Definitivamente, nos despedimos hasta el mes de septiembre,
justo después de la feria de san Eufrasio. Se lo adelantábamos el pasado lunes
y cumplimos con nuestra palabra. A partir de ahora, Fuente Sorda descansará
como cualquiera que necesite las vacaciones estivales para recuperar fuerzas. Y
como los viernes solemos aprovecharlos para centrar nuestro comentario en el
coche y la carretera, en esta ocasión con más justificación, puesto que julio y
agosto son los meses en los que más vehículos se desplazan por todo el
territorio nacional. De hecho, son millones los que lo hacen y por tanto
millones las posibilidades de que algunos de ellos se vean involucrados en un
accidente de consecuencias imprevisibles. Desgraciadamente, viene ocurriendo
así desde hace años y mucho nos tememos que éste no será muy diferente, es
decir, que volveremos a asistir, y ojalá que siempre los podamos observar desde
lejos y no siendo los protagonistas, a un cúmulo de inconsecuencias firmadas
por usuarios incapaces de aceptar que no circulamos solos, que las velocidades
máximas en algunos tramos han sido valoradas previamente por técnicos y que los
excesos se suelen pagar siempre. Y algunos con la vida, que es lo terrible.
Así, recordar en todo momento la importancia y la
obligación que tenemos de aceptar la realidad del tráfico, supone una acertada
visión de lo que ve por delante y en sus laterales. Es posible que no lo crean
y entiendan que se trata de una interpretación errónea por nuestra parte, pero
entendemos que un conductor consciente de lo importante que es en todo momento
su actuación durante el recorrido, disfrutará de un nivel de seguridad superior
a quien no respete ni las normas ni al resto de usuarios. Será tal el número de
vehículos en la calzada, tanta la prisa de algunos, que solo faltará que
alguien se crea con todos los derechos y preferencias para que se concentren
todas las posibilidades habidas y por haber para que el accidente se produzca.
Deberíamos de entender, con permiso, que en vacaciones, con tiempo por delante
para vivirlas con la familia, las prisas no son precisamente justificables,
porque al fin y a la postre, como mucho, se trataría de perder algo del tiempo
que hayamos previsto para la llegada al punto de destino.
Y otra cosa, decídase a revisar su vehículo antes de iniciar
el viaje. Recuerde que en el lugar de su descanso los talleres son unos
desconocidos y que sus servicios, aunque estén controlados por una tarifa
estándar, pueden ser sensiblemente superiores. Además, el valor añadido de la
reparación o del cambio de aceite o de cualquier otra operación en el vehículo
se queda entre nosotros, que buena falta nos hace. La tranquilidad que nos ofrece que haya sido
nuestro mecánico de siempre el que lo ha revisado y puesto a punto, no solo nos
va a suponer seguridad, sino una factura muy inferior a la que nos extenderían
en otra ciudad. Es posible que nos tachen de exagerados, pero pongan algo de
atención durante el viaje y verán cómo no serán pocos los vehículos que se
encontrarán en el camino detenidos a la espera de la llegada de la grúa que los
trasladará al taller más próximo. Porque nos puede ocurrir a nosotros y porque
nunca está de más, consulte con su aseguradora qué debe hacer en caso de verse
en la situación que les comentamos, porque lo que no deberán hacer nunca es
contratar una grúa particular que no dependa de su seguro. Lo más probable es
que quieran cobrarle el servicio multiplicado por cinco y la única forma segura
de evitarlo es ponerse en contacto con quienes, entre sus obligaciones, tienen
la de proporcionarle este servicio, si lo tienen contratado, naturalmente. Por
cierto, algunas tarjetas de crédito extendidas por los bancos ofrecen también
este servicio. Consultarlo con tiempo nos evitará un contratiempo.
Y ahora, felices vacaciones. Hasta septiembre. Les
echaremos mucho de menos.
