y lo que, de no cambiar las previsiones, todo indica que volverá a suceder. En medio de este asunto, la presa de Marmolejo ha vuelto a recuperar el viejo protagonismo que tuvo en los años noventa, y corre de boca en boca que es la responsable de las inundaciones que se producen y producirán en nuestra ciudad. Y, por si les faltaba algo, sobre los agricultores que encabezaban esos años la lucha por acabar con este freno que se hace al agua que baja por el río, ha recaído la crítica más feroz, que les involucra incluso en un sí tácito dado a la autoridad del río a cambio de aceptar el pago de las indemnizaciones. Nosotros dijimos entonces y repetimos ahora, que entre ellos nunca se ha dejado de reclamar el derribo de la presa; en todo caso, sí que pecaron de ingenuos creyendo a quienes, desde la Administración, les aseguraron que el asunto se encontraba en proceso judicial por incumplimiento de contrato de la compañía eléctrica, ya que en ningún momento atendió sus obligaciones de limpieza y mantenimiento de esta obra.
Lo que es verdad, como saben, es que el futuro de estas personas y del propio río sigue estando en manos de gentes extrañas que no acaban de dimensionar correctamente su realidad cuando el nivel del agua sube. Por eso, incluso aumentando la capacidad del cauce, aunque construyéndose laterales de más altura que, aseguran los técnicos, obligará al agua a mantenerse en su sitio, entre los agricultores, que las han visto y vivido de todos los colores, existe una gran preocupación. Y no por capricho y sí porque durante casi dos años han asistido incrédulos a la actuación de la empresa concesionaria y responsable de la realización de las mejoras que demandaba el río en su recorrido por nuestro término municipal.
Resumiendo: que la situación meteorológica no es precisamente la más adecuada para que las aguas del Guadalquivir vuelvan a su cauce, y que, además, por encontrarse la tierra ahíta y fangosa, lo más probable es que haga más daño que en otras ocasiones. Ojalá nos equivoquemos en nuestras apreciaciones y todo quede en un susto. Ojalá.
Ahora, con nuevos anuncios de agua de lluvia en cantidad más que suficiente, y teniendo en cuenta que llueve sobre mojado, una vez más cunde la preocupación entre ellos, porque por su parte han cumplido a rajatabla el mandamiento que les fue impuesto por la autoridad que por entonces era la responsable del río, porque aceptaron la venta de sus tierras y porque paralelamente se alegran de las obras que todavía se siguen en el cauce del río a su paso por nuestro término municipal, pero la Administración, de nuevo, y ahora también Endesa, siguen empeñados en dar largas en valorar primero y pagar después los daños contabilizados. No obstante, es evidente que algo se debe haber hecho mal si nos atenemos a lo que hemos visto y lo que, de no cambiar las previsiones, todo indica que volverá a suceder. En medio de este asunto, la presa de Marmolejo ha vuelto a recuperar el viejo protagonismo que tuvo en los años noventa, y corre de boca en boca que es la responsable de las inundaciones que se producen y producirán en nuestra ciudad. Y, por si les faltaba algo, sobre los agricultores que encabezaban esos años la lucha por acabar con este freno que se hace al agua que baja por el río, ha recaído la crítica más feroz, que les involucra incluso en un sí tácito dado a la autoridad del río a cambio de aceptar el pago de las indemnizaciones. Nosotros dijimos entonces y repetimos ahora, que entre ellos nunca se ha dejado de reclamar el derribo de la presa; en todo caso, sí que pecaron de ingenuos creyendo a quienes, desde la Administración, les aseguraron que el asunto se encontraba en proceso judicial por incumplimiento de contrato de la compañía eléctrica, ya que en ningún momento atendió sus obligaciones de limpieza y mantenimiento de esta obra.
Lo que es verdad, como saben, es que el futuro de estas personas y del propio río sigue estando en manos de gentes extrañas que no acaban de dimensionar correctamente su realidad cuando el nivel del agua sube. Por eso, incluso aumentando la capacidad del cauce, aunque construyéndose laterales de más altura que, aseguran los técnicos, obligará al agua a mantenerse en su sitio, entre los agricultores, que las han visto y vivido de todos los colores, existe una gran preocupación. Y no por capricho y sí porque durante casi dos años han asistido incrédulos a la actuación de la empresa concesionaria y responsable de la realización de las mejoras que demandaba el río en su recorrido por nuestro término municipal.
Resumiendo: que la situación meteorológica no es precisamente la más adecuada para que las aguas del Guadalquivir vuelvan a su cauce, y que, además, por encontrarse la tierra ahíta y fangosa, lo más probable es que haga más daño que en otras ocasiones. Ojalá nos equivoquemos en nuestras apreciaciones y todo quede en un susto. Ojalá.