Es notorio que nuestro escaso entendimiento no nos permite analizar los acontecimientos que se desarrollan a nuestro alrededor con la lucidez que convendría. No obstante, sí que percibimos que las cosas no van bien, que el trabajo escasea cada vez más, que lo de los brotes verdes es una mentira más, que los que anuncian que le queda poco a la crisis o que nuestros males dejarán de serlo en cuanto los recortes se impongan definitivamente, solo nos quieren engañarnos. Que se trata de una patraña más, de una entelequia amarga e inmunda, de un sofismo absurdo y no menos de una estratagema para ganar tiempo e implantar nuevas medidas que nos rebajarán aún más nuestro poder adquisitivo y que pondrá más gente en la cola de la oficina de empleo.
Quizá por lo que les contamos, por la urgente necesidad con la que nos llegan los gritos y lamentos de muchos de nuestros vecinos, cada vez que se convoca una pleno municipal esperamos medidas extraordinarias que palien el mal momento que pasan cientos de familias, o que se determine el punto de partida desde el que iniciar la puesta en marcha de políticas activas capaces de generar empleo. Luego, conforme el desarrollo de los puntos pactados se debaten, comprobamos que una vez más nuestros hombres y mujeres de la política local se dedican a tirarse basura unos a otros y ninguno de sus esfuerzos a lo que el ciudadano tanto necesita y demanda, porque si hasta sus delicados oídos no ha llegado la necesidad de empleo se deberá a que viven alejados de la realidad.
Perder el tiempo en bagatelas, en dejar constancia pública de que unos son peores que otros, que los de enfrente son políticamente inferiores y sandeces de este estilo, es evidente que no ha dado nada bueno al municipio. Es más, por el momento ha servido claramente para empobrecerlo, para ir perdiendo capacidad económica y para dejar de ser ciudad de referencia de algo que no esté ligado con romerías, ferias y saraos. Y lo más angustioso de todo este asunto es que en la calle no se percibe capacidad operativa de la clase política que nos representa desde la que nos puedan sorprender con noticias que no sean las propias de una ciudad de muy escaso movimiento industrial y con poco futuro.
Los que asumen que Andújar es una ciudad de servicios lo mejor que podían hacer es prepararla para este menester, dotarla de una circulación rodada fluida, de zonas de aparcamiento suficientes para que los visitantes la paseen sin riesgos de ser denunciados, de grandes espacios verdes en los que descansar, de oferta cultural y lúdica en cantidad suficiente para los de dentro y de los que vengan a conocernos… Limpiarla a fondo, y no solo las vías públicas, evitar los abusos de quienes andan con sus mascotas dejando regalitos por todos lados, conseguir unificar las terrazas al aire libre, eliminar los ruidos que emanan por todos lados y, sobre todo, conseguir que la monumentalidad de la ciudad solo cierre de noche.
Y porque es tanta la necesidad y tanta la urgencia, seguimos sin comprender cómo nuestros políticos se dedican a perder el tiempo en tonterías y nimiedades. De hecho, estamos convencidos de que la ciudadanía ha acabado por aceptar que no están preparados para dirigir su futuro. El problema es si, con todo, tenemos futuro.