martes, 1 de diciembre de 2009

ROSAS Y ESPINAS PARA EL COMERCIO DE NUESTRA CIUDAD



Algunos de ustedes, sobre todo si política o empresarialmente están interesados en que se guarde silencio, seguro que no estarán de acuerdo con nuestras apreciaciones. Si recuerdan, hace unos días les comentábamos el caos en el que se desenvuelven buena parte de nuestros comerciantes debido a las obras que se efectúan en las calles en las que están instalados. Y les recordábamos a los responsables del asunto que tuvieran en cuenta que los días en los que estos empresarios tienen la oportunidad de resarcirse de los meses negros de ventas que arrastran, son precisamente los de diciembre, por lo que la dificultad de acceso a sus negocios acabaría pasándoles factura en forma de menos clientes de los habituales por estas fechas. Lo dijimos entonces y nos reafirmamos ahora en nuestra denuncia, y más teniendo en cuenta que el gobierno municipal tuvo tiempo y oportunidad de iniciar las obras al menos dos meses antes de lo que lo hizo, contribuyendo de esta forma a lo que acontece y padece ahora el sector del comercio.

Si anotamos en nuestra hoja de ruta que vienen unos días de descanso debido a la celebración de la Inmaculada y la Constitución, es decir, que las obras quedarán como están casi una semana, ¿qué resultado comercial se obtendrá de la convocatoria que hace la Cámara de Comercio del día del “stock” que tiene previsto convocar el día 12 de este mes? Por supuesto que tendremos ópticas diferentes para analizar la situación, pero entendemos evidente que la planificación municipal no ha existido, que no se han tenido en cuenta los contratiempos propios de obras de tal envergadura, que comenzaron a destiempo, que no se han controlado técnicamente como necesitan estas intervenciones y que no se han mantenido las fechas de finalización previstas. Con tal acumulación de despropósitos, entenderán ustedes que muchos de nuestros comerciantes se encuentren realmente preocupados por la continuidad de sus negocios agobiados como están por el mal estado de las calles y, consecuentemente, por el peligro real que tienen para los clientes los accesos a sus tiendas.

Luego podemos darle la forma que quieran y que más les interesen a los implicados, desde la clase política a los ejecutores de la obra, pero la realidad es la que es y poco se puede quitar de lo que les hemos contado, y que sepan que hemos sido generosos, porque si les añadimos que en algunas de las obras han tenido que ser los vecinos los que han observado y denunciado defectos en los acabados que repercutirían sobre sus viviendas, y pueden dar fe de ellos los residentes en calles como Río Yeguas o Río Betis, no acabaríamos nunca. Mientras le buscan una salida airosa a situación tan preocupante como alarmante, les diremos que seguimos echando de menos la intervención técnica y política a algunas de las renovaciones que se llevan a cabo en la ciudad, desde la calle Larga hasta Ramón y Cajal y Las Monjas, que se están eternizando en el tiempo y participando muy activamente en el deterioro de los comercios en ellas radicados. En cuanto al vecindario, lo que han tenido que sufrir los residentes en calle Las Monjas, sinceramente, no tiene nombre. El gran socavón abierto en el centro de la calle, con el acerado anunciando su caída en cuanto alguien le pusiera un pie encima, y a su alrededor una vallas sujetas con palillos de dientes, que casi siempre estaban en el fondo del gran agujero, no le influían precisamente tranquilidad y les perjudican en sus habituales idas y venidas.

Sabemos que todas las obras generan inconvenientes, y las nuestras no iban a ser diferentes. Pero también sabemos que existen unas normas legales que controlan los excesos de quienes no tienen en cuenta a las personas en situaciones de este tipo, y en nuestro caso es evidente que no se ha contado con ellas en ninguna de las intervenciones que se han hecho y se están haciendo. Y como la ciudadanía tiene delegado en el Ayuntamiento este tipo de controles, les pedimos que les echen una mano y eviten en todo lo posible el sufrimiento que les supone entrar y salir a sus domicilios, y que debe ser extensivo para el comercio ubicado en estas calles.