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Para elaborar este estudio se ha tenido en cuenta
el Índice de Peligrosidad Medio, un indicador del número de accidentes en
función del número de vehículos que pasan por un tramo, y ha escogido las
carreteras convencionales con este índice superior a 10, mientras la media es
de 11 en estas vía, y las autovías y autopistas con un índice superior a 30,
siendo en éstas la media de 7. Castilla y León es la comunidad, con veintinueve,
con más tramos de concentración de
accidentes, seguida de Andalucía con 23, Aragón con 19, Castilla-La Mancha con
18, Comunidad Valenciana con 15, Cataluña con 14, La Rioja con 10, Galicia con 8,
Extremadura con 7, Cantabria con 3, Madrid con 2 y Euskadi también con 2.
De acuerdo con este índice, el tramo
más peligroso de la Red
de Carreteras del Estado se encuentra en la localidad salmantina de Béjar, en
el kilómetro 415 de la N-630 ,
con un índice de peligrosidad de 1.333, 120 veces más que la media nacional.
Entre 2006 y 2010, en este punto hubo 10 accidentes con 19 víctimas. No
obstante, aquí existe ahora una autovía, por lo que es muy probable que su
peligrosidad descienda. La vía con más siniestros está en Pontevedra. Los
kilómetros 10 y 12 de la autovía A-55 sumaron 209 accidentes con 319 víctimas,
entre 2006 y 2010.
De acuerdo con la opinión de esta asociación, el
estado de las carreteras desempeña un papel fundamental en la seguridad vial de
un país, aunque teme que la crisis pare la inversión. Un dato que lo confirma
es que las obras realizadas entre 2006 y 2010 permitieron reducir a un cuarto
el índice de peligrosidad.
Un estudio del Real Automóvil Club de Cataluña
publicado el pasado jueves arroja resultados similares. De acuerdo con éste, en los últimos 10 años el
riesgo de sufrir un accidente mortal o grave en las carreteras del Estado ha
caído en un 67 %. Naturalmente, la inversión en infraestructuras ha tenido
mucho que ver. En la última década, los kilómetros de las carreteras estatales
han aumentado un 5,6 %, aunque la distribución por tipo de vía ha sido muy heterogénea.
Los kilómetros de vías convencionales han descendido un 11 %, los de autopista
y autovía han aumentado entre un 40 % y un 50 %. Con estos datos podemos
afirmar sin temor a equivocarnos que la probabilidad de tener un accidente en
una carretera convencional es tres veces mayor que en una de alta capacidad.