lunes, 25 de junio de 2012

LA GRAN OPORTUNIDAD DE LA FORMACIÓN PROFESIONAL


Si tenemos en cuenta el desolador panorama que nos ofrece el mercado laboral en España, cualquier buena nueva ligada con la posibilidad de crear expectativas de empleo es aceptada casi sin condiciones. Así, mientras profesiones tan novedosas como las ligadas a la infocomunicación y la multimedia crecen continuamente, las más conocidas se han estancado ante la realidad laboral que ofrecen a los que deciden estudiarlas. La formación profesional, mientras tanto, que siempre ha sido un recurso que ha sabido esperar a quienes no pudieron acabar sus estudios o a los que ni siquiera los iniciaron, aumenta claramente sus porcentajes. Primero, porque de diez ofertas de empleo, cuatro corresponden a este apartado del mercado laboral. Segundo, porque es la necesidad de las empresas la que marca la distancia entre unas y otras, y la formación profesional provee de profesionales directamente ligados con las necesidades del empresario, que sabe de su cualificación.

El hecho, por otra parte, de que el número de estudiantes de formación profesional haya aumentando en los últimos cuatro años de manera considerable también nos sirve como referencia. El año pasado nuestro país controlaba a más de seiscientos mil alumnos matriculados, lo que suponía casi un seis por ciento más que en el curso de 2010, pero seguimos por debajo de los niveles de la Unión Europea, que en estos momentos anda por el cincuenta y ocho por ciento. Precisamente de Europa nos llegan datos que anuncian con suficiente antelación, puesto que el tope es el año 2020, que el ochenta y cinco por ciento de los puestos de trabajo exigirán ese nivel de formación. En España el primer problema de esta disciplina educativa es que ni la familia ni el mercado la valoran como realmente merece, aparte de que tampoco ha sido determinante a la hora de que los recién formados encuentren empleo.

Si la semana pasada les informábamos de nuevas profesiones, específicamente de las ligadas con el mundo de la informática, de las que dijimos que se mantiene permanentemente ofertas de trabajo, ésta lo hacemos con la formación profesional de fondo y confirmando que se trata de una formación muy digna y adecuada para la situación laboral de nuestro país. De hecho, solo necesita mejoras que la hagan más dinámica y accesible. Si acaso, evitar las limitaciones presupuestarias que se han anunciado y que estamos convencidos repercutirán en el futuro inmediato de esta disciplina. Por ahora, lo primero que se ha decidido es recortar nada menos que un cincuenta y seis por ciento a las autonomías que dedicaban a impulsar la formación profesional. Y si tenemos en cuenta que se trata de una atención educativa muy necesaria, que además evitaría el paro juvenil en buena medida, entendemos que se está cometiendo un grave e imperdonable error. Las políticas de empleo solo en contados casos debían contemplar recortes o reducciones de las inversiones del Estado si lo que se persigue es generar profesionales para su incorporación inmediata al mercado laboral.

El Gobierno estudia desarrollar una serie de propuestas que tienen como fin hacerla apetitosa a los jóvenes cuando de elegir una profesión se trate; presentarla en sociedad, porque la familia también tiene mucho que decir en esto, como un camino de formación digno y no de segundo orden, y orientándola hacia los actuales sistemas educativos que rigen en Alemania o Austria. Hacerla atractiva, involucrar a las familias y motivar al alumnado son medidas que deben formar parte del plan previsto por el Estado si se trata de mejorarla y reactivarla, naturalmente.