martes, 20 de noviembre de 2007

EL TIEMPO, ENEMIGO ACÉRRIMO DE LA MENTIRA




Los excesos verbales, como los que protagonizamos en la carretera con nuestro vehículo, acaban pagándose. Entre la clase política, cuando hacen un uso intencionado de la ingenuidad de las gentes, no dudan en prometer lo que sea necesario con tal de obtener o mantener el poder. Y si esta deficiencia intelectual, porque es evidente que se trata de personas con un defecto de fabricación o mal terminadas, se da entre los aspirantes que militan en partidos con posibilidades de dirigir la ciudad, la autonomía o el país, no les decimos nada de lo que se oye de boca de quienes son conscientes, y quizá por eso precisamente lo hagan, de que no gobernarán nunca ni la comunidad de vecinos en la que tienen el piso, porque se escandalizarían de hasta dónde son capaces de llegar. Sin embargo, para unos y otros llega el momento de dar cuentas y de que les pidan responsabilidades, y es entonces cuando no sólo aparecen ellos como farsantes y mentirosos, sino el partido político que los sustenta. Estamos convencidos de que lo de las promesas electorales debe ser cosa atrayente, porque a ellas acuden, por encima de cualquier otra personalidad más o menos definida y como moscas a panal de miel, todos los incompetentes conocidos. Es ahí, en la mentira, donde mejor se desenvuelven y donde mejor papel hacen, porque no les importa el daño que ejercen sobre quienes confían en ellos y porque para mentir se han preparado especialmente. Ocurre, no obstante, que la mentira, como augura el viejo refrán, tiene las patas muy cortas y más bien temprano que tarde, estos deleznables personajes acaban cayendo en sus propias falsedades y pagando cara su osadía.

Así, un mal día para estos mentirosos compulsivos alguien llama a su puerta y les reclama lo que es suyo, que para eso se lo cambió por su voto. Y ya no sirve que les dé más largas, porque después de varios renuncios, no cree lo que le dice y mantiene su exigencia hasta que sea necesario. Y algo de esto es lo que está ocurriendo entre nosotros, que alguien se excedió en sus promesas y ahora está obligado a cumplirlas si no quiere verse en líos. Los que antes se conformaban con el pago de la luz o el agua y algún colchón que otro, ahora, comprobado la fácil que ha sido acceder a las arcas públicas, quieren más y más. Y entenderán ustedes que estén en su derecho si tenemos en cuenta que las promesas se hacen para cumplirlas y no para engañar a nadie. Por el momento, por los medios de comunicación están asomando, con ganas de vender morbo y algo más, los que se anuncian a sí mismos como damnificados por el incumplimiento de las promesas que les hicieron y que tenían que ver con puestos de trabajo y vivienda, que, como pueden comprobar, el prometedor no se andaba con chiquitas.

En realidad, Andújar vive actualmente a la espera de la realización de las promesas que se le hicieron en campaña electoral y es normal que se desespere ante panorama tan anodino y poco prometedor. Una cosa es que no le falten a nuestros dirigentes personajes invitados que limpien su cada vez más sucio expediente y otra bien diferente es que la ciudadanía crea los argumentos que esgrimen y en los que basan su mentira, porque se trata de una proyección de los mismos argumentos. La experiencia nos dice que la situación ha llegado a un punto en el que casi es mejor salir de puntillas para que no nos coja la guerra, porque a partir de ahora se inicia la cuenta atrás para hacer algo más. Naturalmente que se agradece el esfuerzo que representa asfaltar las calles o cualquier otra tarea municipal, pero es que ahora son miles de ojos los que observan el erial de los Llanos del Sotillo y las parcelas sin ocupar del Ave María, y es normal que exijan explicaciones, y más cuando se empiezan a conocer las razones que explicitan el por qué de la situación en la que nos encontramos. Culpar a los demás de nuestra propia incompetencia es evidente que sirve como justificación inmediata y para salir momentáneamente del paso, pero el tiempo es lo que es y su norma no es precisamente la de dar oportunidades al mentiroso.

Es el momento de ir más lejos y de hablar de actuaciones y de fechas, y si en el camino hay que denunciar el maltrato de éste o de aquél, que se haga, pero Andújar no puede permitir ni un día más que la actual situación se mantenga, por insoportable y por injusta.