Los acontecimientos que se
desarrollan entre nosotros protagonizados por los ciudadanos es evidente que no
contribuyen para nada en la imagen del país dentro y fuera de nuestras
fronteras. Y es que más de dos mil manifestaciones se contabilizan en nuestras
calles mensualmente, y, lo queramos o no, acaban por condicionar por completo
la vida de todos. No obstante, por el momento al menos no hemos asistido a ninguna
de ellas que no tenga razón de ser y que no exija lo que entiende que es suyo
porque les pertenece de pleno derecho. Por lo tanto, si aceptamos que se echan
a la calle a reclamar lo que le han quitado, los que criminalizanta actitud
cometen un interesado error, puesto que cuando se pierden las posibilidades
laborales de la forma que está ocurriendo en España, cuando te echan a la calle
sin ningún tipo de posibilidad de reconducir su problema con la entidad de
crédito, cuando es imposible mantener a la familia y menos convencerte de que
tienes un futuro, que cualquiera de los que padecen la crisis inviertanla mayor
parte de su tiempo en denunciar lo que para él es una injusticia de tomo y
lomo, qué quieren que les digamos: que hacen lo que deben. Quizá el panorama
cambiaría si se percibiera entre la clase política algo más de sensibilidad a
la hora de decidir qué economía se implantará a corto y medio plazo, o qué
tienen previsto decidir con respecto a las ayudas sociales y mínimas con las
que se vienen defendiendo mal que bien millones de españoles.
Aceptar de buena gana el que hace
unos años vivíamos con holgura, hipotecados hasta las cejas, sí, pero con
trabajo para ir pagando relativamente bien, que no nos faltaban manjares en la
despensa de casa y que salíamos y entrábamos cuando nos venía bien, y que ahora
nos veamos en la calle, sin casi nada que llevarnos al estómago, con la vida
más cara que nunca, con deudas que no hemos podido pagar y viviendo casi de la
caridad de la familia y del prójimo, fácil, lo que se dice fácil de asumir no
es. Naturalmente, con este panorama si alguien te invita a que te manifiestes
en contra de lo establecido y que muestres tu descontento con quienes nos
rigen, es lo menos que se puede esperar de quienes viven en situación casi terminal
y sin posibilidad de recuperar algo de lo perdido. A todo esto y mientras
tanto, el ejemplo que el Gobierno firma con respecto a los bancos no es para
exportarlo ni exhibirlo allá donde es sencillamente imposible de explicar. Y
más cuando no hace tanto tiempo, los que ahora patrocinan el que las entidades
de crédito sean financiadas y recapitalizadas por el Estado, decían todo lo
contrario y responsabilizaban a los anteriores dirigentes del caos en el que
nos hallábamos.
Lo quieran o no, la ciudadanía se ha
especializado en asuntos económicos de forma y manera que hoy entiende más que
nadie, y de ahí que cada día que pasa sea más difícil convencerle de que los de
antes fueron los malos y que los de ahora no tienen responsabilidad alguna en
este feo asunto. Por otra parte, tampoco van mal en la asimilación de las
opiniones de quienes entre sus honores guardan premios de economía, según los
cuales nuestros hombres y mujeres del Gobierno no llevan nada bien las riendas del país. Con estos datos sobre la mesa y la
necesidad acuciándoles con ansia, asegurar que no se entiende que reclamen en
la calle sus derechos nos parece una opinión frívola e inconsecuente. Solo
tendríamos que cambiar la posición de quienes disfrutan de empleo con los que
la sufren para comprender a la primera sus planteamientos. Quizá eso es lo que
acabarán pidiendo: que se repartan las tareas de forma que todos y todas tengamos
trabajo.
