Aunque para algunos suponga una sorpresa, la mala situación política en la que estamos inmersos preveía lo que en poco tiempo dejará de ser un rumor para tomar carta de naturaleza y presentarse en sociedad con todos los honores y consecuencias. Con esto queremos decirles que un nuevo partido político está a punto de revelar la identidad de las personas que lo han propiciado e integran, y cuáles sus objetivos e intenciones. Lo que sabemos es que lo conforman hombres y mujeres de Andújar y que casi todos provienen del sector empresarial, detalle que, para empezar, lo define y diferencia de los conocidos, además de que, obviamente, su razón de ser se basará en la ciudad y su futuro, algo que, suponemos que a juicio de los integrantes de este nuevo partido político, no han tenido en cuenta las fuerzas políticas que nos han gestionado hasta ahora, o al menos no han sabido mostrárselo a la ciudadanía. Ya ocurrió en la anterior cita electoral con la aparición del partido independiente que concurrió a las elecciones y que consiguió, sin recursos económicos y con poco tiempo para desarrollar su campaña, más de trescientos votos. El que ahora lo haga otro grupo de personas interesadas en intervenir en el devenir de la ciudad, cuando menos servirá para inquietar a los que ya están, detalle que en política puede acabar teniendo más trascendencia de lo que aparenta.Por lo tanto, de mantenerse el proyecto, en poco tiempo pasaremos de las cuatro fuerzas políticas conocidas y representadas en el salón de plenos del Ayuntamiento, es decir, Partido Andalucista, Izquierda Unida, Partido Popular y Partido Socialista, a seis, ya que al que ahora nos referimos se unirá Unión, Progreso y Democracia, que dirige a nivel nacional Rosa Díez, a la que, por cierto, no le van las cosas todo lo bien que desearía. La descalificación que hizo del presidente del Gobierno, del que dijo era, en el sentido peyorativo de la palabra, “gallego”, le ha creado muchos enemigos entre los nacidos y los amantes de esta hermosa tierra, a los que se han unido los compañeros que no están de acuerdo con las directrices que marca en su propio partido, y denuncian que la democracia interna brilla por su ausencia.
Para los que no están de acuerdo con que partidos localistas se presenten a las elecciones, porque entienden que a lo más que llegan es a restar votos útiles, conviene recordarles, primero, su legitimidad, y, segundo, que a veces la incorporación de éstos tiene su origen precisamente en la nefasta actuación de los partidos que ya están o que han estado al frente del Ayuntamiento. Desde ese punto de vista, que se sientan obligados, que para ellas y ellos resulte insufrible ver cómo la ciudad se viene abajo sin que nadie haga nada por evitarlo, no parece que sea algo que no se entienda como necesario. De hecho, los partidos políticos los engrosan ciudadanos que han visto en ellos y su ideología la organización ideal desde la que trabajar a favor de su ciudad o de su barrio. El que otros lo quieran hacer desde la suya no sólo debe entenderse como un justificado acto de desconfianza, sino porque se saben capaces de conseguir sus objetivos por sus propios medios. Por lo tanto, se impone el respeto y la bienvenida a quienes estamos seguros se incorporarán a la política local con ideas y ganas de desarrollarlas. Otra cosa es lo que la ciudadanía entienda que pueden hacer por sus intereses y demandas, pero esta tarea les compete directa y exclusivamente a ellas y ellos, y el resto lo que debemos de hacer es ver, oír y callar, al menos hasta que tengan la oportunidad de expresar públicamente sus planteamientos políticos.
Informativamente, que es la parcela que mejor conocemos, creemos que todo lo nuevo supone una brisa de aire fresco que no debemos desaprovechar, porque estamos convencidos de que aquí cabemos todos y de que no sobra nadie.