
Hoy se conmemora internacionalmente el día de los discapacitados físicos y psíquicos. Con ser una fecha convocada en todo el mundo y participada por millones de personas, si no fuera por el magnífico y sufrido trabajo que llevan a cabo los familiares, seguro que pasaría de puntillas entre nosotros. Son ellas y ellos los responsables directos y únicos de que las Administraciones sepan de su existencia y de sus menoscabos físicos e intelectuales, de que conozcan su realidad y, más aún, sus necesidades más perentorias, que necesitan ser cubiertas por completo y sin las habituales cortapisas burocráticas que tanto identifican a las instituciones y que tanto participan en el daño añadido que se les hace a estos protagonistas.
Entre nosotros, las asociaciones que capitanean estas tareas hace años que cuentan con el respaldo social que necesitan, aunque la tarea de concienciación que han llevado a cabo a lo largo de muchos años haya comenzado ahora a dar parte de los frutos que demandaban. Pero no les importa, porque lo que perseguían, aunque sea sólo en parte, cada vez lo ven más cerca. Sin embargo, con toda la información disponible sobre la mesa de la clase política, nuestra ciudad sigue quejándose de los mismos defectos de siempre, es decir, que no tiene en cuenta, ni cuando ejecuta obras como ahora, ni realizando alguna por su propia iniciativa, a los discapacitados físicos, que son los que tienen la oportunidad de salir a la calle con más asiduidad, y no siempre por gusto, y, consecuentemente, los que más padecen este desatino de la autoridad municipal. Observen, por ejemplo, a las personas que necesitan andador para desplazarse y verán los mil y un obstáculos que se encuentran al paso y que, a veces, no le permiten seguir su camino: ausencia de rebajes en los pasos de peatones, vehículos aparcados sobre el acerado, vallas en medio de las calles que nadie sabe con certeza cuál es su papel, árboles que, porque no han sido podados a la altura debida, les obligan a descender de la acera para poder seguir su camino, acerados en pésimas condiciones, iluminación prácticamente inexistente en infinidad de vías… Y si estas inconveniencias las sufren quienes tienen problemas de movilidad, ¿qué decir de los invidentes? Miren: es tal el número de contratiempos que encuentran a su paso, que lo extraño es ver a una o uno de ellos por nuestras calles.
No obstante tal olvido administrativo, por lo que se percibe en la calle y en los medios de comunicación, las diferentes asociaciones que se responsabilizan del bienestar de estos enfermos en nuestra ciudad no parecen haber caído en la cuenta de la existencia de esta problemática añadida al mal que padecen sus familiares. A nosotros, con tal que reclamen en donde deben y desde donde les pueden responder adecuadamente, ya nos parece bien, pero, de ser así, o lo dicen muy bajito o sencillamente no les hacen caso. Lo que sí nos gustaría es conocer cuáles han sido sus planteamientos y cuáles sus líneas de actuación en caso de que existan, porque todo indica que no les han hecho caso y que cunde el malestar entre las personas que demandan una ciudad más segura y transitable para ellos y ellas. Desde la municipalidad no se argumenta nada, quizá desde el convencimiento de que callando evitan la polémica; desde la ciudadanía, si es verdad que la demanda se ha hecho en tiempo y en forma, a la espera de respuesta.
Desde nuestra perspectiva, les aseguramos que nuestra ciudad encabeza el “ranking” de las que menos presupuesto dedica a esta área y la que menos tiene en cuenta la urgente necesidad de quienes padecen algún impedimento físico y que necesitan de una silla de ruedas, muletas o andador para desplazarse. Y no se nos olvidan los invidentes, que sufren este olvido quizá más que ningún otro. Por todo esto, cuando nos referimos a las obras que se terminan estos días, nos planteamos muy preocupados cómo se las han tenido que arreglar para entrar y salir a sus casas, porque lo de usarlas para ir de un lugar a otro no habrá sido posible. Y no sabemos ustedes, pero nosotros no hemos apreciado interés alguno por parte de los implicados en estos arreglos, o sea, empresa y Ayuntamiento.
