miércoles, 12 de septiembre de 2012

LA FERIA DE SEPTIEMBRE O DE SAN EUFRASIO

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Como suele ocurrir en estos casos, encontramos pocas coincidencias a la hora de que los encuestados valoren el desarrollo de algún acontecimiento; en esta ocasión, la feria. Quizá porque ya estamos acostumbrados o porque la situación económica que atravesamos y padecemos nos limite a la hora de opinar, el caso es que para unos ha sido magnífica y para otros todo lo contrario. Si acaso, la coincidencia en que el recinto ha sido visitado por menos personas que otras ediciones. Y se entiende si tenemos en cuenta que en nuestra ciudad están censadas más de cinco mil personas en la oficina del INEM y que dos mil quinientas familias viven a las puertas de la miseria. Solo faltaría que con la que está cayendo no se hubiera notado ni en la asistencia ni el gasto. Lo de menos para nosotros son las actuaciones de grupos o artistas de élite, entre otras cosas porque casi siempre acaban siendo un fracaso económico; ni los toros, porque demostrado está que el público que gusta de estos festejos también ha sido tocado por la crisis.

Sin embargo, en líneas generales, la feria de septiembre ha sido capaz de atraer a todo tipo de personas y en algunos momentos, especialmente en lo que conocemos como feria de día, el recinto ha estado al completo. Lo que hemos vuelto a echar de menos es que, denominada desde hace unos años la feria de septiembre como de san Eufrasio, la hermandad no haya organizado actos paralelos, ya sean culturales, religiosos o de cualquier otra índole, que atraigan hacia la figura del santo y patrón de la ciudad y la diócesis a personas que aún no han recibido la información que entendemos sería fundamental para un mejor conocimiento de su vida y milagros. Y más si tenemos en cuenta que uno de los retos más importantes que deberá afrontar la hermandad y la propia Iglesia provincial con la ciudadanía es la construcción de su templo. Afortunadamente, siempre es momento de rectificar y aún están a tiempo de poner en marcha la programación que sabemos preparan precisamente con este objetivo.

Por otro lado, jinetes, amazonas y ocupantes de todo tipo de carruajes le han añadido al evento festivo una nota de color que la diferencia de las que se desarrollan en nuestro entorno y confirma la intención del gobierno municipal de conseguir para nuestra ciudad una mayor implicación de las Administraciones en su legítima demanda de ser ciudad del caballo. Si tenemos alguna queja que manifestar, sin duda que la dispersión, peligrosa por demás, que hemos comprobado con respecto al uso y disfrute que se ha hecho de cabalgaduras y vehículos tirados por éstas, que han participado activamente en que no sean pocos los ciudadanos que las rechacen de plano por el malestar y el peligro que generan. Cierto que se han dictado reglamentos municipales y que por el momento funcionan, pero si no se controla con más presión policial a los que no suelen aceptar de buena ni de mala gana las imposiciones de nadie, mal podemos acabar.

En cuanto a las casetas y al papel que han jugado a lo largo de la feria, y como ocurre todos los años, han cerrado, dicen, muy por debajo de sus expectativas, todo lo contrario que ha ocurrido en la avenida de Bruselas, que ha sido el lugar acotado por el Ayuntamiento para reunir a los jóvenes a que dieran rienda suelta a su particular forma de divertirse y que colocó el cartel de completo desde el primer día. El anuncio de que el año que viene tendremos menos casetas en oferta se ha vuelto a escuchar un año más y debemos unirlo a las que han venido desapareciendo desde hace unos años. En definitiva, una feria que hemos vivido y disfrutado con variada fortuna, pero que, para como están los tiempos y la ruina que tenemos encima, no deberíamos quejarnos en exceso.