
Como el ser humano es impredecible y sondearlo en busca de coherencia en la que basar sus actuaciones es casi un trabajo inútil, no entraremos a valorar lo que hemos leído esta semana con Innonvandújar de fondo, no sea que responda a un estado de ansiedad incontrolada, pasajero e intrascendente del protagonista, y pequemos por exceso. De hecho, cuando políticamente unas veces y por interés personal en otras, en tantas ocasiones se han usado estos terrenos para hacerse merecer o todo lo contrario, algo deben tener para que sean tantos los que busquen en ellos lo que a todas luces es trabajo baldío. Donde no hay no hay, y por mucho que se empeñen en decirnos lo contrario, la sociedad cada vez se defiende mejor de mensajes interesados. No obstante, lo que nos llama la atención es que casi a diario aparezcan informaciones de variado contenido y también protagonistas, y un único objetivo: defender el trabajo de nuestra primera autoridad, que, a las pruebas nos remitimos, escasea de la misma forma que las oportunidades laborales.
Es cierto que asistimos a un cambio en las formas y también en quienes andan prestos a echar una mano al equipo de gobierno, aunque, eso sí, mientras con una dan, con la otra esperan la recompensa. Y nos extraña porque desde siempre ha sido nuestra sin par plataforma pro-industrialización la que ha enarbolado la bandera de la incompetencia en busca de lugar en donde lavarla con efectivo detergente, que, por cierto, debe ser capaz de sacar el blanco de donde todo es negro, y la tarea no es sencilla. Pero ahí han estado ellas y ellos, fieles a la necesidad, convocando a los medios y recorriendo calles enarbolando pancartas y responsabilizando de todos nuestros males a los socialistas de Andújar y Sevilla, y, de vez en cuando, también a los de Madrid, que algo de culpa deben tener. Es verdad que el tiempo, inexorable cuando de poner a cada cual en su sitio se trata, ha acabado echando abajo el castillo de naipes en el que han basado desde siempre su mensaje. Y es que después de casi siete años al frente de Andújar, para Andújar y por Andújar, algo sí que podían haber hecho. Esto quiere decir que o se cambia el sistema o pocos serán los que participen en la cruzada socialista que proponen cabezas tan portentosas.
Y es que, en contra de cualquier otra opinión, lo evidente es que algunos organismos y el mismo Ayuntamiento han dejado de lado su verdadero e intransferible papel para convertirse casi exclusivamente en agencias de colocación. Lo habitual es que, entre sus exigencias, no pidan el obligatorio currículo repleto de las bondades propias del aspirante ni tampoco se detengan en si tendrá o no capacidad para desenvolverse en el cargo; lo fundamental es quién los envía y dónde militan, y hasta dónde y desde cuándo sus convicciones ideológicas. Más aún: observadas especialmente serán sus aportaciones y hasta dónde serán capaces de llegar cuando las circunstancias lo exijan. Y se entiende, porque para como están los tiempos y la cosa del trabajo, hay que hacerles saber que en cualquier momento pueden necesitar de sus servicios, aunque sólo sea para sostener una pancarta o para alabar en público el inconmensurable trabajo de nuestra primera autoridad. Y si se le añade lo de queridísimo, entonces la cosa alcanza cotas de majestuosidad extraordinarias.
Ya puestos a dar consejos, quizá debiera nuestro alcalde aceptar de buena gana el dado por su defensor cuando decía que Ros Casares no se ha venido a Andújar debido a la crisis o porque no ha querido, porque el terreno lo tiene a su disposición y no es necesario que antes se construya la imprescindible infraestructura, es decir, que también puede darle esta opción a los auto constructores de las viviendas de Vegas de Triana y del Sotillo, que, mientras sí o mientras no, pueden dormir a las puertas de éstas o en el interior, aunque estén sin terminar, y dejarían de quejarse, que deben hacerlo de vicio y no con razones. Lo de Innonvandújar es lo que es, y lo que es peor, sin posibilidad de cambio. Miren, lo diga quien lo diga, mientras se mantenga el sistema de explotación y realización impuesto por el señor alcalde, la viabilidad es imposible. Otra cosa sería que los propietarios de los terrenos encontraran una fórmula de financiación que les permitiera volver a invertir en donde han enterrado ya algunos millones de euros. Por supuesto que se puede seguir mintiendo sin temor a regañina política; en caso necesario, con echar mano de supuestas amistades de renombre se puede salir del atolladero indemne. Y es que los ingenuos y los descolocados los encontramos más en la línea de enfrente que en la de los atrincherados en la Casa Consistorial. La diferencia en la que se basan estos últimos es que han hecho muchos favores o están dispuestos a hacerlos (al fin y al cabo los pagan con el dinero de todos), y eso les permite el lujo de exigir ser defendidos. Y ahí estamos en estos momentos. Pero paciencia: esta guerra acaba de empezar.
