viernes, 25 de junio de 2010

LA SIERRA NOS ESPERA PARA DISFRUTARLA RECORRIÉNDOLA


De nuevo fin de semana y otra vez con el tema tráfico como recurso. Deben aceptar nuestra preocupación por su integridad física y, tal como están las cosas del dinero, también de su bolsillo, porque como nos descuidemos un poco más de lo aconsejable, no lo duden: algún desconocido meterá mano en la cuenta corriente y nos hará un buen roto. La meteorología favorable junto con las ganas que tenemos de que nos dé el aire, nos invitan a desplazarnos con toda la familia y está claro que un lugar que siempre cuenta con muchos adeptos es la sierra y su entorno. Por lo tanto, lo primero que debemos plantearnos, por aquello de que es mejor prevenir que curar, es darle un repaso a la mecánica del coche, desde los neumáticos a los niveles de agua y aceite. Una vez obtengamos el visto bueno del mecánico, tengan en cuenta que el combustible no es ninguna tontería y que puede acabar dándonos un disgusto si no tenemos en cuenta que debe ser suficiente para ir y volver, y algo más por si, una vez en el camino, se nos ocurre adentrarnos por lugares que lo demandan para poder recorrerlos. Cualquiera de los caminos abiertos al tráfico pueden resultar agradables, se lo aseguramos, pero regálense, por ejemplo, una mañana desplazándose hasta Baños de la Encina por el interior del parque natural. El camino, aunque dañado por el último temporal, se puede hacer sin problemas, aunque es imprescindible controlar la velocidad y evitar los socavones y baches que nos encontraremos al paso.

Si lo prefieren, visiten el pantano del Jándula, lugar bellísimo, de increíbles paisajes y muy acogedor. Junto a este gran embalse de agua dulce, el poblado de La Lancha nos invita a recorrerlo y a participar en su particular historia. Son pocas las viviendas que están en uso y habitadas, pero el conjunto les permitirá hacerse una idea muy aproximada de cómo vivieron por aquellos lares las más de tres mil personas que en su día dieron vida a entorno tan mágico. Tendrán oportunidad de ver de cerca, aunque están derruidas y en pésimo estado, las otras viviendas, es decir, las que no se han podido conservar y que cuando se construía el pantano daban cobijo a cientos de personas. Y precisamente por este lugar es donde, si tienen paciencia y saben guardar silencio, es posible que tengan la oportunidad de ver algún ejemplar de lince. En realidad, en toda la carretera de acceso podemos encontrarnos con alguno de ellos, pero es aquí en donde más se han detectado. Lo mejor que pueden hacer es conducir despacio y prestando mucha atención.

También pueden desplazarse por la sierra siguiendo la carretera que conduce a Puertollano, repleta de atalayas desde las que observar paisajes infinitos. Esta vía nos ofrece la posibilidad de visitar ciudades desconocidas para muchos de nosotros, entre las que destaca Mestanza, que atravesaremos camino de la industriosa ciudad manchega. Si lo prefieren, recorriendo la ruta del toro, que une Los Escoriales con El Centenillo de las Minas, se empaparán de flora y fauna, además de disfrutar de la posibilidad visual que les ofrecen los miradores construidos para facilitar al visitante unas vistas esplendorosas. Elijan el que elijan, les aseguramos que disfrutarán de una jornada festiva que les cautivará y que, casi con toda seguridad, les hará asiduos. Lo único que exige el entorno es que seamos consecuentes, que admitamos desde el principio que somos unos invitados y que debemos comportarnos como tales mientras estemos allí.

Por todo eso, sean sensibles y educados con el medio ambiente evitando en todo lo posible dejar rastro de su paso por lugares tan excepcionales. Si todos los que por allí andamos tenemos en cuenta esta máxima, alguien nos lo agradecerá y desde luego la naturaleza la primera.