miércoles, 25 de enero de 2012

ESPAÑA NECESITA ALGO MÁS QUE DECISIONES POLÍTICAS

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Los últimos datos económicos aportados por el Banco de España podíamos calificarlos como de muy malos, que es lo mismo que decir que es lo que nos faltaba para que colmara el vaso o que se rompiera el saco de los esfuerzos colectivos. Según su director, este año no conseguiremos cifras positivas en la cuenta de resultados, y, si acaso, el que viene, podíamos aumentarla un cero cinco por ciento, pero que tampoco es seguro, aunque debamos admitir que algo es algo y que una alegría de este corte nunca está de más. A todo esto, faltaban las declaraciones de la actual presidenta del Fondo Monetario Internacional, según la cual, debe aumentarse el fondo económico de la Unión ante un posible rescate de España y de Italia. Y no se quedó ahí, ya que anunció que, de no cambiar la actual situación, es muy probable que el mundo conozca una nueva recesión mundial del tipo de los años treinta. O sea, que en contra de lo que nos dicen nuestros dirigentes, no se trata de una situación que podamos remediar desde dentro y que, por el contrario, será imprescindible que el resto del mundo ponga manos a la obra a favor de un mayor control del dinero.

Mientras tanto, a los españoles se nos ha venido el mundo encima cuando hemos escuchado que aumentan de forma brutal las previsiones del Gobierno con respecto al paro, que anuncia superará los seis millones este mismo año. Naturalmente y como era de esperar, los planteamientos que escuchamos en la calle responden en su mayoría a qué tipo de política se está desarrollando para que las cifras sean a diario peores que las de ayer; qué decisiones están tomando para que el empleo, no ya que se cree, sino para que se detenga. Es muy difícil interpretar con objetividad un asunto que tanta desgracia supone para tal cantidad de españoles y desde luego que entendemos perfectamente que no sean pocos los que duden de la capacidad de nuestros gestores para cuando menos controlar la peligrosa caída que el país ha iniciado y todo indica que con mucha fuerza. Sin embargo, debemos seguir en el convencimiento de que las decisiones que ahora se toman acabarán por cambiar radicalmente la tendencia actual que nos conduce al abismo.

Las idas y venidas de unos y otros en busca de foros a los que convencer y en donde dejar constancia de las medidas que se han tomado y tomarán a favor de un mejor control del gasto, por el momento no han dado el resultado esperado, y parece imprescindible que el acuerdo entre la patronal y los sindicatos para firmar una reforma laboral que guste a todos es imprescindible acudir con ella aprobada allí en donde se cuecen las grandes decisiones económicas. Naturalmente, cuando ésta se consiga, den por sentado que no gustará a nadie, y menos si no llegan a un acuerdo las partes y es el Ejecutivo el que debe implantar sus condiciones laborales, porque serán mucho más drásticas y lesivas para los derechos de los trabajadores y para el empleo. Por otra parte, lo de la credibilidad que afirmaron conseguiría nuestro país en cuanto se pusieran al frente los nuevos gobernantes, por el momento no se ha producido y evidentemente nos lastra de forma considerable en nuestro legítimo afán de iniciar el repunte económico que tanto necesitamos para acallar mercados y especuladores.

Así las cosas, lo mejor es que nos preparemos para lo peor, porque desde luego que la crisis económica que han organizado entre ellos sin contar con nosotros no parece que tenga previsto remitir en poco tiempo. Con solo deducir que sobre nosotros recaerá el gran peso de la sostenibilidad económica del país, nos sentimos abrumados. Pero así será, ya que las decisiones económicas tomadas y en vigor desde hace dos semanas son claras: se sube el IBI, se sube el IRPF, se congelan los salarios (cuando no se rebajan en acuerdos particulares para mantener los puestos de trabajo) y, a otro nivel, aumentan las tasas municipales, los carburantes, etc. Al final va a resultar que cualquiera de nosotros podíamos hacer lo que desarrollan otros y, encima, cobrando millonadas.