jueves, 8 de abril de 2010

LA PLAZA DE ABASTOS SIGUE SIENDO LA GRAN OLVIDADA

Ahora que parece que el equipo de gobierno ha dado con la tecla y comienza a aparecer el dinero que, desaparecido desde hacía años, como es el caso del previsto invertir en la construcción del pabellón de deportes del barrio de La Paz, bueno será que rebusque para encontrar los miles de euros que, desde tiempos del señor Salas, decían tener preparados, listos, ya, para invertir en la recuperación general de la plaza de abastos. De hecho, siempre que en el despacho de la Alcaldía-Presidencia se detectan movimientos y quejas de los integrantes de Agrumerca, que es la asociación que reúne a la práctica totalidad de los profesionales con puestos de venta en este recinto, lo primero que escuchamos es que guardan más de doscientos mil euros con el objetivo de remozarlo por dentro y por fuera, pero de ahí no pasa. Puede que sea cosa del poder de convicción de nuestra primera autoridad o del posible entendimiento previo que exista entre las partes, porque lo evidente es que se produce el encuentro, se alcanzan acuerdos que convienen a ambas partes y, a partir de ese instante, no se vuelve a plantear el tema hasta que interesa. Mientras tanto, ya ven ustedes. Nuestra plaza de abastos, que ha sido motivo de visitas por parte de profesionales del sector de otras provincias, que ha sido estudiada por alumnos de Arquitectura porque reúne infinidad de características y peculiaridades que la hacen única, no recibe ni un euro de quien está obligado a ello, es decir, del Ayuntamiento. Si acaso, a lo más que han llegado ha sido a eliminar la figura del agente municipal que controlaba los puestos, los aparcamientos de superficie y las visitas de indeseables que entorpecían el normal desenvolvimiento de clientes y vendedores.

De lo importante o trascendente que estos profesionales vienen demandando desde hace años, como es el caso de unas nuevas cámaras frigoríficas en las que poder depositar sus mercancías con seguridad, que aporten una nueva imagen al exterior y más capacidad que les permita una mejor organización, de eso sencillamente no se habla. Tampoco del gerente, que es una figura que reclama Agrumerca convencida de que les facilitaría la tarea a todos, y muy especialmente a quienes soportan la dirección de su junta directiva, que deben dedicar su escaso tiempo libre a solventar los problemas diarios del recinto. Menos aún, del conjunto de medidas que tomaron estos profesionales a favor de una imagen de marca que hiciera de la plaza de abastos una organización con capacidad para ofrecer, entre otros servicios, carros para la compra, aparcamientos a precios conveniados y servicio a domicilio. En cuanto al estado del conjunto, deteriorado por demás, en el que no se consigue la imagen de limpieza y aseo que le convendría, las declaraciones que han realizado nuestros políticos siempre han sido a favor de una intervención inmediata, costosa y definitiva para el futuro de nuestro mercado. Eso sí, siempre se han quedado en eso, en prometer lo que hiciera falta en ese momento para luego aparcar el asunto hasta un nuevo brote de cabreo colectivo que les obligara a la renovación de promesas y al compromiso personal de nuestra primera autoridad, de que no habrá más dilaciones en tema tan importante.

Hubo un tiempo político en Andújar en el que todos nuestros problemas hubieran dejarlo de serlo si lo que nos prometieron se hubiera cumplido. Como “el Conseguidor” se conocía al concejal andalucista, y el apelativo le venía como anillo al dedo, ya que lo suyo era anunciar que conseguiría solventar cualquier problema por la vía rápida. Es más, invitaba a los ciudadanos cansados de reclamar que recurrieran a él, convenciéndolos de que trabajaría denodadamente hasta la consecución de sus demandas. Fue precisamente el señor Salas, cuando formaba parte del gobierno municipal en alianza con el Partido Popular, el que consiguió para él y su formación política una atención popular que, de haber cosechado algún éxito, el futuro del Partido Andalucista sería bien distinto al de ahora. Pero no. Y esto fue lo que ocurrió con el mercado, que se echó encima él solito la mejora general del conjunto y, por supuesto, la construcción de unas cámaras nuevas, para luego dejar tiradas las ilusiones que en él pusieron los profesionales de Agrumerca. Sin embargo, su trabajo no ha sido en balde, porque en lo de prometer y no hacer nada dejó escuela, y un buen ejemplo de ello lo tenemos en nuestro alcalde.