A falta de que el curso escolar se aperture definitivamente el próximo día 17, observamos no sin preocupación que las deficiencias que arrastra la comunidad educativa se mantienen intactas, si no incrementadas, debido ahora y sobre todo a la crisis económica que sufrimos cada día que pasa con mayor virulencia. Y es que el capítulo colegio ha supuesto desde siempre un importante desembolso económico muy complicado para las economías familiares, aunque en época de vacas flacas y con todo en contra si tenemos en cuenta que el aumento de la carga impositiva decidida por el Gobierno ha sido una animalada, es de entender que la situación se haya agravado a tal límite, que no sean pocos los escolares que acudirán a las clases con libros de texto prestados o adquiridos en mercados de segunda mano. Quizá por eso los políticos deberían cuidar sus mensajes en momentos tan cruciales y evitar, siempre que les sea posible, claro, denunciar la actitud de unos para favorecerse y así obtener tajada electoral. Y es así porque a estas alturas las familias no están precisamente para mensajes electorales y solo esperan actitudes positivas que les ayuden a solventar un problema que les supera y les agobia.
Y les decimos esto porque precisamente es nuestra comunidad la que mayor concienciación mantiene al respecto y la que más inversión realiza para retener los logros conseguidos hasta ahora, y que van desde el transporte escolar a la gratuidad de los libros. Después de conocer las heridas que han resultado de las decisiones y los recortes que ha tomado el Gobierno, conviene no perder de vista que los nervios andan descontrolados y que cada vez se disimula peor lo del ¡ya no aguanto más! Se trataría, por tanto, de hacer las cosas lo mejor que nos sea posible, de remediar en la medida de nuestras posibilidades el daño que se ha hecho a la educación y alejarse de mensajes absurdos, interesadamente nocivos y de contenido zafio. Y, consecuentemente, innecesarios. De acuerdo con una actualidad insoportable, con caída de empleos diarios que se cuentan por miles, con cientos de empresas que echan el cierre y con miles de ERES en marcha que enviarán a las oficinas del INEM a otos miles de empleados, escuchar, por ejemplo, que se está haciendo todo lo posible para llegar cuanto antes al momento en que se empiece a crear empleo, no solo supone una desagradable falta de respeto a la inteligencia de cualquiera, sino una peligrosa promesa porque será imposible cumplirla.
Por ahora, nuestra capacidad de sorpresa ha sido ampliamente superada. Los que lo esperaban todo de un Gobierno honestamente convencido de que sería capaz de sacar adelante al país en unos meses, se han encontrado con una realidad que les sobrepasa y, lo que es peor, no presenta ni de lejos motivo alguno que nos sirviera para animarnos en la aventura que comenzamos el pasado mes de noviembre y de la que nadie conoce su final, si que es lo tiene, naturalmente. Y no lo decimos nosotros, porque si nos ajustamos a lo que leemos y escuchamos desde los foros y mentideros políticos, y dependiendo lógicamente de los intereses partidistas de unos y de otros, o bien el país está en situación de irrecuperable o todo lo contrario. Y, claro, cuando opiniones tan contundentes firmadas por especialistas en la materia nos llegan como dardos envenenados e incontrolados, cuando menos nos plantean dudas.
Nosotros volvemos al mensaje de siempre: calma a los que puedan tenerla y paciencia a los que la perdieron hace años o meses. Estamos convencidos de que la situación cambiará a mejor, aunque para ello tengamos que pasarlo aún peor. Se trata de esperar mientras seguimos buscando nuestro sustento allá donde esté.
