viernes, 13 de enero de 2012

LAS CARRETERAS SECUNDARIAS MANTIENEN SU ALTO NIVEL DE RIESGO


Los accidentes de tráfico siguen siendo objetivo de las autoridades responsables y desde luego que una preocupación socialmente muy compartida. El hecho de que en el período de vacaciones de estas fiestas se haya reducido el número de fallecidos en nuestras carreteras en solo cuatro personas nos da una idea realista de lo que ocurre a nuestro alrededor y del escaso interés que les prestamos. Cierto que el cómputo total de víctimas ha sido positivo, ya que por primera vez en cincuenta años no hemos superado los mil quinientos muertos en accidentes de tráfico. Y es una buena noticia porque, analizada en detalle, vemos que aunque la diferencia del parque automovilístico de nuestro país con el de los años sesenta, que no alcanzaba los dos millones de vehículos rodando por nuestras entonces paupérrimas carreteras, las personas que se quedaban en el camino eran más de tres mil. Y en esta línea ascendente hemos estado hasta los años noventa, que fue cuando comenzamos a notar que descendían significativamente.

Los accidentes en los años ochenta no eran en realidad muchos más que ahora, pero sí sus consecuencias, porque la cifra anual superaba los cuatro mil. Lo que ocurre es que, aunque ha aumentado enormemente nuestro parque automovilístico, las consecuencias que se derivan de los accidentes son menores que las que proporcionaban los modelos de entonces, que no reunían ni las características ni los elementos de seguridad activa y pasiva que equipan los de ahora. El control que se ejerce por parte de los gobiernos de todo el mundo y las directivas que implanta, por ejemplo, la Comunidad Económica Europea, no solo controlan las emisiones de gases nocivos de los vehículos, sino que obliga a los fabricantes a equipar en todos sus modelos elementos que, en caso de impacto, palíen las consecuencias que de éste se derivan. Precisamente por eso, el objetivo es el habitáculo que ocupan los pasajeros y es en él en donde encontramos la tecnología más actual y salvadora. Ésta va desde los cinturones de seguridad, airbag delanteros, laterales, traseros, de cortina y de techo hasta la ausencia de aristas o elementos que, en el momento del impacto, pudieran dañar a las personas que en él se encuentran.

Otro problema o la causa de muchos de los accidentes reside en si el usuario decide o no abrocharse el cinturón, o si no hace un uso adecuado de su vehículo en algo tan elemental e importante como es la velocidad. Naturalmente, sin olvidar que no puede beber alcohol ni consumir drogas de ningún tipo, que hablar por teléfono y conducir está penado por la ley en vigor, o sentar a los menores de doce años en el asiento delantero junto al conductor. Y es que, por muy bueno que sea nuestro coche, si no ponemos en marcha el sentido común y aceptamos las normas que controlan el tráfico rodado en nuestro país, de nada servirán los elementos de seguridad que hemos pagado, por cierto, en la compra del automóvil porque no funcionarán. Así de sencillo y de preocupante, pero real como la vida misma.

En la disminución de los accidentes, por supuesto que la carretera ha sido determinante para que así haya sido, además, lógicamente, del comportamiento de los usuarios, que ha dado un giro significativo a mejor del que hoy toda la sociedad se beneficia. La implantación de las autovías y autopistas ha permitido que los accidentes desciendan en picado, aunque las carreteras de segundo y tercer orden mantienen los mismos o peores niveles que años anteriores. Y todo porque no son pocos los que desprecian, sobre todo, los límites de velocidad, y destacable es también el número de usuarios que no aceptan el ponerse el cinturón, y es en estas vías es en donde más se detectan los que no conocen límites de ningún tipo. Así, entre que el firme no es del todo bueno, que la información que nos llega de las señales es deficiente por escasa y que es preocupante la ausencia de controles fijos y móviles, especialmente de la Guarda Civil de Tráfico, se han convertido en peligrosas ratoneras para muchos conductores de las que salir ilesos no siempre es fácil.