
Coincidirán con nosotros en que resulta cuando menos extraño que los empresarios del sector comercio afectados por las obras de las calles en las que están radicados sus negocios, no hayan dicho esta boca es mía durante el año de calvario que han pasado, y lo que les queda, porque Verbena y Veintidós de Julio es evidente que están por acabar. Y luego, como es de esperar, los defectos que aparecerán como consecuencia de su puesta en servicio, algo que lo saben muy bien los residentes que tuvieron la suerte de ser los primeros en disponer de sus calles. Pues bien: nosotros no encontramos más respuesta que la propia que deviene de la situación política en la que se encuentra la propia ciudad, es decir, que si comprueban que las organizaciones y las asociaciones que las representan y, por tanto, están obligadas a manifestar su descontento por la tardanza de algunas y la pobreza con la que se han ejecutado otras, no dicen nada, no se quejan, no amagan con reclamar lo que a todas luces les pertenece, ¿qué pueden hacer ellos? Sin embargo, en cuanto alguien les escucha o tienen la oportunidad de quejarse, no duden que lo hacen y con argumentos de peso.
Y es que cuando se tenía que decidir el inicio de las obras, desde el despacho de la Alcaldía-Presidencia salió la orden de que en vez de en marzo se empezaran en junio. Y así se hizo. Como ya hemos dicho, la romería y la semana santa pesaron lo suyo a la hora de decidir la fecha y, precisamente alegando que no se quería interferir en el desarrollo de éstas, fue junio el mes elegido. Lo que ocurre es que justo hoy estamos a siete días del martes santo y aún no sabemos si las obras estarán finalizadas, lo que les añade una buena dosis de preocupación a los responsables de los recorridos que vienen haciendo desde tiempo inmemorial algunas de nuestras cofradías más importantes, sobre todo en la calle Veintidós de Julio. Es verdad que lo que se percibe desde fuera es que estarán acabadas para el domingo de ramos, pero no acabamos de creerlo después de lo que hemos padecido durante los diez meses transcurridos.
Esto quiere decir que en poco tiempo habremos olvidado el calvario a que nos han sometido nuestros munícipes, y que las mejoras nos permitirán desenvolvernos mejor. En cuanto al apartado calidad y acabados, mejor no entrar, que para eso están los técnicos de las propias empresas y los del Ayuntamiento. Lo que sí queremos es dejar constancia de que no se pueden hacer peor las cosas y de que tiempo han tenido los responsables para subsanar sus propios errores. Todo comenzó con la tala de árboles en el paseo de las Vistillas, salvaje donde las haya, que ahora vemos que no hubiera sido necesaria. A partir de ahí, entre que la meteorología no ayudó en nada y que cada empresa concesionaria iba por su cuenta, sin ningún tipo de ligazón que permitiera el desarrollo dinámico de las intervenciones, lo que pudo ser una actuación controlada en todo momento y no interferir con tanta fuerza en el ir y venir de los vecinos y de los comercios, se convirtió en un caos que ha acabado contribuyendo decisivamente al entorpecimiento general al que han estado sometidas las empresas que han ejecutado las obras en nuestras calles, plazas y jardines.
En cuanto a las razones que ahora alegan los responsables de su ejecución, a nosotros no nos sirven, porque la ciudadanía no tiene por qué vérselas a diario, como ha ocurrido de hecho, con obreros y capataces exigiéndoles explicaciones sobre el por qué de algunas de las decisiones que se tomaban sobre la marcha. Es el Ayuntamiento el que está obligado al seguimiento de éstas, a reclamar en nombre de los ciudadanos respeto y control, y desde luego que es el responsable final del resultado del conjunto. Si nos atenemos a lo vivido estos diez meses, estamos por asegurar que si preguntáramos a la ciudad si estaría dispuesta a vérselas de nuevo con las obras, la respuesta sería un no rotundo y mayoritario. Y es que, como ha ocurrido de toda la vida, de los escarmentados salen los avisados.
Y es que cuando se tenía que decidir el inicio de las obras, desde el despacho de la Alcaldía-Presidencia salió la orden de que en vez de en marzo se empezaran en junio. Y así se hizo. Como ya hemos dicho, la romería y la semana santa pesaron lo suyo a la hora de decidir la fecha y, precisamente alegando que no se quería interferir en el desarrollo de éstas, fue junio el mes elegido. Lo que ocurre es que justo hoy estamos a siete días del martes santo y aún no sabemos si las obras estarán finalizadas, lo que les añade una buena dosis de preocupación a los responsables de los recorridos que vienen haciendo desde tiempo inmemorial algunas de nuestras cofradías más importantes, sobre todo en la calle Veintidós de Julio. Es verdad que lo que se percibe desde fuera es que estarán acabadas para el domingo de ramos, pero no acabamos de creerlo después de lo que hemos padecido durante los diez meses transcurridos.
Esto quiere decir que en poco tiempo habremos olvidado el calvario a que nos han sometido nuestros munícipes, y que las mejoras nos permitirán desenvolvernos mejor. En cuanto al apartado calidad y acabados, mejor no entrar, que para eso están los técnicos de las propias empresas y los del Ayuntamiento. Lo que sí queremos es dejar constancia de que no se pueden hacer peor las cosas y de que tiempo han tenido los responsables para subsanar sus propios errores. Todo comenzó con la tala de árboles en el paseo de las Vistillas, salvaje donde las haya, que ahora vemos que no hubiera sido necesaria. A partir de ahí, entre que la meteorología no ayudó en nada y que cada empresa concesionaria iba por su cuenta, sin ningún tipo de ligazón que permitiera el desarrollo dinámico de las intervenciones, lo que pudo ser una actuación controlada en todo momento y no interferir con tanta fuerza en el ir y venir de los vecinos y de los comercios, se convirtió en un caos que ha acabado contribuyendo decisivamente al entorpecimiento general al que han estado sometidas las empresas que han ejecutado las obras en nuestras calles, plazas y jardines.
En cuanto a las razones que ahora alegan los responsables de su ejecución, a nosotros no nos sirven, porque la ciudadanía no tiene por qué vérselas a diario, como ha ocurrido de hecho, con obreros y capataces exigiéndoles explicaciones sobre el por qué de algunas de las decisiones que se tomaban sobre la marcha. Es el Ayuntamiento el que está obligado al seguimiento de éstas, a reclamar en nombre de los ciudadanos respeto y control, y desde luego que es el responsable final del resultado del conjunto. Si nos atenemos a lo vivido estos diez meses, estamos por asegurar que si preguntáramos a la ciudad si estaría dispuesta a vérselas de nuevo con las obras, la respuesta sería un no rotundo y mayoritario. Y es que, como ha ocurrido de toda la vida, de los escarmentados salen los avisados.