lunes, 28 de noviembre de 2016

EMPLEOS TEMPORALES EN ALZA

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Aceptar que, aunque desigual e injustamente, estamos saliendo de la crisis que en el año 2007 pusieron en marcha los mismos de siempre, quizás porque veían que la clase obrera prosperaba con demasiada prisa, creemos que no es nada desproporcionado, pero tendremos que aceptar la opinión de quienes nos escuchen o lean porque la realidad cada uno la relata según le va. Por lo tanto, teniendo en cuenta las cifras de pobreza real que estos días nos llegan, alegrarse de que a algunos les vaya mejor que a otros es un detalle opcional que no todos están dispuestos a compartir. Y se entiende también que sea así porque de por medio, en el absoluto caos en el que se desenvuelve el mercado de trabajo, encontramos todo tipo de historias de miseria y pobreza que echan abajo la estrategia de algunos de nuestros políticos, que tienen como fin convencernos de que ya estamos fuera de los años negros que nos han hecho vivir y que todo va a mejorar en poco tiempo. Ojalá fuera así, aunque no debemos esperar nada de quienes, por activa y pasiva, han participado directamente en hundir al mundo laboral hasta profundidades desconocidas. Si ahora consiguen remontar su propia crisis, mejor para todos, pero que sepan que sabemos que habrán conseguido restablecer lo que ellos y nadie más que ellos ayudaron a crear.

Lo que sí nos alegra sinceramente es el hecho de que, obligados como están los miles y miles de empresarios que viven específica o mayoritariamente de las ventas navideñas, generarán de aquí a enero más de un millón de empleos. Que sí, que ya sabemos de qué tipo de puestos de trabajo se trata, es decir, por tiempo limitado, de un sueldo mísero, de una Seguridad Social mínima, con muchas horas por desarrollar y de escaso aprendizaje para el recién llegado, pero tal y como está la situación, algo es algo. De hecho, cuando preguntamos entre los que han conseguido un empleo para estos días de compras masivas, lo primero que observamos y nos dicen es que, por fin, tienen un trabajo y que están deseando que llegue el día en que puedan desempeñarlo. Lo que sí saben estos recién llegados al mercado laboral, convencidos de que un buen comportamiento, mostrar dedicación desde el primer día, no tener en cuenta los esfuerzos que tendrán que hacer y aprender en dos o tres jornadas, cuál es su tarea y, sobre todo, aprenderse rápidamente lo que a su jefe le interesa, puede serles de mucha utilidad por si finalmente el empresario se ve en la necesidad de incorporar a alguno de los nuevos y ellos pueden ser la mejor opción.


Por supuesto, sabemos que los que se aprovecharán y mostrarán su infinita satisfacción serán los de siempre, o sea, los mismos que nos metieron en el agujero negro en el que nos encontramos, que sacarán pecho, aprovecharán micrófonos y cámaras y se arrogarán cualquier esfuerzo realizado por el mundo empresarial, asegurando que el éxito se debe a ellos y a sus políticas sociales. Luego, como siempre, el tiempo nos devolverá a la realidad y la situación recuperará su oscuridad para quienes vieron la luz uno o dos meses. Por cierto, que no faltarán los que solo disfruten de horas de trabajo; sí, porque la hostelería contrata a los empleados por este tiempo sencillamente porque los necesita exclusivamente para los servicios de cenas y comidas familiares o de empresas. Esta es la verdad, aunque solo sea en parte, porque les podemos asegurar que hemos incorporado a nuestro comentario de hoy dos ejemplos que pueden servirnos como referencia para interpretar correctamente al resto. Aplicarse al trabajo que nos consigan es lo mismo que agarrarse a un clavo ardiendo para miles de chicos y chicas que disfrutarán de su primer empleo por cuenta ajena. Suerte para todas y todos. Desde luego, merecido sí que lo tienen.         

viernes, 25 de noviembre de 2016

¿TIENE USTED ASEGURADO SU VEHÍCULO?

