Hace unos años, en una ceremonia preparada concienzudamente y ajada por el aguacero en el que se tuvo que desarrollar, se puso la primera piedra de lo que es posible que algún día sea el nuevo templo del patrón de la ciudad, san Eufrasio. Los terrenos siguen en el mismo sitio, aunque suponemos que no quedará nada de lo que se enterró con la piedra en cuestión. Por lo que hemos escuchado en varias ocasiones, los deseos de la hermandad del santo varón se mantienen inmaculados como el primer día, por lo que conviene preguntarse qué ocurre con la construcción de este templo y, más aún, si de verdad la iglesia provincial tiene previsto iniciar la campaña que necesita una obra de esta importancia, en la que la implicación de la sociedad es imprescindible. La verdad es que el momento que vivimos fue extraordinario, con la presencia del nuncio de Roma, del obispo de la diócesis y la representación de todo tipo de autoridades y rangos. A partir de ese momento, cuando se apagaron las velas y cada uno se fue por donde había venido, nada se supo de templo tan necesario, porque debemos recordar que el actual se ha quedado pequeño y que las necesidades parroquiales cada vez se desarrollan con más dificultad.En nuestra ciudad, lo de las primeras piedras, exceptuando la que se puso en su día para la construcción del hospital Alto Guadalquivir, es cosa menor, o al menos eso deben pensar los que las proponen y aparecen junto a ellas mientras se desarrolla el rito de su colocación. Sin ir más lejos, ahora hace tres años que se puso la de Inonvandújar, el famoso parque tecnológico de la ciudad que tanto trabajo nos daría y que al final lo que nos ha dado ha sido dolor de cabeza. Eso a nosotros, porque a la junta de compensación, que es lo mismo que decir a los dueños de los terrenos en los que es posible que algún día veamos construido un polígono industrial, les debe haber dado algo más, porque por el momento lo único que han hecho ha sido poner dinero y perderlo de vista, porque por allí nadie lo ve. Recordamos el momento como si lo estuviéramos viendo: el alcalde presidiendo la habitual corte de palmeros prestos a darle algo de brillo a un acto que se sabía de antemano que no serviría nada más que para eso, para el paripé y el vídeo y la foto de rigor. La retroexcavadora moviendo tierra de un lado para otro, los concejales del gobierno municipal en sus puestos, los representantes de los organismos afines al polígono y al gobierno cerca para salir en la foto y naturalmente los que andan pidiendo industrias para Andújar cuando son llamados al orden, que para eso están. La situación la habíamos vivido dos o tres veces más, y siempre con las mismas intenciones, y si no recuerden cuando lo de los mástiles y las banderolas, que también fue sonada. Luego, otra vez lo mismo. Lo de siempre. Allí, en donde tanta ilusión se había puesto por parte de la ciudadanía, sólo quedan algunos restos de los millones de euros que se invirtieron y agua, mucha agua, de las últimas lluvias caídas. Es más, ni siquiera les queda tela a las banderolas, que es lo máximo que nos puede ocurrir, porque ya ni siquiera podemos presumir del único terreno que tenemos en propiedad.
Por eso, cuando hemos escuchado que nuestra primera autoridad va a poner la primera piedra del nuevo campo de deportes que la Junta de Andalucía va a construir en el barrio de La Paz y que tiene previsto hacer o propio con la primera piedra de lo que en su día será la grada cubierta del campo de Santa Úrsula, lo primero que hemos hecho ha sido mirar al cielo y rogar que ahora sí, que ahora sea de verdad. Y es que, como comprenderán ustedes, con este expediente colgado sobre el hombro del equipo de gobierno, lo menos que podemos hacer es desconfiar de que sea cierto, y más cuando sabemos que concretamente el pabellón debió construirse hace cinco años, que fue cuando la Junta de Andalucía aportó la cantidad prevista y que hasta ahora ha estado más perdida que un pavo en un garaje. Por el momento, todas las primeras piedras que ha colocado nuestra primera autoridad no han tenido continuidad, que es lo mismo que decir que tiene gafe porque de otra forma no se explica. No obstante, esperamos sinceramente que en estas dos nuevas piedras ocurra todo lo contrario y podamos disfrutar de los evidentes beneficios que van a suponer estas dos construcciones. Con todo, con nuestras dudas nos quedamos.