viernes, 5 de febrero de 2010

LAS SENTENCIAS JUDICIALES DEBEN SER UN EJEMPLO Y UN AVISO PARA LOS TRANSGRESORES



De los cinco editoriales de esta semana, tres los hemos dedicado a comentarles a ustedes dos sentencias dictadas por el Tribunal Supremo, y hoy, que es la tercera, se la dedicamos a otra sentencia ligada también a los malos tratos, pero en esta ocasión firmada por un tribunal de Jaén. Si las dos primeras resultan ser cuando menos poco entendibles por la opinión pública, y muy especialmente por el colectivo femenino y de las personas sensibilizadas con su problema, la tercera, ligada a este asunto casi por los mismos cordones umbilicales, no conviene que la perdamos de vista por razones muy concretas, sobre todo si la comparamos con otras, y muy especialmente con una de ellas que ha sido motivo de debate en los medios de comunicación. Efectivamente, nos referimos al caso de Antonio Puertas y el profesor Neira, que seguro recuerdan porque ha servido para magnificar la actitud del salvador en contra de la del maltratador, que en el momento de los autos parece, porque su propia novia y el acusado lo niegan rotundamente, que le propinaba una paliza. Este profesor universitario lo ha pasado muy mal y todavía arrastra las dolencias y dificultades físicas propias del coma que le mantuvo en cama por meses, aunque, leído el caso con atención, vemos que la responsabilidad de la pérdida de consciencia del defensor debería recaer en los médicos del centro al que acudió en varias ocasiones y en donde le diagnosticaron varias patologías, pero ninguna ligada con las consecuencias de los golpes recibidos.

Los hechos de la sentencia que ha sido dictada ahora ocurrieron en 2008 en la ciudad de La Carolina y, según el relato de éstos, parece que uno de los chicos, ante el virulento ataque del otro, que resultó ser antiguo novia de la chica a la pegaba, decidió intervenir propinándole una bofetada y un empujón. El agresor fue arrestado por la Guardia Civil mientras el defensor y la chica agredida acudían a la Jefatura de Policía Local de La Carolina para poner la correspondiente denuncia. Aunque los hechos no parecen que admitan duda, nos enfrentamos con una Justicia farragosa por demás, repleta de tecnicismos y puertas a las que acceden exclusivamente los letrados más avezados, y, ante la posibilidad de que el defensor de la chica sea el que tenga que pagar las costas del juicio, con una pésima situación económica, porque está en el paro y no recibe ninguna ayuda, decide llegar a un acuerdo con el tribunal y éste le condena a pagar noventa euros mientras al maltratador le obligan a desarrollar durante un mes trabajos comunitarios.

No entramos ni salimos en si las condenas son las adecuadas, pero sí en la importancia que tiene el mal ejemplo que se da con respecto a la actitud que se espera por parte de hombres y mujeres cuando presencien una situación de violencia como la que vivió este joven. Mientras al profesor Neira se le nombró por parte de la comunidad de Madrid, casi “in articulus mortis”, director del Centro de la Mujer, a este otro se le condena por intervenir para evitar la paliza que le estaba dando en su presencia el antiguo novio de la chica en plena calle. Cuando menos, parece que urge que se pongan de acuerdo en la interpretación de los delitos y evitar que en éstos, cuando de exculpar al infractor se trata, influya en su defensa si estaba nublado el día de autos o lucía el sol o era de noche. La realidad de los hechos es que se estaba produciendo la agresión a una persona, para más señas mujer, y que se trataba de un ex novio cabreado y celoso, además de zafio y peligroso, y que la persona que se encontraba con ella se vio en la obligación de acudir en su ayuda. Y claro, no era cosa de usar sólo buenas palabras; había que imponer el orden y éste casi siempre necesita de algo más que gestos.

Con todos los respetos que exigen y nos merecen los Tribunales de Justicia, cuando de ellos nos llegan actuaciones de este corte, sinceramente no acabamos de entender su papel. En las tres sentencias comentadas en este espacio hemos comprobado la importancia que tienen los detalles antes de llegar a las conclusiones finales, pero también el interés que muestran por agradar a los malos de esta película. Y eso es para preocuparse.