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Nuestra posición con respecto al bochornoso espectáculo que ofrecen unos contenedores rebosantes de basuras y rodeados de todo tipo de restos mucho antes de la hora en la que éstas deben ser depositadas, siempre ha sido la misma. Y la hemos criticado como merece y hemos ido con el mensaje hasta la misma puerta de la Concejalía competente. Y no una ni dos, sino muchas veces. La respuesta de esta delegación, quizá por costumbre, también ha sido la misma, incluso cuando hemos querido compartir su responsabilidad con los ciudadanos que no aceptan las imposiciones en vigor y depositan su bolsa cuando les conviene. Las razones que pudieran esgrimir, porque ni siquiera este detalle tienen con quienes sólo persiguen que se acose a los que no atienden a las buenas costumbres, no las conocemos. Suponemos que sí, que opinión sí que tendrán y que lo más probable es que coincida con la nuestra, pero no la dicen en público ni en privado. Quizá se deba a que no aceptamos el desarrollo habitual de sus tareas y, además, lo digamos en público, pero ¿cómo guardar silencio cuando vemos la cantidad de suciedad que se genera en la zona del mercadillo de los martes? ¿Es que no tenemos ni siquiera derecho a preguntarnos que cómo es posible que aún se mantengan dos contenedores junto a las vetustas piedras de la iglesia de santa María, que por las tardes presentan un aspecto realmente desolador y que dañan no sólo a esta esplendorosa y magnífica construcción, sino a todo lo que, a su alrededor, nos encontramos al paso, como es el caso de un restaurante de primer orden, o los Juzgados comarcales o la Delegación de Hacienda, es decir, precisamente tres puntos de concentración de personas, y al que debemos añadir un colegio público? ¿Cómo podemos o debemos calificar semejante actuación?
En la misma línea, ¿cómo es posible que nos encontremos con el mismo desajuste estético en la parroquia de san Miguel o en el templo de las Trinitarias, recientemente declarado, por cierto, bien cultural por la Junta de Andalucía? Es más, ¿se les ha ocurrido deducir que en puntos concretos de la ciudad es necesario aumentar o distribuir los contenedores para mejorar el paisaje? Sin ir más lejos, el situado junto al asilo, en la calle Ibáñez Marín; o los que nos encontramos en plena Judería, junto a los muros de La Salle; o los colocados en la calle Los Naranjos, justo al lado de la peatonal Doce de Agosto… ¿Tendremos que deducir que en realidad no son los ciudadanos los que deben ser denunciados y sí la autoridad competente, por cuanto no dotan de contenedores suficientes las zonas que los demandan a gritos?
En cuanto a la ubicación de algunos de ellos, es evidente que no tienen ni idea y menos aún interés por facilitar la aproximación a los usuarios y, al mismo tiempo, evitar accidentes. ¿Y por qué? Muy sencillo: porque no tiene sentido que un contenedor se coloque junto a un acerado en el que no hay viviendas y se vean obligados los usuarios a cruzar la calle para dejar su bolsa. Por ejemplo, el situado en el paseo de las Vistillas, junto a la rotonda conocida como de Cortijos, o la ronda Mestanza, o junto al campo de fútbol del barrio Puerta de Madrid, o en la avenida Pablo Picasso… La ubicación de algunos de ellos nos lleva a pensar que los deben haber distribuido, más que los responsables municipales, los trabajadores que recogen la basura, porque desde luego fácil sí que se los han puesto.
En la misma línea, ¿cómo es posible que nos encontremos con el mismo desajuste estético en la parroquia de san Miguel o en el templo de las Trinitarias, recientemente declarado, por cierto, bien cultural por la Junta de Andalucía? Es más, ¿se les ha ocurrido deducir que en puntos concretos de la ciudad es necesario aumentar o distribuir los contenedores para mejorar el paisaje? Sin ir más lejos, el situado junto al asilo, en la calle Ibáñez Marín; o los que nos encontramos en plena Judería, junto a los muros de La Salle; o los colocados en la calle Los Naranjos, justo al lado de la peatonal Doce de Agosto… ¿Tendremos que deducir que en realidad no son los ciudadanos los que deben ser denunciados y sí la autoridad competente, por cuanto no dotan de contenedores suficientes las zonas que los demandan a gritos?
En cuanto a la ubicación de algunos de ellos, es evidente que no tienen ni idea y menos aún interés por facilitar la aproximación a los usuarios y, al mismo tiempo, evitar accidentes. ¿Y por qué? Muy sencillo: porque no tiene sentido que un contenedor se coloque junto a un acerado en el que no hay viviendas y se vean obligados los usuarios a cruzar la calle para dejar su bolsa. Por ejemplo, el situado en el paseo de las Vistillas, junto a la rotonda conocida como de Cortijos, o la ronda Mestanza, o junto al campo de fútbol del barrio Puerta de Madrid, o en la avenida Pablo Picasso… La ubicación de algunos de ellos nos lleva a pensar que los deben haber distribuido, más que los responsables municipales, los trabajadores que recogen la basura, porque desde luego fácil sí que se los han puesto.
Es evidente que pedimos atención para un problema de calado que la ciudad padece sin rechistar y que no va a servir de nada. Si después de ocho años responsabilizándose de un área manifiestamente mejorable no han sido capaces de ir más allá que de escamotear algunos contenedores, entenderán que mostremos nuestras dudas al respecto. No obstante, si debemos recoger velas y reconocer que se ha recorrido algún trecho en la clamorosa mejora que necesita la ciudad, no duden que les daremos las gracias públicamente.