En general, echamos de menos los toldos que cubren en esta
época del año algunas de las calles peatonales del centro de la ciudad. El
calor ha llegado casi sin avisar y suponemos que esta será la razón que
esgrimirá la Concejalía responsable para decidir la orden para hacerlo y el que
hasta hoy no se haya decidido. De manera especial, el empresariado ha sido el
que más se ha extrañado y el que más quejas ha hecho llegar hasta donde ha
podido, mostrando su desacuerdo con lo que entiende se trata de una situación
de difícil justificación porque, entre otras razones, son unos días solo los
que invierten los operarios en esta tarea. Y, lo que son las cosas, o bien es
la costumbre o la manía que tenemos de criticarlo todo, que en su momento,
cuando aparecieron estas personas esgrimiendo taladros y tornillos y que les
sirvieron para horadar las paredes de los edificios, pudimos escuchar de todo.
Luego, cuando comprobamos a qué se destinaban, tampoco crean ustedes que el
aplauso fue generalizado. Al contrario, los desencuentros fueron la norma y el
rechazo casi unánime. Sin embargo, como este tipo de situaciones hay que
valorarlas a medio plazo, no tardamos en darnos cuenta de que no solo enfriaban
las calles, sino que ofrecían un aspecto de ciudad moderna, bien equipada y
que, además, se había conseguido reducir la temperatura ambiental unos grados.
Por lo tanto, todos contentos.
De hecho, como hemos podido comprobar, no había llegado el
verano cuando se iniciaron los comentarios a favor de su colocación. Hoy es ya
un clamor y lo que nos extraña realmente es que no se haya decidido por parte
del Ayuntamiento. De momento, la temperatura ha alcanzado niveles del mismísimo
verano; es decir, que el primer paso para que los toldos dificulten los rayos
solares en estas vías comerciales ya está dado. La información que emana del
comerciante viene a confirmar el descontento generalizado del sector, que a su
vez es el altavoz de sus clientes, a los que no les pueden informar
adecuadamente. En realidad, el interés de la concejalía responsable está más
que justificado, pero no siempre las situaciones o las decisiones se pueden
solventar de la noche a la mañana. Y no otra cosa ha sucedido en esta ocasión,
puesto que sabemos que el calor no se esperaba tan de repente y que, por si
faltaba poco, una semana antes de la llegada oficial de esta estación la
temperatura no hacía presagiar nada bueno. Es más, los malos augurios de cómo
sería este verano con respecto al calor anunciaban que bajarían las
temperaturas de forma drástica. Con estos datos, y con otras tareas que cubrir,
entenderán que hasta ahora no se haya podido atender lo que por otra parte es
muy necesario.
Las ciudades y sus vecinos demandan de forma continuada equipamientos
de todo tipo que les permitan disfrutar al aire libre de lo que es suyo y los
gobiernos municipales, conscientes de sus ineludibles obligaciones, hacen todo
lo posible por cubrir estas necesidades. Cuando no es posible, aunque no
conozcamos las razones, nada mejor que confiar en que los inconvenientes habrán
sido muchos y que en ellos radica el que no se haya podido atender sus
demandas. Hacerlo criticando sin control, con crudeza y de malas maneras es
algo que no debe responder ni a las formas ni al sentir generalizado de la
ciudadanía. Además de mostrar una imagen impropia de personas civilizadas,
forzamos una situación que de ninguna de las maneras puede entenderse como
respuesta municipal a determinados problemas malamente planteados o intencionados.
Estamos convencidos de que las ciudades mejoran
fundamentalmente porque los ciudadanos lo quieren, y para eso nada mejor que
echar una mano en asuntos tan elementales y fáciles de realizar como es
ensuciar menos, usar el equipamiento urbano de manera adecuada y cuidadosa,
evitar que los parques y jardines sean los basureros de nuestras mascotas, usar
racionalmente el espacio que se dedica al aparcamiento de vehículos en las
calles, participar activamente el reducir el ruido que proviene de nuestras viviendas,
etc., etc. Y luego, si de verdad aceptamos de buena gana estos esfuerzos
colectivos, quizá estemos más legitimados para exigir que se nos atienda cuando
lo necesitemos.
