lunes, 23 de enero de 2012

AUNQUE NOS CUESTE ADMITIRLO, SOMOS UN PAÍS RARO


Los acontecimientos se suceden a nuestro alrededor de forma que no alcanzamos a entenderlos fácilmente. Y las cosas están así porque la mayoría de ellos se producen lejos de nosotros y de nuestros intereses. Si repasan la actualidad de la semana pasada, seguro que anotaron en algún lugar de su mente la muerte de una mujer en la localidad de Los Noguerones, próxima a Alcaudete, por las puñaladas que le propinó su exmarido en plena calle; tampoco faltarán en sus apuntes el atropello mortal sufrido por un matrimonio y la sobrina de éstos, que es la fallecida, en la ciudad de Bailén, precisamente por su propio tío, que quiso de esta manera acabar la discusión que habían iniciado hacía unas horas a causa del sí o el no de la construcción de un palomar en la terraza de la vivienda que compartían. Por otra parte, convencidos estamos que la sentencia absolutoria a la mayoría de los encausados en el caso de Marta del Castillo les habrá llegado al alma; es de suponer, también, que las noticias relacionadas con los acontecimientos ligados a los casos de corrupción, como es el de los trajes del expresidente de la comunidad valenciana, señor Camps; o las andanzas del yerno del rey, que cada día que pasa nos vamos enterando de cómo se les ha apañado para amasar una fortuna de muchos millones de euros; o el de los ERE de la Junta de Andalucía y el caso del “ministro” del Sotillo, ése que se quedó con una subvención de casi un millón de euros y que facilitó a un amigo otros cuatrocientos mil para que se dedicara a criar pollos en la granja que iban a construir; o lo del expresidente de la Diputación de Castellón, señor Fabra, que parece que esta vez se ha encontrado con un juez decidido y se ve ahora obligado a presentar una fianza millonaria si quiere seguir en la calle hasta que el juicio al que deberá enfrentarse decide qué hacer con su destino; o lo del juez Garzón, que está siendo juzgado sin que por el momento nadie conozca la razones por las que se ha sentado en el banquillo de los acusados; o el caso Gürtel, que sigue sin desenredar y que a estas alturas no son pocos los que entienden que al final no pasará nada…

Efectivamente, pensamos lo mismo que ustedes, que somos un país cuando menos raro, en donde es posible cometer cualquier delito siendo conscientes de que, con una buena defensa, no nos pasará nada. Y si no, ahí tienen ustedes lo del caso Malaya, un asunto que atrajo la atención mediática de medio mundo, que hizo entrar y salir de la cárcel a personas de todo pelaje, que se llevó por delante a dos jueces, y que por el momento nadie sabe en qué estado se encuentra la criatura, si a punto de nacer o a la espera de una fecha que le venga bien a la madre, entendiendo a ésta como a la Justicia, que es quien finalmente deberá decidir las responsabilidades de los por el momento imputados. Lo que cualquiera puede extraer de este enorme sumario repleto de sinvergüenzas y mangantes es que España, repetimos, cuando menos es un país raro en el que si eres cauto, si conoces los tiempos de las leyes, si te has leído las últimas sentencias ligadas a los robos de dinero público, si has escuchado el alegato final del expresidente Camps al cierre de su juicio por los trajes, si lo de la prescripción de los delitos te lo has aprendido al pie de la letra, más de la mitad del camino lo has recorrido y estás preparado para quedarte con todo lo que puedas sabiendo de antemano que no te pasará nada. Y eso, lo queramos o no, además de definirnos como un país diferente ante el resto del mundo, es una garantía añadida que para este tipo de personajes es vital para que la consumación de sus delitos acabe olvidada en algún despacho del juzgado en donde se ha visto la causa.

De hecho, de algunos de los acontecimientos a que nos hemos referido en este comentario, muchos de los cuales llevan años siendo analizados por jueces y técnicos, conoceremos las conclusiones judiciales, si es que acaba siendo así, dentro de algunos años; tantos, que ni siquiera recordaremos con exactitud de qué se trataban.