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Invitado por algunos vecinos interesados en que la situación que vive su entorno sea conocida por el resto de la ciudadanía, recorrimos la plaza del Doctor Ramírez Carrasco y las calles que la circundan. La primera impresión les podemos asegurar es que no parecía que estuviéramos en Andújar, sobre todo porque calles próximas a esta zona han sido mejoradas hace muy poco, quizá sin justificación comparativa, mientras esta parte de nuestra ciudad, según lo que vimos y que nos confirmaron los residentes, está abandonada desde hace muchos años. Y es una pena y no menos una vergüenza que nuestros gestores, incluida la oposición, porque recordemos que participó en la elección de las que debían renovarse, hayan contribuido al abandono que padece esta zona y que injustificadamente tanto la daña. Y lo es más porque han sido muchos los residentes que han invertido dinero en mejorar sus propiedades para que luego se diluyan en el mar de agujeros que nos encontramos al paso, ya sea andando o en coche.
Les hablamos de una placeta idílica que está rodeada de construcciones de no más de tres pisos, próxima a calles tan conocidas como Verbena o Lope de Vega, pero como no se ve, como está al cobijo de estas vías, como no es de paso, como los vecinos no han sido capaces de denunciar semejante desprecio haciéndolo público y compartiéndolo con el resto de ciudadanos, el equipo de gobierno ha optado por mantenerlo como está, y les podemos asegurar que ni los residentes ni la zona merecen esta vejación. En otra ciudad, con dirigentes más comprometidos, por supuesto que se hubiera priorizado una plaza que en su día debió ser punto de encuentro vecinal y celebraciones de todo tipo. Y es que reúne prácticamente todos los elementos que la hacen utilizable, ya que permite a niños y mayores disfrutarla sin temor a vehículos en movimiento.
Pero es que, ya puestos, decidimos acudir a otro lugar en busca de la justificación de las quejas que nos llegan de los que viven en el barrio de La Paz o de La UVA. Lo primero que nos llamó la atención, justo a la derecha de la entrada a esta zona de la ciudad, es que existe un solar cerrado debe hacer muchos años, en el que pudimos ver un acceso directo para quien quiera visitarlo sin limitaciones y en el que nos encontramos con todo lo imprescindible para que los menores se introduzcan en él y disfruten de hierros oxidados de todos los colores y tamaños, y tampoco faltan otros elementos que le añaden aún más peligro. Y es extraño que desde el Ayuntamiento se practique un continuado y pertinaz seguimiento sobre algunos solares, por no decir de sus propietarios, en busca de errores que poder denunciar y sancionar, y éste, enorme, con años a sus espaldas y a mano de un colegio, pueda entrar y salir todo el que lo desee.
En cuanto al resto de las vías de comunicación de este barrio, les podemos asegurar que se encuentran en estado de ruina. Casi sin asfalto, con escasez de luz, con obras detenidas y otras mal realizadas… Por todo esto, que los vecinos monten en cólera y se quejen del olvido de sus dirigentes, lo creemos del todo justificado. Cuando menos es penoso que en los alrededores de este barrio existan construcciones como Sanyres o viviendas recién terminadas y otras en proceso, además del pabellón de deportes, y que en lo fundamental hayan permitido que se caiga a pedazos. Una de las consecuencias más sangrantes las padecen los propietarios de algunas de estas viviendas, que se desenvuelven a oscuras en cuanto cae la tarde, y no menos los que, por razones que sólo ellos conocen, quieren vender su propiedad y no les pagan ni la mitad de lo que les costó. Sinceramente, un olvido municipal que les costará justificar y que los vecinos critican con toda lógica y legitimidad.