Es cierto que asistimos a un cambio en las formas y también en quienes andan prestos a echar una mano al equipo de gobierno, aunque, eso sí, mientras con una dan, con la otra esperan la recompensa. Y nos extraña porque desde siempre ha sido nuestra sin par plataforma pro-industrialización la que ha enarbolado la bandera de la incompetencia en busca de lugar en donde lavarla con efectivo detergente, que, por cierto, debe ser capaz de sacar el blanco de donde todo es negro, y la tarea no es sencilla. Pero ahí han estado ellas y ellos, fieles a la necesidad, convocando a los medios y recorriendo calles enarbolando pancartas y responsabilizando de todos nuestros males a los socialistas de Andújar y Sevilla, y, de vez en cuando, también a los de Madrid, que algo de culpa deben tener. Es verdad que el tiempo, inexorable cuando de poner a cada cual en su sitio se trata, ha acabado echando abajo el castillo de naipes en el que han basado desde siempre su mensaje. Y es que después de casi siete años al frente de Andújar, para Andújar y por Andújar, algo sí que podían haber hecho. Esto quiere decir que o se cambia el sistema o pocos serán los que participen en la cruzada socialista que proponen cabezas tan portentosas.
Y es que, en contra de cualquier otra opinión, lo evidente es que algunos organismos y el mismo Ayuntamiento han dejado de lado su verdadero e intransferible papel para convertirse casi exclusivamente en agencias de colocación. Lo habitual es que, entre sus exigencias, no pidan el obligatorio currículo repleto de las bondades propias del aspirante ni tampoco se detengan en si tendrá o no capacidad para desenvolverse en el cargo; lo fundamental es quién los envía y dónde militan, y hasta dónde y desde cuándo sus convicciones ideológicas. Más aún: observadas especialmente serán sus aportaciones y hasta dónde serán capaces de llegar cuando las circunstancias lo exijan. Y se entiende, porque para como están los tiempos y la cosa del trabajo, hay que hacerles saber que en cualquier momento pueden necesitar de sus servicios, aunque sólo sea para sostener una pancarta o para alabar en público el inconmensurable trabajo de nuestra primera autoridad. Y si se le añade lo de queridísimo, entonces la cosa alcanza cotas de majestuosidad extraordinarias.
Ya puestos a dar consejos, quizá debiera nuestro alcalde aceptar de buena gana el dado por su defensor cuando decía que Ros Casares no se ha venido a Andújar debido a la crisis o porque no ha querido, porque el terreno lo tiene a su disposición y no es necesario que antes se construya la imprescindible infraestructura, es decir, que también puede darle esta opción a los auto constructores de las viviendas de Vegas de Triana y del Sotillo, que, mientras sí o mientras no, pueden dormir a las puertas de éstas o en el interior, aunque estén sin terminar, y dejarían de quejarse, que deben hacerlo de vicio y no con razones. Lo de Innonvandújar es lo que es, y lo que es peor, sin posibilidad de cambio. Miren, lo diga quien lo diga, mientras se mantenga el sistema de explotación y realización impuesto por el señor alcalde, la viabilidad es imposible. Otra cosa sería que los propietarios de los terrenos encontraran una fórmula de financiación que les permitiera volver a invertir en donde han enterrado ya algunos millones de euros. Por supuesto que se puede seguir mintiendo sin temor a regañina política; en caso necesario, con echar mano de supuestas amistades de renombre se puede salir del atolladero indemne. Y es que los ingenuos y los descolocados los encontramos más en la línea de enfrente que en la de los atrincherados en la Casa Consistorial. La diferencia en la que se basan estos últimos es que han hecho muchos favores o están dispuestos a hacerlos (al fin y al cabo los pagan con el dinero de todos), y eso les permite el lujo de exigir ser defendidos. Y ahí estamos en estos momentos. Pero paciencia: esta guerra acaba de empezar.