jueves, 27 de junio de 2013

ALGUNAS EMPRESAS DE LA COMUNICACIÓN ESTÁN EN SITUACIÓN DE PELIGRO INMINENTE

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El mundo de la publicidad, especialmente el de las grandes cadenas de televisión, está en situación crítica. De hecho, lo confirma el que Tele-5, Antena-3 y LaSexta hayan entrado en pérdidas desde primeros de este año. En el caso de Planeta, que la editorial propietaria de Antena-3 y LaSexta, tiene que refinanciar una deuda de setecientos millones de euros al final del verano y su presupuesto publicitario no cubre ni siquiera el quince por ciento. A todo esto, que es lo mismo que decir que es lo que faltaba a estos grandes grupos, el Gobierno anuncia ya sin remilgos que no tardará en admitir publicidad para la cadena nacional, es decir para La 1 y La 2. Si recuerdan, fue durante la etapa socialista cuando se retiró la publicidad de estos canales y se hizo desde el convencimiento de que la dedicación de una televisión estatal no era precisamente la de competir con las privadas, un caballo de batalla que éstas también mantienen abierto con los canales autonómicos, en los que ven un enemigo directo en la tarta publicitaria. Y tres cuartos de lo mismo ocurre con las cadenas de radio. Para estas empresas de comunicación quedó claro, también con el Gobierno de Rajoy, que esta decisión era una línea roja que no debía traspasarse. Pero ya hemos visto que lo de las líneas rojas o de otros colores no son freno alguno para las decisiones del Ejecutivo, aunque antes juraron y perjuraron que no las superarían. 

Lo que le ha llegado al Gobierno de parte de estos monstruos de la comunicación y el entretenimiento tiene mucho que ver con una guerra declarada, puesto que le han anunciado que se atenga a las consecuencias. Y más si ya conocen la decisión sobre la televisión digital terrestre y el dividendo digital, que está cerrada y que asegura que se cerrarán ocho canales y que se abrirá un nuevo concurso de adjudicación para dos nuevos. También la prensa, y concretamente el grupo Prisa, propietaria, entre otras empresas, del periódico El País y la Cadena Ser, necesita refinanciar su deuda por más de 3.000 millones de euros, una cifra por sí misma escandalosa y que lo primero que se nos ocurre es que debía justificarse ante sus socios, que son los responsables directos de lo que todo indica parece una debacle económica de gran envergadura. Desde siempre, los grandes grupos de comunicación han sido referencia obligada de negocios saneados y rentables hasta que, llegada la crisis y en respuesta a decisiones erróneas y perjudiciales para las empresas, se les ha visto el plumero ideológico y económico. Y esta es la situación de casi todos ellos, porque recordemos que el grupo del diario El Mundo no pasa precisamente por sus mejores momentos. O que ABC estuvo, y no sabemos si lo seguirá estando, en venta. Se han cerrado diarios, revistas, emisoras de radio y televisión, especialmente de las llamadas locales y municipales, ante la imposibilidad de seguir inyectándoles dinero público. 

La publicidad escasea y las ideas le van a la par. La situación del dial radiofónico en estos momentos es de una oferta estatal, es decir, que pongas las emisora que pongas, será la misma que escuchan en cualquier punto del país, la misma voz, los mismos mensajes y las mismas intenciones, o sea, hacer una radio impersonal, vacía de contenidos, basada en una locución de escasos recursos verbales, mucha tecnología y poco más. Naturalmente, el menosprecio que se hace a los oyentes es manifiesto, entre otras razones porque se olvidan de lo suyo, de lo que le interesa, de su ciudad, de sus necesidades personales y colectivas. Por lo tanto, quizá la razón de una situación peligrosa sobre todo por la cantidad de puestos de trabajo que están en peligro, resida en una evidente mala gestión de los dirigentes. Por eso estamos convencidos de que también este tipo de desarreglos empresariales debían ser controlados antes de que no sea posible la vuelta atrás.