Como habrán podido comprobar, el traslado de la Virgen de la Cabeza hasta Jaén y su posterior regreso al santuario, sigue dando que hablar. Para unos, porque la distribución de tareas, es decir, el compartir responsabilidades, no se hizo como se debió; para otros, éstos más escuetos y suponemos que más interesados, que todo ha salido rematadamente mal. Afortunadamente, no faltan los que entienden que ha sido un trabajo intenso y muy complicado, que ha exigido de todas y todos los implicados dedicación exclusiva. A nosotros nos parecen todos las opiniones loables y constructivas, aunque algunas no tengan por dónde cogerse. Sobre todo, porque mucho antes de que llegara el momento del desplazamiento hasta la capital, meses antes, desde la cofradía matriz se pedía a gritos ayuda a todas las personas de buena fe que quisieran echarles una mano, y, aunque acudieron en número importante, ha sido evidente que han faltado muchas más. Por otro lado, no está bien lo de valorar a toro pasado.Lo que sí parece, o al menos eso es lo que se desprende de algunas de las opiniones que hemos detectado estos días, es que la cofradía no se quedará huérfana de presidente y de junta directiva, porque no faltan los que preguntan insistentemente por la convocatoria de elecciones. Y eso está bien, porque sólo desde puestos de responsabilidad es posible trabajar con éxito por la mejora de la imagen de la patrona en todos los sentidos. Eso sí, fundamental será para la vida de la cofradía, y más aún para estabilizar su imagen de cara al resto de cofradías, que todas las partes que tengan algo que decir, desde el obispado hasta el último cofrade, lo expresen en el lugar adecuado, allí donde se decide el devenir de la entidad y de donde no debían salir trapos que no hubieran sido lavados convenientemente. Legítimo es que entre los cofrades existan diferencias de interpretación de los acontecimientos, lo mismo que lo es también que la cofradía, ante la ausencia de quienes pudieron aportar ideas y esfuerzos y no quisieron, desarrollar el programa de trabajo que entre todos los que participaron trazaron con el único objetivo, y de eso estamos seguros, de que la Virgen de la Cabeza fuera lo más compartida posible por sus fieles.
Los que en ningún momento participaron de esta idea, porque lo de compartir a la patrona con otras ciudades no lo llevan nada bien, ha sido ahora cuando han querido expresar sus opiniones y cuando han dejado caer alguna que otra aseveración que no habla precisamente bien de ellas, ni por el fondo ni por la forma. Fundamentalmente porque debemos recordar a quienes no acaban de interpretar bien el papel que juega la patrona de la diócesis en todo esto, que la Virgen de la Cabeza, por ser la Madre de toda la provincia, se debe a cualquier ciudad que la reclame para ensalzarla y adorarla, independientemente de que luego la realidad sea mucho más complicada. Por lo tanto, antes de atrincherar a la imagen en el santuario y, como mucho, que se desplace exclusivamente a Andújar, debíamos de conocer esta realidad y, al tiempo, reconocer que toda la provincia está bajo su advocación.
Como hemos dicho, han sido unos días duros para los integrantes de la cofradía, que han visto cómo algunas de las valoraciones que han hecho ustedes sobre la visita de la patrona a la capital, han sido desproporcionadas, egoístas e injustificadas. A nosotros nos ha extrañado enormemente el hecho de que algunos incluso han llegado al insulto y al menosprecio público con nombres propios incluidos, como si ellas y ellos estuvieran en posesión de la verdad. Es más, algo debe estar fallando entre quienes anuncian apasionados amores hacia la Morenita, porque el verbo que utilizan y las palabras soeces que lo acompañan desde luego que nada tiene que ver con lo que patrocina la Madre de todos, y que no es precisamente odio, rencor y malos modos, sino amor sin fronteras y sin condiciones.