lunes, 7 de febrero de 2011

PRESENTE Y FUTURO DEL GUADALQUIVIR Y LA CIUDAD QUE LO ACOGE



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Una vez visitamos la exposición que los hombres y las mujeres de la plataforma del río Guadalquivir han preparado, no sin esfuerzo, en la antigua iglesia de santa Marina con el único objetivo de mostrar la realidad del río a quienes, desconocedores de un asunto de tanta trascendencia por razones que ahora no vienen al caso, han podido ser influenciados por opiniones nada aconsejables y cambiantes dependiendo de quién les abonaban su mentira, nuestra intención no es otra que la invitarles a que la visiten, que observen sin prisas fotos y recortes de prensa, que pregunten y que, una vez finalizado el recorrido, su opinión la basen en una realidad contrastada sencillamente porque la han podido ver por sí mismos. Y les decimos esto porque sobre estas personas, sobre la plataforma, han recaído todo tipo de venturas y desventuras procedentes de algunos medios de comunicación casi al mismo tiempo que se las tenían que ver con la fuerza de la naturaleza en forma de riadas, inundaciones y, lo que es peor, la soledad que supone verse solos en momentos tan importantes. Politizado este asunto hasta las trancas, y teniendo en cuenta que por el momento dos son los partidos políticos que han tenido responsabilidad directa sobre su solución, ninguno de ellos ha sabido responder con la entereza que merece: unos por exceso, y otros por todo lo contrario.

Es verdad que durante estas últimas inundaciones, las de 2010, han aparecido titiriteros de todos los colores, pero sin más argumentos que los que les han proporcionado en la Alcaldía-Presidencia, pero con bagaje tan escaso y falto de rigor, la verdad es que el camino a recorrer será muy corto porque serán imbuidos por sus propias mentiras. El río necesita de personas recias, cinceladas entre el ir y venir de las aguas, formadas en la desgracia y profundas conocedoras de los movimientos de las tierras que las han visto nacer, y no de embelesados egocéntricos capaces de ridiculizarse a sí mismos a cambio de una amistad pasajera e interesada y vacía por inexistente. Evidentemente, para que alguien pueda ser utilizado por otro que sea mucho más listo que él, es fundamental su predisposición, su insistencia en deshonrarse públicamente y mostrar escasez de principios. Y luego para que, como no se avergüenzan de decirlo en público, les llenen el bolsillo, porque si se tratara de una contundente convicción, otra bien diferente sería nuestra opinión.

Y lo que más duele de todo esto es que dediquen sus esfuerzos a dañar a personas que ningún daño les han inferido o deseado, que en realidad no las conocen de nada y que, si acaso, han cometido sólo un pecado: tener las ideas claras y no venderse a nadie. Las mujeres y los hombres que conforman la plataforma del río, aunque a estos chiripitiflauticos les molesten, han mostrado desde el primer día una coherencia envidiable y a toda prueba, han sabido estar a las duras y las maduras, y son precisamente estos inconsecuentes los que deben sentirse humillados por su propia irracionalidad, por su falta de solidaridad y malas formas con aquellos a los que les han podido y debido ayudar y no lo han hecho. Tiempo y oportunidades desde luego que no les han faltado, pero insistimos que no han querido, que han hecho todo lo posible por alargar su agonía, y si no recuerden los ocho años que tuvieron que esperar para que les pagaran las indemnizaciones.

Por todo esto es interesante que visiten esta exposición y que lo hagan despacio. Comprobarán, por ejemplo, cómo los que no sienten vergüenza en proclamarse a sí mismos imprescindibles en la dinámica política de la ciudad, que presumen de que sus opiniones son tenidas en cuenta donde se toman las decisiones, unas veces ascienden a las altares a quienes al día siguiente echan por los suelos. Ellos lo llaman coherencia; nosotros tenemos otra definición para estos trepas, pero nos la guardamos. Así, es el momento de mostrar nuestra incondicional disposición con quienes, al tiempo que luchan por solventar sus problemas, influyen decisivamente en la mejora del río Guadalquivir a su paso por nuestra ciudad y, por ende, en la seguridad de todas y todos.