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Lo primero que debemos aceptar es que las aseguradoras, todas, son empresas muy alejadas de la asistencia social o cualquier otra dedicación ligada a la solidaridad. Muy al contrario, se trata de empresas de enorme potencial económico y largos tentáculos que están presentes en infinidad de mercados en donde el dinero es lo que importa y que se dedican a ganarlo a espuertas. Naturalmente, la legalidad controla sus actuaciones y están sujetas, como no podía ser de otra forma, a las leyes en vigor. No obstante, es evidente que ante un complicado siniestro de costo importante, si pueden escurrir el bulto, que nadie dude que lo harán, porque sus obligaciones tienen un límite que no siempre conocemos bien y que, sin embargo, se hacen constar en las pólizas que firmamos y que solo conoceremos si tenemos la mala suerte de generar un parte de accidente, que es cuando de verdad tomamos conciencia de qué tipo de seguro contratamos y cuáles son realmente las coberturas que nos ofrecen. Llegados este punto, convencerles de que se abstengan de lo excesivamente barato y opten por una compañía que huya de sofisticados formulismos y aporte textos fáciles de interpretar, parece que debía ser la mejor elección. Es el caso de las empresas que operan por completo en Internet, esas que no ves la cara de ningún responsable justo cuando más falta te hace, y que te dan de baja en cuanto te excedes informando de un accidente.

Los costes de operatividad de estas empresas, que debe ser enorme, son la causa de que hayan ido eliminando oficinas o sucursales en muchas ciudades y que Internet se haya convertido en una nueva máquina de generar dinero. Las que mantienen su imagen y la oficina física abierta siguen siendo las más elegidas, aunque es verdad que los costos de ellas deben repartirse en su facturación y este detalle a veces es más que suficiente para que el cliente se decida por ofertas más baratas. En el mercado nos encontramos con todo tipo de frases publicitarias y todas con el mismo objetivo: captar clientes. Unas, porque te suben el seguro (a veces sin previo aviso y de manera abusiva) y te invitan a unirte a ellos; otras, porque las coberturas llegan casi hasta el infinito; y no faltan las que te geolocalizan allá donde se te haya ocurrido irte solo o con los tuyos. Tampoco echamos de menos las que aseguran que su seguro a todo riesgo te sale más barato que uno a terceros; lo mismo que también las que te exigen despertar y cambiarte a su oferta. Ocurre que luego, en realidad, la diferencia es más bien poca y, en la práctica, lo importante es que no cometas errores si no quieres verte envuelto en un maremágnum de detalles que te marearán y te complicarán la existencia.


Lo que sí debemos aceptar justo en el momento en el que adquirimos el vehículo es que sin seguro no podemos circular. Primero, porque está prohibido hacerlo como mínimo con el obligatorio; segundo, porque nos jugamos nuestro patrimonio, porque un accidente sin seguro nos puede salir por un ojo de la cara. Y luego, claro, lo de la solidaridad, porque es un hecho que hoy, cuando recibes un golpe, lo primero se te ocurre es rogar que tenga seguro; entre insolventes, caraduras y frívolos, lo que sabemos es que casi la mitad de los vehículos que circulan a nuestro lado lo hacen sin la correspondiente cobertura que proporciona un seguro. Claro que si sumamos a este importante detalle que otros tantos lo hacen sin haber pasado por la ITV, con unos neumáticos en muy mal estado, con el equipo óptico a medio gas y otras lindezas conocidas, la verdad es que la mejor decisión es no salir a la carretera. Pero eso será motivo de otro comentario.      

jueves, 24 de noviembre de 2016

DÍA INTERNACIONAL DE LA ELIMINACIÓN DE LA VIOLENCIA HACIA LA MUJER

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Cada día que pasa estamos más convencidos de que las personas en las que el Gobierno ha delegado el control, desarrollo y vigilancia de la ley en vigor contra la violencia hacia las mujeres, la tarea les viene larga. No acaban de dignificar a la protagonista de toda ella, no controlan su articulado y desde luego que se ven impotentes para evitar la sangría de tantas muertes inútiles que conocemos casi a diario. Así, entre que no faltan en este circo mediático los que están en contra de las sentencias que recaen sobre los maltratadores alegando que muchas de ellas responden a denuncias falsas, que en los juzgados no se toman las medidas que entendemos evitarían de algún modo el auge que se registra y que no se ha elegido al personal idóneo para enfrentarse a la realidad de la violencia hacia la mujer, tampoco debería extrañarnos llegar la cifra de fallecidas que alcanzamos anualmente; por el momento, a día de hoy, treinta y siete son las que podemos encontrar en los cementerios. Detrás, como todo el mundo sabe, una problemática añadida de huérfanos de madre que a partir de ahora vivirán su personal calvario y que quedarán marcados de por vida. Esta es la otra historia, la que se olvida a los dos días y para la que nuestros gobernantes (los que se han ido, los que están y los que vendrán) aún no han sido capaces de encontrar soluciones. De hecho, ni siquiera lo han sido para proteger a la maltratada, porque es verdad que se les invita a la denuncia, a ellas, a sus familias y a sus vecinos, pero luego qué… Casas de acogida, sentencias de alejamiento… ¿Y cómo consiguen, por ejemplo, el dinero que les permita vivir con dignidad, porque recordemos que la gran mayoría han sido dependientes del sueldo del marido y cuando deciden la separación no cuentan con un trabajo digno con el que poder sacar a su familia adelante?

