jueves, 17 de diciembre de 2009

MAÑANA: DÍA INTERNACIONAL DEL MIGRANTE



Fue el 4 de diciembre de 2000 cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas, conocedora de que existe un importante número de inmigrantes en el mundo, y que ese número continúa incrementándose, proclamó el Día Internacional del Migrante. Antes, este mismo día de 1990, la Asamblea había adoptado la convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares. Por lo tanto, los Estados miembros de la ONU, así como las organizaciones intergubernamentales y organizaciones no-gubernamentales, están invitados a observar el Día Internacional del Migrante a través de la difusión de información sobre los derechos humanos y las libertades fundamentales de los migrantes, el intercambio de experiencias y la formulación de medidas para protegerlos. Así de escueta es la información que nos proporcionan los organismos implicados en la conmemoración que tendrá lugar mañana y que nosotros usamos hoy para recordarnos, a ustedes y a nosotros mismos, que nuestro país, que no hace tanto tiempo era un gran exportador de mano de obra tanto dentro como fuera de él, hoy es receptor de quienes vienen en busca de lo que por entonces buscaban nuestros padres o abuelos, es decir, tarea en la que emplearse para, con el rendimiento que obtienen de ella, vivir con dignidad.

Lo que nos llama la atención es que un organismo mundial como la ONU no tuviera en cuenta este fenómeno social hasta el 4 de diciembre de hace sólo nueve años, y más cuando desde los años cincuenta hasta hoy mismo el mundo ha estado “recolocándose” allí donde ha creído que tenía futuro. Las migraciones responden siempre a la misma llamada, es decir, a las necesidades más perentorias del ser humano, como es el hambre. Entre nosotros, que recibimos legal e ilegalmente a miles de desplazados cada año, conocemos de sobra las razones que obligan a estas personas a salir de sus respectivos países en busca del paraíso soñado que les permitan desarrollarse como seres libres y vivir con holgura junto a su familia. Los que crean que toman tan importante decisión por capricho, no sólo se equivocan, sino que desconocen absolutamente la realidad en la que se han desenvuelto hasta el momento decisivo de iniciar la búsqueda de nuevos horizontes. Como dato contundente y determinante, sepan que prefieren dormir en la calle en nuestro país que hacerlo bajo techo en el suyo.

Si luego de conocer la infinidad de problemas con los que se enfrentan en los lugares en los que desembarcan, a veces sin documentación, sin dinero que les avale al menos durante un tiempo y luego de recorrer miles de kilómetros desde su país de origen y dos o tres años errando por diferentes territorios, quienes no entiendan, justifiquen y les echen una mano en situación tan crítica, o no tienen corazón o han sido infectados por las opiniones de quienes interesadamente les hacen responsables del aumento de la delincuencia en nuestro país. Por eso nos ha llamado la atención que Naciones Unidas aprobara en el año 2000 la resolución que concede un día al año para la conmemoración de la jornada de mañana. Y es que se entiende que debió ser en su seno donde se debieron buscar soluciones hace años que dignificaran la vida de estas personas en sus países de origen para evitarles desplazamientos sangrantes obligados por el hambre.

Que sea la ONU la que erradique los Gobiernos presididos por tiranos, que evite la corrupción de los gobernantes que se quedan con el dinero que se les envía con fines sociales, que controle los alimentos que reciben por toneladas y que active las políticas precisas que cambien el Tercer Mundo si de verdad queremos vivir en paz. Todo lo demás son sólo maniobras orquestadas por quienes manejan nuestro futuro en la sombra y que se aprovechan de la pobreza de estos países para enriquecerse vergonzosamente. Mientras este organismo internacional no muestre capacidad para hacerse con la situación, como está ocurriendo con la cumbre sobre el cambio climático que se desarrolla actualmente en Copenhague, casi sería mejor que echaran la llave y que cada uno se fuera a su casa.

Recuerden que la jornada de mañana debe servirnos a todas y todos para reflexionar sobre la situación que viven millones de personas en el mundo y que necesitan de quienes estamos más acomodados.