En tiempos tan convulsos, de imparable
deshumanización en todo el mundo, de enfrentamientos entre unos y otros por
nimiedades y en los que cualquiera es capaz de matar a quien le lleve la
contraria, les contamos hoy una historia de ternura y fidelidad entre un perro y
su fallecido dueño, que estamos seguros les ayudará a comprenderse mejor a sí
mismos. Se trata de un perro llamado Capitán que apareció un buen día en un
cementerio sin que nadie lo llevara hasta allí y que empezó a dar vueltas por el
recinto. Los responsables del camposanto insisten en que el perro apareció un
día, sin que nadie lo trajera, y empezó a dar vueltas por todos lados hasta que
encontró solo la tumba de su amo. Capitán es un perro mestizo con algo de
ovejero alemán y fue el regalo sorpresa que el fallecido le hizo a su hijo en
2005.
En marzo de
2006 falleció el cabeza de familia y Capitán desapareció de la casa donde vivía,
aunque regresó al poco tiempo y se quedó en la calle, cerca de la vivienda
durante algunos días. Después desapareció definitivamente y la familia pensó que
había muerto o había sido adoptado, hasta que un día lo encontraron en el
cementerio, sobre la tumba del que en vida era su propietario. Los familiares
cuentan que el domingo siguiente volvieron a visitar la tumba y el perro estaba
allí. Aseguran que en esta ocasión les siguió en el regreso, porque habían ido
caminando. Se quedó un rato con ellos en casa, pero poco después volvió al
camposanto. Actualmente Capitán deambula por éste y a raras veces regresa a casa
de su dueño durante unas horas, pero al atardecer busca la tumba de su amo, en
donde duerme.
La familia
cuenta que pronto se hizo muy querido, aunque al principio lo conocían
por el rengo, porque había llegado a casa con una
pata quebrada. Luego fueron los mismos empleados del cementerio los que
consiguieron un veterinario para que lo curara. El director del cementerio
aseguró que el animal se ha ganado a pulso el cariño de los trabajadores del
recinto, que se ocupan de alimentarlo y de mantener al día sus vacunas. La
historia de Capitán recuerda a la de Hachiko, el perro que permaneció durante
años en una estación de una localidad japonesa esperando el regreso de su dueño
y que inspiró una película de Hollywood.
Está claro
que se trata de una historia repleta de ternura, de pasión y de amor hacia
quienes en su día le premiaron dándole cariño. Por el momento, los animales son
los únicos, y muy particularmente los perros, con capacidad para entregarse a
sus dueños sin condiciones y siempre prestos a sus órdenes. Sabemos que, de
impactar a alguien, serán solo unos pocos, pero queríamos dejar constancia de
una pequeña y quizás insignificante historia de respeto y amor entre un ser
humano y un perro que, además, fue recogido en la calle y que andaba cojo. Y si
la enfrentamos a la historia nuestra de cada día, les podemos asegurar que no
encontrarán algo parecido. Demostrado está que los seres humanos no andamos en
las mejores condiciones para hacer amigos: la escasez de trabajo, los problemas
que genera esta anomalía, la hipoteca que andan de por medio en las relaciones
familiares y de amistad, y cubrir las necesidades esenciales y mínimas de
cualquier familia activan las malas formas y la deshumanización que, sin
embargo, tanta falta nos hace. Y les decimos esto porque estamos convencidos de
que unidos es posible que podamos salir de la crisis en la que nos han metido
los de siempre. Solos será desde luego mucho más difícil.
