miércoles, 24 de octubre de 2012

EL AUTÓNOMO SOLO FRENTE A SU PROPIO FUTURO

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Es cierto que entre el mundo de los autónomos existe una justificada inquietud y preocupación por su inmediato futuro. En Andújar, los últimos datos aseguran que estamos alrededor de los 2.700.  Si tenemos en cuenta que el número de éstos, de acuerdo con los datos económicos que maneja el Estado, representa una importantísima masa social que mantiene, al menos hasta ahora, a miles de trabajadores, que hasta el momento estén siendo tratados con indiferencia por parte del Ejecutivo nos plantea serias dudas sobre la continuidad de no pocos de ellos. En el ánimo de estos profesionales-empresarios subyace el convencimiento de un futuro oscuro y difícil, repleto de inconvenientes y desde luego que una gran incapacidad para influir en un cambio a mejor. De sobra saben el trato que reciben por parte de la clase política antes y después de las elecciones; antes, con promesas de recompensas millonarias en todo tipo de mejoras laborales; después, si te he visto no me acuerdo. Es decir, lo de siempre. Por lo tanto, convencidos a martillazos de que la política es una cosa radicalmente diferente a la realidad, la desconfianza manifiesta que muestran ante los anuncios y promesas electorales ha acabado por convencerles de que su futuro es suyo y de nadie más. Confiar en quienes mienten más que reparten, en quienes se muestran condescendientes y cercanos solo cuando buscan ansiosamente el voto de este colectivo, en quienes han demostrado no tener ni idea de lo que llevan entre manos ni conciencia para entender los problemas puntuales de los colectivos, es algo que pasó a la historia. En la actualidad lo que prima entre ellos es salir adelante con lo justo, mantener el tipo con dignidad y esperar a que lo que queda por venir, que no parece ser precisamente nada bueno, les deje margen de maniobra para seguir al frente de sus pequeñas y medianas empresas.

Por supuesto, de todas las promesas electorales sobre la revisión de su situación real, del peso específico que representan en la nómina del Estado, de su sistema de pago por enfermedad, etc., nada de nada. Sencillamente, se les ha olvidado que existen, aunque solo en el apartado de las obligaciones contraías con ellos, porque en todo lo demás se mantienen las persecuciones y no faltan los que los criminalizan y los hacen responsables de todos los males del país. Está claro que nuestros dirigentes, cansados de ser el centro de las críticas y de afrontar en solitario la recuperación de nuestra economía, culpan a todo el que se mueve de algo que, lo quieran o no, es personal e intransferible. Por el momento se mantiene la idea de que el autónomo no es más que la cenicienta en el país y no precisamente de las maravillas. Esto quiere decir que el objetivo prioritario de los que ajustan las macrocuentas de nuestra economía observan cada vez con menos delicadeza el pozo sin fondo que representan los autónomos, de donde por el momento salen los mayores ingresos que el Estado recauda anualmente.

El problema, consecuentemente, es que como la presión es mucha y poca la rentabilidad de los negocios que éstos y éstas explotan, en cualquier ciudad que recorramos, especialmente en su zona comercial, comprobaremos que el cierre de establecimientos regentados por estos profesionales crece como la marabunta y que la oferta de locales en alquiler o venta es cada vez más variada. Y que nadie crea que se trata de cierres caprichosos o coincidentes con jubilaciones porque se equivoca; al contrario, responde sencillamente a que es imposible continuar porque la presión impositiva es mucha, los gastos que antes eran asequibles ahora son enormes y, más aún, porque las ventas no alcanzan para cubrir gastos. Todo lo demás, por insignificante y gratuito, no debe ser tenido en cuenta. El autónomo lo deja todo porque comprueba a diario que se descapitaliza a marchas forzadas y no quiere perder lo poco que ha conseguido a base de esfuerzo y de horas y horas de trabajo. Según la última estadística, sólo en los seis primeros meses del año se han perdido ciento veinticinco mil trabajadores autónomos. La crisis y la política que la gestiona ha sido la causante.