De nuestros políticos recibimos continuamente información sobre sus quehaceres, especialmente de sus decisiones y actuaciones. Unos personalmente; otros, por aquello de que disponen de más medios económicos que no son suyos, hacen lo mismo, pero con la diferencia de que nos lo envían a través de sus gabinetes de prensa, que es algo más cómodo y, sobre todo, seguro, porque lo habitual es que su desconocimiento o simplemente su incontrolada sinceridad les juegue de vez en cuando una mala pasada y acaben apareciendo como torpes o desconocedores de la función que se les tiene encomendada por su partido. Ocurre a todos los niveles y tenemos oportunidad de comprobarlo casi a diario, detalle que los hace quizá más humanos y próximos a la ciudadanía. Entre nosotros, sólo hay que asistir a las habituales ruedas de prensa para cerciorarse de la incapacidad de algunas y algunos para desarrollar adecuadamente sus tareas, circunstancia que no tendría mayor importancia si no fuera porque ellas y ellos son el reflejo de la sociedad que los sustenta. Particularmente, no estaremos nunca de acuerdo con alguien que soporte la responsabilidad de una concejalía conociendo sus limitaciones, y no sólo para esa concreta delegación municipal, sino para cualquier otra.En nuestra ciudad, independientemente de la habitual actitud despótica de nuestra primera autoridad incluso con sus propios compañeros, que pueden comprobar ustedes asistiendo a cualquier pleno, que para eso son públicos, escuchamos ráfagas como la que, en el pleno de los presupuestos, tuvo a bien dedicarnos la concejala de Economía y Hacienda. Lo hizo dirigiéndose al grupo socialista y vino a recriminarle la actitud de su líder, que ha decidido regalar unas vacaciones a los empleados del Boletín Oficial del Estado, siempre según sus palabras, en vez de dárselo a los damnificados por las anegaciones que han sufrido las tierras de los vecinos de La Isla, La Ropera y El Sotillo. Y la mujer se quedó tan tranquila. Evidentemente, aprendido sí que lo llevaba el tema; quizá es que no lo supo plantear correctamente. Y es que cuando te dicen lo que tienes que decir, lo mismo que cuando te dicen que firmes lo que debe firmar el otro, que de esta forma se exime de toda responsabilidad, lo normal es que no te salga bien.
No obstante, el perdedor fue el Partido Socialista, que no estuvo al quite y perdió la oportunidad de decir la verdad sobre el asunto. Por otro lado, quizá nos hayamos propuesto, o nuestros representantes políticos por nosotros, escamotear sus defectos echando mano de lo que sea con tal de eludir responder a la demanda puntual. De todas formas, lo que debería plantearse nuestra delegada de la cosa del dinero en nuestro Ayuntamiento es a preguntarse ¿por qué nos gastamos cuarenta mil euros en la actuación de un grupo musical y no se lo hemos dado a las gentes que dice lo están pasando tan mal?; o ¿por qué nos gastamos tanto dinero en carpas e instalaciones semasanteras para que luego las disfruten unos cuantos y encima que sean críos, y no hacemos lo propio con los que están sin trabajo y la hipoteca sin pagar? ¿Cómo es posible que invirtamos seiscientos mil euros en el desarrollo de la romería y no tengamos para pagar a los proveedores, que siguen esperando que concretamente esta responsable política decida abonarles las facturas que les deben desde hace cinco o seis años, como es nuestro caso? Es más, ya puestos con la solidaridad como excusa, ¿por qué no pide a sus compañeros de corporación que donen el dinero que reciben por acudir a las comisiones y a los plenos, además del sueldo que cada mes debían cobrar como concejales? Desde luego, como detalle sería extraordinario.
Si de lo que se trata es de echar mano de la demagogia, ya ven ustedes lo sencillo que es y lo rentable que resulta. Por el contrario, si lo que se quiere es vender un producto político que necesita de un envoltorio especial y una exposición acorde con el valor que tiene, nada mejor que ponerse manos a la obra y aprender cómo se hace, porque les podemos asegurar que también este apartado está inventado y se trata sólo de aprendérselo de memoria o de carrerilla, que es como se decía antes. Lo que sea antes de caer en el error de menospreciar la inteligencia de los asistentes, que parece que se les ha olvidado que cada vez son menos los analfabetos contabilizados en Andalucía, por mucho que insista la compañera de partido de la señora concejala, doña Ana Mato, en que los andaluces somos todos unos analfabetos, especialmente los niños. Lo quieran o no, las responsabilidades siempre andan cerca de sus creadores y es no es bueno querer compartirlas con quien sea con tal de perderlas de vista. Ya se sabe: a lo hecho, pecho. Y si no, pensárselo antes sería una buena decisión.