Demasiados huecos que rellenar y no menos decisiones que tomar para obtener los recursos administrativos necesarios que permitieran a las mujeres y su prole desenvolverse sin más problemas que los que propios de quien se ha separado de un hombre que era una bestia con ojos y con una gran capacidad para hacerle daño. A estas alturas de la función, aún se buscan soluciones policiales que de alguna forma controlen la cotidianidad de las víctimas, como si no supiéramos que la falta de agentes para esta dedicación es un hecho real que se paliaría si por fin su número se ajustara a las necesidades reales. En cuanto a las sentencias, admitiendo que no conocemos nada del funcionamiento judicial y aceptando que las sentencias no pueden ser ejemplarizantes y sí solo justas, pocas son las que calman los ánimos de las mujeres maltratadas. De hecho, todas, absolutamente todas, temen la salida del exesposo encarcelado porque saben que irán a por ellas, porque están convencidas de que volcarán sobre ellas y su descendencia todo su odio y rencor. Ni idea de cómo solucionar o al menos controlar una situación tan peligrosa y controvertida, pero sí que sería exigible una implicación más real de toda la sociedad a favor de una mayor visibilidad del problema. Menos interés por empoderar a las mujeres y más inversiones económicas que les permitan vivir en paz; menos discriminación positiva y más carne en el asador cuando de condenar al maltratador se trata.


En diez años, como si tal cosa, y encima con unos cuantos empeñados en conseguir su objetivo de enmarañar la realidad asegurando que muchas de las denuncias son falsas, más de seiscientas mujeres han sido asesinadas por su descerebrado marido o compañero. Que sí, que existen circunstancias que pueden influir en la intencionalidad del excompañero, como la que vive observando cómo su exmujer convive con otro hombre mientras él tiene que mantener a su descendencia y pagar la hipoteca del piso que se le ha adjudicado exclusivamente a ella, pero ni por esas podrá justificar el asesinato. Existen infinidad de salidas para este tipo de situaciones injustas, y desde luego que todo pasa por llevar el problema a la educación básica. Si no preparamos a los que vienen detrás para enfrentarse a situaciones de este o parecido corte, el aumento de las muertes seguirá siendo noticia.       

miércoles, 23 de noviembre de 2016

ACOSO ESCOLAR

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El acoso escolar ha dejado de ser un fenómeno aislado para pasar a categoría de estrella en solo unos años. Antes, por escasos e irrelevantes, se limitaban a menosprecios verbales y algún que otro empujón; hoy, todo lo contrario e incluso las gravan con el objetivo de exponerlas públicamente y así conseguir un mayor agravio para el alumno apaleado. Y vemos que no existen géneros, porque las chicas por un lado y los chicos por otro se enzarzan en peleas que son capaces de llevar hasta sus últimas consecuencias. Aunque afortunadamente han sido pocos, no faltan en este escenario los jóvenes que no pudieron soportar la presión a la que estaban sometidos por sus compañeros de clase y se quitaron la vida. Las misivas o cartas que dejaron a sus familiares justificando su drástica decisión fueron testamentos sangrantes repletos de bofetones, puñetazos, menosprecios variados, vejaciones públicas y otras lindezas ejercidas por seres menores con una gran capacidad para el odio y la sangre. Con solo imaginarse el dolor de la familia que perdió a uno de sus integrantes por el hecho de que se cruzara en el camino de unos maleantes que ni siquiera merecían el esfuerzo realizado al unísono por los centros y su profesorado, por su familia y por las Administraciones que corren con sus gastos de educación, las valoraciones que podamos hacer siempre quedarán escasas de contenido. Debe ser el tanto el dolor y la impotencia en la que estarán obligados a desenvolverse a lo largo de sus vidas, que dudamos justificadamente que puedan conseguir calmarlos algún día y vivir en paz con su memoria.

