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De acuerdo con las encuestas que se
desarrollan estos días, ligadas todas a si disfrutaremos o no este año de
vacaciones fuera de nuestra residencia habitual, es decir, de si contrataremos
los servicios de un hotel o un apartamento para pasar unos días en la playa o
la sierra, los datos que se acumulan desde luego que no son nada halagüeños
para quienes sus negocios se nutren precisamente del descanso de los demás. Y
es que los malos tiempos duran ya demasiado y no son pocos los que andan
todavía con la preocupación de si volverán aquellos en los que todo era más
sencillo y que irse de vacaciones formaba parte de una ineludible obligación
familiar. No obstante, los habituales viajeros de temporada, especialmente los
que poseen un apartamento o un piso en el que descansar este período, está
claro que la decisión la tienen tomada y que su preocupación se basa en si
podrán o no salir de vez en cuando en busca del plato de moda o tradicional de
la zona en la que se encuentran.
Así, mientras unos cuentan con un
pisito en plena costa, porque en su momento decidieron adquirir una propiedad
en el lugar que les gustaba y que el precio y la oportunidad les echaron una
mano, además del banco que puso el dinero, el resto de mortales andamos contando y recontando los pocos euros con los
que contamos para poder llegar a final de mes. Como les decimos, la encuesta
realizada entre unos cuantos miles de españoles, parece que salva a nuestra
comunidad, que también este año ha sido elegida mayoritariamente por el turismo
extranjero, que sigue confiando en lo que Andalucía casi le asegura, que es el
sol, el buen ambiente, unas playas y unas sierras magníficas y una gastronomía
claramente diferenciada del resto del país. En cuanto a los paisanos, tampoco
parece que vayan a faltar muchos, porque los encuestadores afirman que perciben
una orientación clara hacia las ciudades costeras más conocidas.
Mientras tanto, ya se sabe:
incertidumbre por el futuro más inmediato, por las necesidades más perentorias
por cubrir, por el puesto de trabajo que peligra cada día más, por la dirección
que tomarán los ahora pequeños de la casa con respecto a los estudios, etc. Nos
encontramos como si nuestra propia casa estuviera por distribuir, por colocarlo
todo en el sitio elegido, como si andáramos de mudanza y los enseres estuvieran
por medio en las habitaciones a la espera de un alma caritativa que los pusiera
en el lugar que les corresponde. Y, claro, esta inestabilidad y miedo a lo que
tenga que venir influye decisivamente en
el empujoncito que necesitamos para plantarle cara a los malos tiempos y
convencernos de que este año también tendremos vacaciones. De hecho, de
nosotros dependen miles de puestos de trabajo, porque recordemos que el
turista, venga de donde venga, mueve el negocio de la hostelería, uno de los
más punteros de nuestro país y, con diferencia, el que más factura en menos
tiempo.
A todo esto, ¿es que no nos
merecemos, luego de un año completo de trabajo a martillo, un período
vacacional del que podamos, no solo presumir, sino ánimo y coraje para el resto
del año? ¿Tan mal nos van a ir las cosas que no podamos permitirnos el lujo de
disfrutar con la familia de un lugar en el que poder dejar volar la imaginación
y convencernos de que los buenos tiempos que anuncian insistentemente los
políticos están de verdad a punto de llegar? Nosotros creemos que sí, que si
decidimos embarcarnos en un descanso alejado de la rutina, desde luego que
beneficios sí que vamos a obtener. Y luego, que sea lo que Dios quiera, que es
como nuestros abuelos solían terminar sus conversaciones luego de una decisión arriesgada. Pues eso, que la
Providencia nos eche una mano mientras nosotros disfrutamos de las vacaciones
que nos merecemos.