viernes, 20 de noviembre de 2009

EL TURISMO EN NUESTRA CIUDAD ES INAPRECIABLE, TODO LO CONTRARIO QUE EN EL SANTUARIO

Las instituciones, los partidos políticos, nuestros gobernantes y todos aquellos que tienen peso específico en la gestión de la ciudad, deberían de sentarse a dialogar con un solo punto en el orden del día: ¿qué hacemos nosotros ante el fenómeno económico que representa la devoción a la Virgen de la Cabeza? Los que no acaben de entender lo que hoy les planteamos para su reflexión, que se sitúen justo a la entrada de la carretera de la sierra, la que conduce al santuario de la patrona, y que contabilicen los vehículos que se dirigen hasta ese punto de la sierra. Comprobarán que son cientos, especialmente los fines de semana, pero verán también cómo ni siquiera se plantean entrar en las estaciones de servicio de la ciudad, que es lo más próximo que tienen a esta carretera. Andújar para ellos es un paso obligado, pero no encuentran en ella nada que les atraiga, que les obligue a detenerse. ¿Se imaginan ustedes lo que supondría económicamente para la ciudad que sólo unos cientos de estos visitantes que acuden a los pies de la patrona decidieran quedarse unas horas entre nosotros?

A nuestros próceres políticos nos gustaría hacerles llegar nuestra inquietud y preocupación por lo que entendemos es una pérdida injustificable de las posibilidades reales que tiene la ciudad, si fueran capaces de unirla a la devoción mariana de los miles de fieles que la visitan. Y si nos tenemos que creer que cuando acuden a las ferias de turismo lo hacen para presumir de ciudad y de equipamientos, de historia y de gastronomía, de monumentalidad y de artesanos, ¿cómo es posible, entonces, que no se note en nada su desmedido esfuerzo? Todo indica a que no han sido capaces aún de encontrar la fórmula idónea que nos permita incorporarnos a las ciudades que sí lo han conseguido y que hoy disfrutan de un número significativo de visitantes que activan su economía de forma notoria. Y es que se pueden organizar los eventos que se quieran, lo mismo que convocar al mundo entero para que nos conozca, pero si no sabemos cómo desarrollar estas políticas, el resultado es sencillamente nulo.

Evidentemente, no será posible conseguir un reclamo de la importancia de la Virgen de la Cabeza, pero, si lo tenemos tan cerca, ¿cómo se explica que no hayamos sido capaces de unirnos a éxito tan asegurado? Hasta ahora, de acuerdo a como se han desarrollado los acontecimientos, todo lo que tiene relación con esta mariana devoción parece que no ha interesado, que estorbaba, que llenaba la ciudad de ruido y de gentes poco aconsejables. Recordemos que algo parecido ocurrió con el mercadillo de los martes cuando éste se ubicaba en las Vistillas y Colón, que no faltaron voces desde el comercio que reclamaban un cambio de lugar porque aseguraban que influía negativamente en sus negocios. Hoy, cuando se valora la situación desde perspectivas más reales, vemos que se echa de menos a gente en nuestras calles, fundamentales para que conozcan los comercios del centro. Por el momento, a lo más que han llegado es a convocar un mercadillo anunciado como medieval, que no cuenta con el apoyo de la mesa del comercio y que desarrolla toda su influencia precisamente los fines de semana, justo cuando la mayoría de los negocios están cerrados.

En el asunto de la devoción a la patrona parece que se decidió de la misma forma y todos los mensajes que nos llegaban de las organizaciones comerciales iban dirigidos a que se evitara la aglomeración de personas que se detectaba en las calles los días de romería. Tanto se trabajó en la consecución de este objetivo, de conseguir que los actos y las convocatorias se hicieran en el Cabezo, que esta magna celebración pasa casi desapercibida en la ciudad. Ahora, como con el mercadillo, se intenta cambiar esta tendencia, aunque por el momento no parece tener apoyo popular. ¿Se imaginan ustedes lo que harían otros pueblos, otros gobiernos municipales, si contaran con el milagro de la Virgen de la Cabeza entre sus ofertas turísticas? Por eso, cuando les decimos que nuestro futuro no está en las mejores manos, nos basamos en hechos y éstos, a la vista están, hablan por sí mismos. Eso sí, lo nuestro son las jornadas gastronómicas, alguna que otra convocatoria para escolares y la adquisición de unos libros de Alcalá Venceslada para regalarlos a los colegios de la ciudad. Y eso es lo que hay.