Pero esta es la realidad y a ella debemos enfrentarnos si de verdad queremos poner coto a tanta desproporción y a tanto dolor gratuito. La figura del matón en el colegio siempre ha existido y mucho nos tememos que se mantendrá por los siglos de los siglos, pero lo de asumirlo y querer integrarlo donde es evidente que representa un peligro para el resto del alumnado, nos parece una decisión que, como vemos casi a diario, tiene un costo muy peligroso para toda la comunidad. Si se tuviera en cuenta a los profesores cuando informan de lo que ven a diario y se tomaran decisiones sobre si un determinado miembro del centro no merece convivir con los demás por razones justificadas, desde luego que otra sería la vida del colegio o el instituto y otro el futuro de los menores. Integrar a las familias en las asociaciones de padres y que sus decisiones, una vez informadas de las necesidades de los centros y de su realidad, sean decisivas para el futuro de algún o algunos alumnos conflictivos no solo debería ser respaldado por el resto, sino por la Administración responsable. Mientras al profesorado no se le confiera el poder perdido, mientras al tutor o a los padres se les permita enjuiciar su trabajo, casi siempre menospreciándolo, y además los ataquen físicamente y sin consecuencias para ellos y el alumno denunciado, la ansiada solución a un problema que crece al mismo tiempo que su edad, no será posible.


Por el momento, al menos desde fuera, lo que observamos es que la pérdida de ilusión de los educadores cae demasiado rápida como para no tenerla en cuenta. Y si tenemos en cuenta que la educación en general se dinamiza a sí misma gracias precisamente a la ilusión de quienes la imparten, mal camino hemos escogido para la formación de quienes en poco tiempo participarán activamente en la vida de sus vecinos y vecinas. Por todo esto, no estaría mal visto que las Administraciones decidieran intervenir en la realidad de los centros de enseñanza y participaran en un mejor control de unos y de otros. Por el momento, la espera es que lo se ha escogido por su parte (al tiempo que lo más cómodo), no sabemos si a que lleguen los informes solicitados o a que mejore la situación. Mientras, ya saben, cientos de menores sufren acoso escolar y otros tantos profesores pierden la vocación a pedazos.  

martes, 22 de noviembre de 2016

MENORES CON HAMBRE

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Hace años que el aumento de las familias con niños que se ven obligadas a depender de las organizaciones no gubernamentales con el fin de cubrir sus necesidades básicas, especialmente en el apartado alimentación, de acuerdo con los datos oficiales que conocemos, ha aumentado por tres-cuatro veces. Así, la situación de colectivo tan expuesto alcanza cotas desconocidas y ha colocado a España muy próximo a la cabeza de los cuarenta y un países que tienen problemas de pobreza infantil. Así lo ha dicho la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria en un informe que hemos conocido estos días, en donde avisa de lo que a todas luces es un grave problema el hecho de que la desigualdad social y la privación acabará perjudicando la salud de los menores, al tiempo que los marcará el resto de sus vidas. Según la Agencia de Evaluación de Tecnologías e Investigaciones Médicas, se sabe por los estudios realizados que una infancia expuesta a privaciones materiales y nutritivas acaba aportando resultados negativos sobre su salud a corto y medio plazo. Actualmente, los menores que conviven en familias que tienen sus miembros en paro han aumentado significativamente y ha situado a la población infantil en situación de riesgo de pobreza en casi el cuarenta por ciento.

De acuerdo con la organización que ha financiado el estudio, el gobierno tiene que prever lo que va a ocurrir en un futuro para paliarlo y plantearse lo que puede pasar después. Es más, es bueno que se destinen recursos para las enfermedades, pero la pobreza infantil es una emergencia de salud porque estamos seguros de que va a causar problemas a medio y largo plazo si no se hace ahora algo para poder solucionarla. Por su parte, lo que afirman los estudios científicos es que una mala nutrición junto con una situación social discriminatoria está asociada a problemas mentales y a un mayor riesgo de meningitis y otras enfermedades infecciosas en la infancia por tomar alimentos pasados de fecha. Esta misma sociedad denuncia que el número de niños y adultos que acuden a bancos de alimentos desde el comienzo de la crisis aumenta a diario. Otro estudio, realizado por expertos reclamaba, ante la evidencia del impacto de la crisis en la salud infantil, la urgente necesidad de vigilar los efectos de la recesión global en la salud de los niños e informar de ello para que se puedan ofrecer respuestas políticas adecuadas. De entre las medidas que los gobiernos debían tomar sería mantener abiertos durante todo el año los comedores escolares y así garantizar el acceso al menos a una comida diaria a todos los menores en edad escolar. Otra propuesta es evitar los desalojos de familias con menores o garantizar el acceso a los suministros básicos de las familias en situación de vulnerabilidad, como sería el caso de los cortes de electricidad en los hogares que se registran en España. Evidentemente, se trata de una cuestión de prioridades contra la pobreza infantil que, si no se hace ahora, no se va a poder solucionar a corto plazo.

