Imprimir
Por fin hemos disfrutado del tiempo
que corresponde por derecho a la época del año en la que nos encontramos.
Recuerden que aunque en un principio se anunció que tendríamos unos meses de
octubre y noviembre húmedos y con precipitaciones importantes en todo el país,
la realidad parece que camina por derroteros bien distintos, aunque cabe
esperar que vuelva a la normalidad a partir de ahora y nuestros pantanos y
presas, además de los veneros que los alimentan durante todo el año, carguen
las pilas y pronto dispongamos de reservas suficientes para pasar sin cortes un
par de años. En cuanto a las cantidades caídas durante este fin de semana, es
evidente que la zona de Aragón, Levante y Cataluña siguen siendo grandes acaparadoras del agua de
lluvia y que no siempre lo hace de modo y manera que no se lleve por delante
tierras, enseres y personas. Recuerden que al inicio de este mes las lluvias se
repartieron entre Cádiz, Granada, Puerto Lumbreras y Lorca, y que en todas
estas ciudades y sus respectivas provincias causó estragos de importancia,
sobre todo por la pérdida de vidas humanas.
Al hilo de este asunto, recordamos a
la autoridad competente la necesidad ineludible que tiene de limpiar los
arroyos por donde, en caso de lluvia en cantidad, discurre con verdadero
peligro. De no ser así, de nuevo asistiremos a las inundaciones habituales que
se producen como consecuencia del taponamiento de las aguas en estos cauces
debido a la inmensa cantidad de hierbas y suciedad que encuentran al paso, que
habilita la construcción circunstancial de presas retenedoras y,
consecuentemente, de grandes trombas de agua cuando éstas acaban cediendo. No
ha sido la primera vez y estamos convencidos de que tampoco la última, pero solo
aceptaremos situaciones de este tipo cuando comprobemos que, efectivamente, no
ha sido posible el saneamiento de estos cauces por situaciones imprevistas.
Sabemos que en el calendario de actuaciones de las diferentes delegaciones de
la Junta y del Estado se encuentran marcadas en rojo estas intervenciones, pero
también sabemos que una cosa es destacar en el calendario de trabajo lo que
debe hacerse ineludiblemente y otra bien distinta lo que en realidad se hace.
Estamos convencidos de que, en caso de que las lluvias sean de las que hacen
época y debamos anotarlas en la particular historia de las inundaciones
padecidas en nuestra comarca, volveremos a lamentar la entrada del agua en las
viviendas de El Sotillo o Los Villares o Vegas de Triana, y no digamos nada de
Andújar, que sigue siendo objetivo prioritario de las crecidas del
Guadalquivir.
En nuestra comarca tenemos ejemplos y expedientes más que
de sobra en cuanto a inundaciones, rotura de caminos, anegaciones de vegas y
poblados. Sin ir más lejos, el arroyo Salado se ha llevado en más de una
ocasión su propio cauce y por diferentes lugares, porque así ha ocurrido en
Lopera y su cruce con la autovía de Andalucía, lo mismo que en
Marmolejo; o el conocido Martín Malillo, que se llevó medio poblado de Los
Villares hace unos años y que por el momento aguanta los empujones de las
habituales avenidas de agua que discurren por su cauce con aparente seguridad.
Y son solo unos ejemplos, porque sabemos de las malas formas que tiene el agua
de lluvia cuando llega a Vegas de Triana, o las inundaciones procedentes del
Guadalquivir que han arrasado El Sotillo y La Isla. De acuerdo con la
experiencia, en todos los casos sale más a cuenta prevenir que curar, y esta
situación no creemos que necesite de más argumentos para ser entendida,
especialmente por parte de los responsables de estas áreas municipales,
provinciales y autonómicas. Esperar a que nos veamos con el agua al cuello es
algo a lo que desgraciadamente estamos acostumbrados, pero debe entenderse por
parte de los que se encargan de esta tarea, responsables directos de las
catástrofes a las que asistimos anualmente, que estamos hartos de que siempre
sea lo mismo, de que los avisos lleguen con tiempo y mientras ellos y ellas
miran para otro lado.