Hoy conmemoramos el día internacional contra los malos tratos hacia la mujer. Por lo tanto, millones de personas, especialmente mujeres, deben sentirse arropadas por la solidaridad de sus semejantes, independientemente de su sexo. Por supuesto, con toda la preocupación que exige la causa, se trata finalmente de conmemorar una jornada siendo conscientes de la escasa o nula importancia que le van a dar quienes no tienen entre sus principios elementales el de devolver a sus mujeres los valores que les arrebataron desde que unieron sus vidas a ellas. De hecho, su interpretación de este día no irá más allá del chiste o de la queja propia del macho, que asegura que las mujeres deben tener, sobre todo, obligaciones. No tendría más importancia o trascendencia esta actitud si no fuera por la peligrosa generalidad con la que el hombre se enfrenta a conmemoraciones de este rango, y más si tenemos en cuenta que la mujer sólo pretende compartir con el resto del mundo su realidad.Los que interesadamente le añaden que las mujeres lo que persiguen en realidad es ostentar poder y quitarles el trabajo; los que insisten en que ya tienen demasiadas responsabilidades públicas y muy pocas en sus vidas privadas; los que anuncian el juicio final si las mujeres continúan la imparable ascensión en la política, no sólo se equivocan en la interpretación de los hechos, sino que se muestran ante los demás como personas de escasos recursos intelectuales y menos aún capacidad de entendimiento. Sólo por el hecho de figurar en los primeros puestos de la estadística anual de personas asesinadas en nuestro país, merecerían nuestra solidaridad y comprensión, además de toda la ayuda que nos sea posible. Lo que ocurre es que algunos hombres siguen viendo en la mujer un enemigo, sobre todo desde que éstas les han demostrado su capacidad de análisis, sus posibilidades de adaptación a cualquier tarea y su evidente ascensión en la vida pública. Para muchos, ser conscientes de que sus mujeres les superan es algo que llevan muy mal.
Y no digamos nada de cómo analiza el hombre los acontecimientos que tienen que ver con las mujeres, porque caeríamos en el error de llamar a las cosas por su nombre y no tenemos intención de acabar este comentario con polémica. Sin embargo, es real que la mujer sigue siendo maltratada y finalmente asesinada por el hombre, ya sea su novio, su esposo, su pareja o el violador que le sale de la esquina, porque desde luego que enemigos no le faltan. Y precisamente desde esta perspectiva es desde donde se convoca esta conmemoración, porque recordemos que es clara y concisa: día internacional de los malos tratos contra las mujeres. No en contra del hombre en general y sí del asesino y maltratador. Lo que algunos le quieran añadir es de su cosecha y gratuito, y su interés no es otro que el de ridiculizarla.
En esta ocasión no se trata de pedir igualdad en el trato, o derecho al trabajo lo mismo que el hombre, o leyes que las doten de privilegios específicos, o de que reclamar un hogar más compartido… No. La cosa va de rechazar sin fisuras todo tipo de violencia en contra de la mujer, y no creemos sinceramente que sea necesario que nos adentremos en un asunto de por sí manido y sobradamente conocido por la sociedad. Así, en esta ocasión, más que de restar se trata de sumar esfuerzos y voluntades en favor de la mujer en el mundo, de posicionarse decididos allí donde sea necesario nuestro apoyo, y de compartir con ellas el intenso dolor que padecen cada vez que una muere a manos del hombre de su vida.
Por lo tanto, en vez de denunciar que ya está bien de privilegios mediáticos, deberíamos adoptar posiciones más realistas y humanas, y desde ellas participar en la lucha, quizá demasiado silenciosa, que iniciaron hace años y que aún no acaba de mostrar sus frutos. Pero no hay que decaer; hay que seguir en la lucha porque la realidad así lo confirma. Mientras existan maltratadores, o sea, asesinos especializados en mujeres, los Estados, los Gobiernos y la sociedad entera deberá responder con absoluta solidaridad ante cualquier llamamiento que le llegue.