Reivindicar la autoestima, la utopía o la motivación personal de todos nosotros, sin excepciones, parece que se está convirtiendo en algo más que una necesidad con sello de urgencia. De hecho, el mundo de Internet, que es una fuente de información de gran valor, viene avisando desde hace unos meses de que existen varias asociaciones de personas anónimas que, mediante escritos, conferencias y reuniones de todo tipo repartidas por la geografía española, plantean de forma seria y comprometida esta necesidad. Evidentemente, si tenemos en cuenta la situación en que nos encontramos, con un futuro cuando menos complejo, el plantearse afrontar la situación desde plataformas de ilusión no parece nada descabellado y desde luego que no es tarea imposible o de locos. Es más, comprobando los planteamientos que usan algunas de estas asociaciones y aceptando algunos de ellos como viables, la realidad es que razonamientos que antes no encontraban continuidad, ahora no solo parecen viables, sino que muchos de ellos acaban siendo apoyados mayoritariamente. Por lo tanto, si necesitamos una inyección de alegría, de una brisa de aire fresco que nos anime a seguir y no desfallecer cuando de buscar un puesto de trabajo se trata, quizá en la invitación que nos hacen estos ciudadanos hallemos la solución a parte de nuestros problemas y que son ampliamente compartidos.
Asumiendo que nuestros dirigentes políticos tienen unos intereses muy alejados de nuestra realidad y no menos de nuestras necesidades, enfrentarse al futuro con optimismo puede resultar beneficioso incluso para la salud, detalle que conviene valorar a conciencia, porque a nadie se le escapa que la terrible situación económica que padecen millones de personas está minando seriamente su salud, especialmente en la relación entre su equilibrio psicológico y la realidad en la que se desenvuelve, que se ha convertido de la noche a la mañana en una patología exageradamente compartida por la ciudadanía en general y muy especialmente por la que está en paro. Lo de padecer un estado depresivo es hoy algo normal, aceptado y sufrido por quienes han perdido su empleo y, de paso, la práctica totalidad de sus sueños e ilusiones. Así, mientras los de siempre andan criticándose y enfrentándose por la captación de votos, nosotros esperanzados de que consigan recuperar la economía del país sin necesidad de echar a medio país a la calle. Porque esa es otra, ya que por lo que parece no existe otra salida a la crisis económica que la de cerrar empresas y enviar trabajadores a las oficinas del INEM. Es tal el despropósito, tal la muestra de inutilidad que vemos en la clase política, que o mucho cambian las cosas o dentro de poco no quedará nadie en nómina.
Sin embargo, confirmando que andan perdidos, mantienen al alza sus expectativas de mejorar en poco tiempo, o al menos eso es lo que se desprende los mensajes que nos llegan justo cuando deciden subir los impuestos, que califican de subidas coyunturales y que en dos años volverán a donde estaban. Por supuesto que podemos o no creernos el contenido de estas misivas que nos envían a diario, pero desde luego que se necesita, como decimos al principio de este comentario, que a los receptores, que somos todos nosotros, nos cojan con las pilas cargadas, porque de otra forma no se lo cree nadie. Y más cuando asistimos a una especie de donde dije digo, ahora digo Diego, que nos altera nuestra capacidad de entendimiento. Consecuentemente, nuestro consejo tiene un objetivo concreto: animarles a que se unan a estos movimientos ciudadanos que dedican sus esfuerzos a convencernos de que entre todos es posible encontrar salidas a la crisis, y nos invitan muy especialmente a que echemos mano de nosotros mismos en la búsqueda de la motivación, la ilusión y la capacidad para soñar que tenemos. Por supuesto que no será sencillo, pero sí posible.
