martes, 20 de diciembre de 2011

MÁS INSULTOS PARA ANDALUCÍA

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Hace unas semanas anunciábamos una campaña en contra de los andaluces que pocos entendieron. Y viene de lejos el asunto y procedente de frentes políticos escasamente informados de nuestra realidad como sociedad madura y suficientemente preparada. Y es una pena, porque no solo muestra a personas con evidente falta de preparación para ocuparse de los cargos políticos que ostentan, sino que todo hace indicar que, convencidos de que en política todo vale, hacen uso de planteamientos absurdos y muy dañinos para quienes, como nosotros, que damos vida a uno de los pueblos más antiguos de España y no menos culto, no solemos perder el tiempo en memeces, porque no de otra forma debemos entender a quienes han dicho de nosotros que nuestros colegios no disponen de mobiliario escolar, o que nuestros niños son todos analfabetos, o que Blas Infante era un cretino, o que no pagamos impuestos, o que vivimos del PER o de Cataluña, uno de cuyos más representativos personajes lo aseguró en público y se quedó tan tranquilo. Por lo que conocemos de estas personas, sin dignas de ostentar  el título de “No me entero de lo que ocurre a mi alrededor” porque se lo merecen.

Y ahora, por si al pastel le faltaba alguna guinda con la que aderezarlo, aparece en el panorama de los tontos conocidos, uno de esos señoritos que creíamos engullidos por la propia dinámica social de la que ellos viven y se aprovechan, y en un alarde de saber estar, de culto porque ha estudiado e imbécil porque así lo decidió desde que era niño, y cuenta ante las cámaras de televisión que los andaluces somos vagos, que vivimos del esfuerzo de los demás y que en sus tierras no somos bienvenidos. Este guaperas, que no ha dado un palo al agua en su tediosa y regalada vida, que todo lo que tiene le viene de la madre que lo parió, que suma más de doce cortijos de enormes dimensiones, que se dedica a montar a caballo y saltar por el mundo en busca de títulos que no ha conseguido nunca, que acumula novias, esposas e hijos y que aparece en las revistas del corazón solo cuando cobra, echa mano de sus amplios conocimientos laborales y no duda en criticar a quienes, en las escasas campañas que los ha contratado, entiende que no se han ganado el sueldo que les pagó.
De todo lo demás, de la movilización de jornaleros que se ha organizado, de las quejas que hemos escuchado a lo largo de estos días (que, por cierto, nos han parecido escasas), del apoyo incondicional que nos han brindado como pueblo por parte de todo tipo de colectivos y del mundo de la cultura, no creemos necesario que nos extendamos por conocido. Sin embargo, por aquello de situar a la figura del último maltratador oral que hemos conocido, quizá no deberíamos de preocuparnos mucho si tenemos en cuenta que se trata de un personaje público escasamente socializado, convencido de que todo el que lo rodea no pasa de chusma, que vive de lo que consigue su familia de Europa por la explotación de unas tierras en las que ni plantan ni invierten. Su título le hace justicia anunciando que estamos ante un Salvatierra de mucho cuidado que se dedica casi en exclusiva a la cría de caballos, a ser perseguido por la canalla de la prensa del corazón y a pasear espectaculares mujeres con escaso éxito.

Por todo lo expuesto, estamos ante un asunto que demanda con urgencia el uso y disfrute de uno de nuestros refranes más conocidos y justos: “A palabras necias, oídos sordos”. Eso sí, este chavalote de aspecto sano y cachas se merece cuando menos nuestro rechazo. Y que conste que no lo salva ni las declaraciones de su madre, la duquesa, que asegura que ama a los andaluces. Y menos el comunicado que nos ha enviado a través de la agencia EFE, en el que hemos leído que sus palabras no se han entendido en su justa dimensión. Es decir, que primero nos llama vagos y vividores y luego imbéciles. O sea…