miércoles, 12 de junio de 2013

LA LEY DE EDUCACIÓN Y LA PROBLEMÁTICA SOCIAL QUE HA GENERADO

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De entre los asuntos más cotizados entre la opinión pública, sin duda que la educación alcanza en estos momentos los niveles más altos que le hemos conocido, porque es verdad que todo lo que tiene que ver con la educación siempre ha sido cuestionado por los bandos políticos definidos de nuestro país, pero nunca ha sido tan rechazado como lo está siendo desde que el ministro del ramo la puso en circulación. De entre las manifiestas discrepancias que han surgido de manera inmediata, y creemos que legítimas, las becas. Y ha sido así porque nunca habían sido objetivo del Estado las personas, especialmente los jóvenes, que disfrutaban, no sin poder demostrarlo exhaustivamente, de una beca de estudios, que hasta ahora podía llegar hasta los seis mil euros al año y que la nueva ley de educación la deja en solo tres mil. En cuanto a las exigencias, el aumento del control y la aportación de documentación que el solicitante debe hacer para conseguirla es acompañada de las notas de los diferentes cursos si quiere mantenerla todo el curso, detalle que entendemos como imprescindible y que nunca debió autorizarse la permisividad con la que estos últimos años era valorada si de verdad lo que se persigue es echar una mano a aquellos estudiantes que, sin posibilidades económicas pero sí cargados de razones, deseaban acabar sus estudios.


Por supuesto, hemos tenido oportunidad de escuchar infinidad de calificativos alrededor de esta nueva ley, desde que no tiene justificación hasta que es sexista, pasando por clasista, partidista e incluso anti educativa. Desde el primer borrador de septiembre del año pasado hasta la segunda versión, que la conocimos en diciembre, nunca ha tenido buenas críticas. Y lo confirma el hecho de que a estar en contra se posicionaron alumnos, padres y profesores, a los que debemos añadir partidos políticos de todos los rangos. Algunas críticas a este proyecto hablan de segregación porque se anticipan los itinerarios formativos hacia la formación profesional, algo que resulta difícil de entender si tenemos en cuenta que  el Gobierno dice que lo que persigue con este nuevo texto es defender que no haya discriminación mayor que dejar fuera de juego y con consecuencias para su futuro a más de la cuarta parte del alumnado que entra en el sistema y fracasa por no haber podido acceder antes a esta opción educativa. Enfrente, las asociaciones se oponen a la segregación porque aseguran que con los llamados programas de mejora del aprendizaje y el rendimiento en segundo y tercero de la ESO, se agruparán alumnos con dificultades, que recibirán contenidos devaluados. Sin embargo, otra de las polémicas  de la reforma es, con diferencia, la separación de los alumnos por sexo. La Ley Wert prorroga los conciertos a los centros que segregan al alumnado por sexo a pesar de las recientes sentencias del Supremo en sentido contrario. El ministro lo justifica afirmando que la educación diferenciada en España representa únicamente el uno por ciento de la oferta del sistema educativo.

De acuerdo con el contenido del texto, a partir de ahora debemos aceptar que la educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y el nivel de prosperidad de un país, por lo que su nivel educativo determina la capacidad de competir con éxito en la arena internacional y de afrontar los desafíos que se planteen en el futuro. Las asociaciones contrarias a la nueva legislación, por su parte, defienden que la aplicación de la Ley Wert pone en peligro todas aquellas áreas de conocimiento no presentes en los rankings de la OCDE, entre ellas la historia, la filosofía, la literatura, la música, las artes plásticas o la educación física, así como todos los aprendizajes tan difícilmente evaluables en una prueba de papel y lápiz. En definitiva, que nadie está de acuerdo con la nueva ley y que los grandes perjudicados o todo lo contrario será el alumnado, que por el momento se ha prodigado muy poco.