Desde luego, en el tejado de los responsables gubernamentales y organizaciones dedicadas a este tipo de menesteres encontramos la pelota, pero que nadie crea que serán capaces de solventar un problema tan urgente sin ayuda. De hecho, esta situación viene de lejos y vemos que aumenta anualmente de forma preocupante. Por eso la sociedad sin fisuras tiene que hacer suyo el problema y exigir permanentemente la implicación de los responsables del área en busca de soluciones capaces de mantenerse en el tiempo y de reducir el número de personas necesitadas. Entre todos deberíamos poner de moda la generosidad y la solidaridad. Hoy por ellos y mañana, quizás, por nosotros. ¡Quién sabe!


lunes, 21 de noviembre de 2016

¿POR QUÉ ODIAN A ANDALUCÍA?

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Que España “is diferent” no creemos que necesite de detalles que lo avalen. Somos raros, extraños entre nosotros mismos y, sobre todo, cuando comparamos regiones, que es cuando algunos llegan hasta el paroxismo con tal de diferenciarse del resto. La realidad es que quienes hemos nacido en Andalucía andamos entre los más rechazados sin que nadie en la piel de toro haya sido capaz de encontrar los detalles o características desde las que justificar esa barbaridad xenófoba. Y más cuando catalanes y vascos, que dicen sentirse los más agraviados en la cosa esa del reparto equitativo del dinero entre regiones, hace años que cruzaron sus sangres con buena parte de las gentes de Andalucía, Extremadura, Murcia y Galicia, en donde desembarcamos en los sesenta y setenta y que hoy, ¡qué cosas!, piden la independencia como si sus raíces estuvieran perdidas en el tiempo. Vagos, gandules o perros, dependiendo del interés que ponga el opinador de turno en la afirmación; además de bailones, chistosos, intrascendentes, subvencionados y otras lindezas que suelen colgarnos como añadido cuando nos identifican como andaluces. Nosotros hacemos lo propio, ¡faltaría más!, con el resto de las personas nacidas en nuestro país, por lo que es posible que nos merezcamos, no tanto la realidad de las afirmaciones como la intención de hacer daño cuando pronuncian algunas de ellas. Personalmente, no estamos de acuerdo con ninguna, que para eso cada uno de nosotros se desenvuelve en su realidad, disfruta, sufre o padece lo que vive en sus respectivas regiones y de nada le van a servir los exabruptos que dediquen a los demás. Sí es posible que, cuando la clase política se mete en jardines sin flores y se presenta ante los demás como realmente es, o sea, cuando se deja la máscara democrática y echa mano de la populista, entonces el asunto pasa a ser noticia y, lógicamente, es cuando de verdad conocemos a la persona y no al personaje. Eso y no otra cosa es lo que ha ocurrido con Cristina Cifuentes, a la sazón presidenta de la comunidad de Madrid, que, en el fragor de la lucha parlamentaria, se le fue la lengua y afirmó con vehemencia desconocida que Madrid financia la educación, la sanidad y la supervivencia de Andalucía. Luego, cuando comprobó la importancia mediática que había conseguido su arenga, optó porque no se habían entendido sus palabras, que se habían tergiversado o que fueron sacadas de contexto.

Con todo, aun resultando tristes y dolorosas sus afirmaciones, entre otras cosas porque no se ajustan a la realidad, recuerden que no está sola cuando de despotricar en nuestra contra se trata: Ana Mato aseguró que los escolares en Andalucía no tenían sillas donde sentarse en los colegios, que los niños y niñas andaluzas eran analfabetos y, no obstante, luego fue nombrada ministra de Sanidad al tiempo que se dedicaba a sacar provecho, junto a su marido, de la trama Gürtel. O Esquerra Republicana, que vino a contar a sus correligionarios, entre ellos el famoso comprovinciano de la Bobadilla, Rufián, que aquí, en Andalucía, nadie pagaba impuestos porque vivimos de Cataluña. O el mismísimo líder de Podemos, el señor Iglesias, que, a la vista del resultado de las últimas elecciones en las que su partido participaba, se lió la manta a la cabeza y nos regaló un rosario de improperios sin estilo ni control verbal que incluso avergonzó a los suyos. En definitiva, que sigue habiendo quien tiene la fea costumbre de usarnos como moneda de cambio cuando tratan de justificar su incompetencia política. Por cierto, cuando la señora Mato decidió criticar, lo que a su juicio era la escasa dedicación educativa andaluza, nadie en su partido en Andalucía, por entonces responsabilidad directa del señor Arenas, dijo esta boca es mía para defender lo contrario. Ahora ha sido otra representante popular la que ha realizado un juicio de valor que ha vuelto a dañar nuestra imagen. Cristina Cifuentes, que siempre ha andado envuelta en la bandera de la democracia y el sentido común, parece que ha decidido desenmascararse a sí misma encontrado en nuestra tierra la respuesta idónea para justificar los errores a su política. Veremos ahora qué opina su partido en Andalucía, porque ellas y ellos son andaluces. Y más cuando, repetimos, lo que ha afirmado es mentira.


