Mañana
es el gran día de la suerte; mañana es una de esas jornadas en las que, desde
primeras horas de la mañana, pocos faltarán a la cita de los bombos que
contienen los números de la suerte. Y como se trata de una convocatoria
compartida por millones de personas, millones serán también las que estén pendientes
de los números que nos irán cantando los niños del colegio de san Ildefonso.
Así viene ocurriendo todos los años y así seguirá siendo hasta que el cuerpo
aguante y nos podamos permitir el lujo de comprar los décimos que demanda este
sorteo para poder participar.
Y
como son tiempos que vienen con urgencia por las necesidades que acumulamos
desde hace años, con millones de personas sufriendo el mal del paro y,
paralelamente, todo lo que se deriva de la falta de dinero, es decir,
desahucios, hipotecas, necesidades mínimas para desenvolverse a diario…, este
tipo de sorteos, como ocurre con los semanales, atraen a personas que necesitan
capitalizarse de manera inmediata para salir del atolladero en el que nos han
metido y del que cada vez nos parece más difícil huir. Sin embargo,
atendiendo a aquello de que el que juega
por necesidad, casi siempre pierde por obligación, lo de hacerse a la idea de
que este año sí que seremos distinguidos con algún premio no está del todo
justificada. De hecho, luego de alardear entre los amigos y la familia de que
tienen un pálpito que les asegura que resultarán agraciados o intuyen que el número
que han comprado lo extraerán del bombo los niños cantores, deja paso a la
resignación y a la conocida frase de que “mientras tenga salud”... Desde luego,
equivocado no andaba el que acabó calificando este sorteo como el de la salud.
Según
Loterías Nacionales, el sorteo de Navidad acapara la mayor inversión de todos
los que se convocan anualmente. Las cifras son millonarias y los inversores no
todos andan con posibilidades para invertir en algo tan etéreo como es un
sorteo con miles de números en juego. Pero así somos, o sea, que para como están
las cosas del trabajo y la economía familiar, aún somos capaces de sacar de
donde no hay para comprarnos un numerito que luego colocaremos junto a la
imagen del santo o la virgen de nuestra devoción para convencerlos de que
necesitamos de su ayuda divina. Y es que alrededor de todo lo que tiene
relación con el azar no faltan las personas convencidas de que todo sirve, de
que cualquier motivo puede acabar premiándoles. Es el caso de Lorca, que este
año ha cumplido a rajatabla la máxima que asegura que allí donde ha ocurrido
una desgracia, y esta ciudad murciana recuerden que sufrió las consecuencias de
un terrible terremoto, es donde caerá el gordo de Navidad. Esto quiere decir
que desde hace meses no queda un décimo ni una participación que llevarse a la
cartera, y que si tuvieran la suerte de ser finalmente los afortunados, no solo
caerían sobre ellos millones de euros para recuperarse del golpe recibido, sino
que formarían parte de la leyenda por años y años.
Los
buscadores de premios, que suelen ser jugadores habituales, gustan de este tipo
de desgracias o hitos históricos sin que por el momento jamás se haya
demostrado que existe relación entre una cosa y otra. Y es precisamente lo
extraño que acarrean estas citas anuales alrededor de la suerte, que parece que
necesiten de desgracias ajenas para que adquiramos lotería en sus administraciones. Debe ser cosa
de la necesidad o del ansia que tienen algunos de ganar dinero con escasa
inversión y con prisa, lo mismo que tampoco faltan los que hacen bueno aquello
de que el dinero llama al dinero, es decir, que como juegan más que el resto de
los mortales porque disponen de dinero para ello, tienen más posibilidades de
conseguir premio. Y así están las cosas. De nuestra parte, que la suerte les
acompañe.
