
La semana santa ha finalizado. Los que se quedaron para vivirla de cerca fueron muchos, pero no es nada desdeñable, un año más, la cifra de aquellos que deciden irse a descansar lejos del bullicio propio de estos días. Y lo cierto es que gente, lo que se dice gente en las calles, ha habido para dar y regalar. De hecho, hacía años que no veíamos a la ciudad tan repleta y con tantas de ganar de disfrutar días tan especiales como emblemáticos para los amantes de las tradiciones junto a sus amigos o familia. También hemos comprobado que aumenta el número de los que deciden venir a vernos porque alguien les ha hablado de cómo vivimos aquí el procesionamiento de las magníficas imágenes que salen cada año a recorrer las calles de la ciudad. Evidentemente, la sierra nos echa una mano, lo mismo que la cocina de nuestras y nuestros extraordinarios restauradores, capaces de hacer realidad platos ancestrales y al mismo tiempo cocina de autor auténticamente vanguardista. No hemos echado de menos tampoco, ya que estamos haciendo memoria de cómo hemos disfrutado esta semana, de lo de siempre, es decir, de la exagerada suciedad con la que hemos tenido que compartir procesiones y las visitas propias a los bares y cafeterías. Fuera, en la calle, es verdad que las brigadas de la limpieza viaria han hecho todo lo posible por cambiar el aspecto de nuestras calles y avenidas, pero seguimos mostrando nuestra peor cara en cuanto tenemos oportunidad, y días como estos, con toda la chiquillería en la calle, no iban a ser menos, y hemos dejado constancia un año más que el premio a la ciudad más limpia no nos lo darán nunca.
Sin embargo, no es un detalle que debamos dejar pasar sin más, porque, entre otras razones, hacemos un flaquísimo favor a quienes, como en el caso de los integrantes de las cofradías y hermandades, además de a la imagen general de la ciudad, han trabajado lo indecible para embellecer sus pasos y sus propias vestimentas para hacerlo transitando en un ambiente no precisamente idóneo para exponer en público sus santos patronos, de valor estético e histórico. Lo hemos dicho en varias ocasiones y creemos que es un buen momento para recordarlo, convencidos de que es una necesidad real que cambiaría sensiblemente la imagen que, los que nos visitan y nosotros mismos, tenemos de la Andújar del siglo veintiuno: es necesario que desde el Ayuntamiento y las asociaciones vecinales se inicie cuanto antes el desarrollo de diferentes acciones que coadyuven a un cambio de actitud de la ciudadanía, invitándola a que participe activamente en la consecución de un objetivo común: una Andújar más limpia y cuidada.
Los que crean que esa es una tarea exclusiva de la autoridad competente, no sólo hierra en su juicio, sino que contribuye a que todo siga igual. Las ciudades del interior, a las que el mar les queda lejos, deben aportar a su mensaje publicitario un aspecto de comunidad aseada, una forma por cierto ideal de escamotear las deficiencias que tenemos, que no son pocas y que demandan la intervención municipal desde hace años. Fíjense en este detalle: el arreglo que se está haciendo a la entrada/salida de la carretera de la sierra o Hermanos Del Val le está imprimiendo un evidente aspecto de equipamiento de seguridad que tanta falta le hacía a una zona en la que se producían a diario situaciones de auténtico peligro, y no sólo en la entrada y salida de vehículos al hotel ahí situado, que lo era y mucho, sino en la subida y bajada de los usuarios de esos vehículos, que se colocaban en medio de la carretera suponemos que inconscientemente, pero jugándose la vida.
Lo que no parece que admita duda es que la ciudad necesita de todos y todas, y muy especialmente de quienes tienen en sus manos la posibilidad de influir en nosotros para cambiar las costumbres de una gran mayoría. Desde luego, para echar una mano en la consecución de este objetivo tenemos medios de comunicación, también asociaciones vecinales que seguro que se prestarían al desarrollo de los programas a los que sean invitados, y no nos falta Concejalía medioambiental que seguro padece especialmente esta deficiencia ciudadana y que podría dirigir los programas a desarrollar.