viernes, 18 de noviembre de 2016

LA ACCIDENTALIDAD AUMENTA EN LAS CARRETERAS SECUNDARIAS

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Las estadísticas, por abrumadoras y contundentes, implantan criterios justo en donde se decide el tráfico del futuro, es decir, en los despachos de los funcionarios de la Dirección General de Tráfico. Es más, acaban siendo tan bien valoradas, son tan esclarecedoras de los vicios más o menos ocultos que generalmente tenemos los conductores, que no debía extrañarnos que sean éstas las que marquen los márgenes en los que se desenvuelven cuando de tomar decisiones se trata. Es por eso que debíamos interpretar las normas o artículos del Código que se incorporan regularmente a las que están en vigor como una consecuencia técnica que tiene como objetivo evitar que se sigan produciendo accidentes por la causa que se ha detectado mayoritariamente y que demanda una actuación inmediata. Es el caso, por ejemplo, de los accidentes de tráfico por adelantamientos irregulares en carreteras conocidas como secundarias o convencionales, que vienen alcanzando una inusitada notoriedad en la estadística de accidentalidad que se confecciona al final del año. Al tiempo, los técnicos añaden lo que ellos entienden que son las razones por las que se da esta situación y para ellos está claro: la emigración que se ha producido entre miles de conductores hacia este tipo de carreteras, debido sobre todo por el atajo que representan en su aproximación diaria trabajo-residencia familiar. Pero, atención, no solo se debe al aumento significativo del número de usuarios, que también, sino en la falta de costumbre que tiene la mayoría de efectuar adelantamientos en vías de este tipo, quizá debido a que se ha pasado años y años circulando por autovías.

Atendiendo el diagnóstico emitido por quienes llevan años trabajando con los datos de accidentalidad que se acumulan con el paso del tiempo, aceptar sus deliberaciones y consejos nos parece de lo más lógico y desde luego que, aplicados, pueden contribuir a que evitemos accidentes de consecuencias imprevisibles. Si a esta deficiencia real unimos los defectos propios de cada uno de nosotros, que son de todo tipo y tamaño, desde los que entienden que las limitaciones no son algo que estén obligados a respetar a los que creen estar en posesión de todos los derechos conocidos y ninguna obligación que acatar, pasando por los que, con su peligrosa actitud, contribuyen a crear permanentes ocasiones de peligro, la realidad es que salir a la carretera se ha convertido en una peligrosa odisea de dudoso final. Por todo esto, llegar a la conclusión de que los accidentes de carretera vienen a ser como una infalible enfermedad que acumula por miles los fallecidos. Es más, actualmente son la primera causa de muerte entre personas de entre dieciséis y cincuenta y cinco años, por encima de cánceres, sidas y demás temidas y terribles enfermedades.

Por el momento, y de acuerdo con los estudios paralelos que sobre nosotros, los conductores, desarrollan universidades, gabinetes especializados y técnicos en tráfico, los únicos responsables de lo que nos ocurre o nos pueda ocurrir recae sobre nosotros, que para eso conducimos el vehículo, frenamos, aceleramos, usamos las intermitencias o no, circulamos con las luces encendidas si nuestro vehículo no está equipado con las habituales luminarias “led”, etc. El hecho de que generalmente no aportemos a la conducción ninguna regla relacionada con el sentido común y la prudencia es evidente que activa infinidad de situaciones complicadas a lo largo del recorrido y de las que por ahora, afortunadamente, vamos saliendo como la Providencia nos da a entender. Ojalá sigamos así por muchos años. Ojalá.