LAS MUJERES SIGUEN DEPENDIENDO DEL SUELDO DE SUS COMPAÑEROS O MARIDOS
Según se desprende de los datos que el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad han hecho llegar a los medios de comunicación, una importante mayoría de las mujeres asesinadas en lo que va de año por hombres con los que mantenían o habían mantenido una relación de pareja, no tenían independencia económica respecto de sus maltratadores, detalle muy importante y en lo que hay que trabajar si se quiere llegar a un mejor conocimiento de la inmovilidad de muchas mujeres, que se ven presionadas por una situación de dependencia económica que les obliga a seguir conviviendo con sus maltratadores. Conocer las razones, dimensionar la realidad con realismo y convencerlas de que existen salidas que les permiten vivir en paz, son elementos determinantes a la hora de valorar correctamente la situación personal de cada una de ellas.
A estas alturas del año, 26 son las mujeres asesinadas en el marco de la violencia de género, confirmando indirectamente que la mujer de 64 años fallecida este fin de semana en Gijón murió en un crimen de estas características. De este modo, son 26 las mujeres muertas desde el mes de enero, de las que solamente cuatro habían denunciado. Otro dato que extraña al que desde fuera observa la evolución de este fenómeno, pero que una vez analizado o cuando menos conocido, casi se entiende por la dependencia directa que la mujer tiene con su compañero o esposo. En detalle, de las 26 fallecidas, 20 eran españolas y un total de siete mujeres tenían más de 64 años de edad, mientras que otras siete estaban entre los 21 y los 30 años. Por otro lado, casi la mitad de las fallecidas habían cumplido ya los 51. En cuanto a los asesinos, españoles en su mayoría, todos han sido detenidos y han pasado a disposición judicial a excepción de seis, que se quitaron la vida, conforme con los datos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.
De acuerdo con estos datos, todo indica que está ocurriendo lo mismo que otros años, ya que tenemos los mismos datos y son cifras muy alarmantes y dramáticas. Quizá de entre las medidas a implantar de manera urgente es convencer a las mujeres de que tienen que denunciar. Pero no solo con palabras, porque es evidente que se trata de un asunto muy sensible y repleto de condicionantes y con la figura del maltratador de fondo y casi siempre decidido a acabar con la vida de su compañera. Con esta bibliografía práctica y realista como condicionante general para cualquier tipo de actividad o decisión a tomar por parte de los responsables nacionales o autonómicos de esta área, las medidas que se decidan adoptar deben estar marcadas por el peligro real que vive la mujer. Por el momento, acudir a ellas para convencerlas de que deben denunciar tiene muy poco futuro, puesto que ésta insistimos que depende, su vida y la de su prole, del sueldo del marido o compañero. Éste se sabe fuerte y controla la familia desde esa perspectiva, amenazando e imponiendo sus condiciones sin miramientos, a sangre.
Veintiséis mujeres fallecidas a causa de los malos tratos en lo que va de año se puede llamar como se quiera por parte de los entendidos ministeriales que todo lo saben, pero el hoy por hoy de las mujeres amenazadas difiere enormemente de la idea o concepción que en la calle se tiene de ello. Por todo esto, las políticas que se adopten para la detección y el control de los maltratadores no siempre pueden basarse en la información que la mujer pueda proporcionarnos. Por miedo, por coacción o por el íntimo convencimiento de que acabará con su vida en cuanto pueda, observa al compañero como un enemigo irreductible, enfermo y asesino en potencia. Si acaso, el entorno familiar es el que puede y debe preocuparse de hacer llegar el problema a la autoridad competente y ésta actuar en consecuencia. La mujer, no.
