Lo queramos o no, aunque evitemos
generalizar porque no sería justo, tenemos que admitir que todo lo que tiene
relación con el medio ambiente, con la sostenibilidad del ecosistema, es algo
que no es que nos preocupe muy poco, sino nada de nada. Con darse una vuelta
por este histórico camino, y sin necesidad de hacerlo al día siguiente de algún
evento que haya aportado más personas de las habituales, como es el caso de
este pasado fin de semana, asumiremos de inmediato que desde luego equivocados
no estamos en nuestras apreciaciones; es más, estamos por asegurar que incluso
irían ustedes más lejos que nosotros en sus calificativos. Y nada de reclamar a
la autoridad que haga uso de los poderes que tiene depositados y los haga valer
frente a semejante despropósito, porque nos equivocamos del todo. Este tipo de situaciones
se nos irían de las manos por cuanto exigiría un seguimiento casi particular,
persona a persona, de la totalidad de los peregrinos que por allí discurren, y
es evidente que es inviable. Sin embargo, sí que agradeceríamos una actitud más
comprometida por parte de los oficialmente implicados en la vigilancia y
cuidado de estas zonas, independientemente de las responsabilidades que a cada
una de ellas le correspondan. Y es el momento. Es ahora cuando comienza la
cuenta atrás de lo que en solo unos meses se convocará desde el mundo mariano y
que atraerá a miles y miles de personas al encuentro con María de la Cabeza.
Sinceramente, no sabemos la fórmula
ni tampoco si lo que necesitan estos trechos serranos es la colocación de papeleras
cada cinco metros, pero sí que estamos hartos de que, a caballo o a pie, los
que los habitualmente los visitan, aunque repetimos que no son todos, parecen
tener un especial interés en dañar la naturaleza que encuentran a su paso. Si
se trata de confirmar que su cultura medioambiental es nula, no hace falta que
nosotros lo reafirmemos, porque demostrado está, aunque al mismo tiempo
confiamos en que en las próximas visitas todo será distinto y que su
comportamiento será más realista y por tanto más cuidadoso. Por supuesto que es
un deseo, un sueño si quieren, pero lo compartimos con ustedes porque estamos
convencidos, y más con lo que los técnicos nos han contado, de que la situación
es irreversible e irrecuperable en algunos de estos vericuetos marianos.
Solo nos queda apelar a quienes
pueden verse fotografiados en nuestro comentario y convencerles de que no
estaría de más que se plantearan qué les quieren dejar a los que vienen detrás,
porque sus mayores al menos les han permitido disfrutar de un entorno magnífico
que ellos no han sabido cuidar como éste merece.