Afortunadamente para todos, las obras tienen fecha de caducidad y eso nos tranquiliza, porque si tuviéramos que confiar en quienes tanta muestra de desinterés dan a todo lo que es de su exclusiva responsabilidad, mal, muy mal tendrían su futuro estas personas.
Entre nosotros, las asociaciones que capitanean estas tareas hace años que cuentan con el respaldo social que necesitan, aunque la tarea de concienciación que han llevado a cabo a lo largo de muchos años haya comenzado ahora a dar parte de los frutos que demandaban. Pero no les importa, porque lo que perseguían, aunque sea sólo en parte, cada vez lo ven más cerca. Sin embargo, con toda la información disponible sobre la mesa de la clase política, nuestra ciudad sigue quejándose de los mismos defectos de siempre, es decir, que no tiene en cuenta, ni cuando ejecuta obras como ahora, ni realizando alguna por su propia iniciativa, a los discapacitados físicos, que son los que tienen la oportunidad de salir a la calle con más asiduidad, y no siempre por gusto, y, consecuentemente, los que más padecen este desatino de la autoridad municipal. Observen, por ejemplo, a las personas que necesitan andador para desplazarse y verán los mil y un obstáculos que se encuentran al paso y que, a veces, no le permiten seguir su camino: ausencia de rebajes en los pasos de peatones, vehículos aparcados sobre el acerado, vallas en medio de las calles que nadie sabe con certeza cuál es su papel, árboles que, porque no han sido podados a la altura debida, les obligan a descender de la acera para poder seguir su camino, acerados en pésimas condiciones, iluminación prácticamente inexistente en infinidad de vías… Y si estas inconveniencias las sufren quienes tienen problemas de movilidad, ¿qué decir de los invidentes? Miren: es tal el número de contratiempos que encuentran a su paso, que lo extraño es ver a una o uno de ellos por nuestras calles.
No obstante tal olvido administrativo, por lo que se percibe en la calle y en los medios de comunicación, las diferentes asociaciones que se responsabilizan del bienestar de estos enfermos en nuestra ciudad no parecen haber caído en la cuenta de la existencia de esta problemática añadida al mal que padecen sus familiares. A nosotros, con tal que reclamen en donde deben y desde donde les pueden responder adecuadamente, ya nos parece bien, pero, de ser así, o lo dicen muy bajito o sencillamente no les hacen caso. Lo que sí nos gustaría es conocer cuáles han sido sus planteamientos y cuáles sus líneas de actuación en caso de que existan, porque todo indica que no les han hecho caso y que cunde el malestar entre las personas que demandan una ciudad más segura y transitable para ellos y ellas. Desde la municipalidad no se argumenta nada, quizá desde el convencimiento de que callando evitan la polémica; desde la ciudadanía, si es verdad que la demanda se ha hecho en tiempo y en forma, a la espera de respuesta.
Desde nuestra perspectiva, les aseguramos que nuestra ciudad encabeza el “ranking” de las que menos presupuesto dedica a esta área y la que menos tiene en cuenta la urgente necesidad de quienes padecen algún impedimento físico y que necesitan de una silla de ruedas, muletas o andador para desplazarse. Y no se nos olvidan los invidentes, que sufren este olvido quizá más que ningún otro. Por todo esto, cuando nos referimos a las obras que se terminan estos días, nos planteamos muy preocupados cómo se las han tenido que arreglar para entrar y salir a sus casas, porque lo de usarlas para ir de un lugar a otro no habrá sido posible. Y no sabemos ustedes, pero nosotros no hemos apreciado interés alguno por parte de los implicados en estos arreglos, o sea, empresa y Ayuntamiento.
Afortunadamente para todos, las obras tienen fecha de caducidad y eso nos tranquiliza, porque si tuviéramos que confiar en quienes tanta muestra de desinterés dan a todo lo que es de su exclusiva responsabilidad, mal, muy mal tendrían su futuro estas personas.