El asunto de los alimentos que nos
llegan procedentes de China ha sido tratado por los medios de comunicación de
forma muy profesional, buscando la verdad y denunciando lo que creen
imprescindible, informativamente hablando, sobre aquello que adquirimos convencidos de que son aptos para la salud,
que para eso tenemos, dicen, organismos en Europa y España que se encargan de
analizar y controlar los alimentos que llegan procedentes de mercados que no
forman parte del mercado común que comparte la Unión Europea.
Para empezar, nada mejor que decir que China acapara la importación de
los ajos y la miel, lo que nos da una idea muy aproximada de lo que representa
en el mercado de la alimentación este país. Pero no ha parado ahí, porque
también lo es de pizzas congeladas. Y no tendría más importancia que la
económica y la capacidad productiva del gigante chino, porque hay que ir más
lejos, ya que, según las informaciones periodísticas a las que hacemos
referencia al principio de este comentario, parece que el problema son las
prácticas cotidianas de producción sobre el terreno: la carga de productos y
tóxicos debida al empleo de pesticidas o las dosis excesivas de antibióticos en
la cría de animales, unido a veces a una total falta de escrúpulos. En 2008, un
producto químico, concretamente la melanina, dañó la salud de 300.000 bebés.
Los comerciantes chinos habían conseguido que la leche en polvo les cundiera
más añadiendo este producto que, entre otras cosas, es perjudicial para los
riñones. También estos mismos señores han vendido guisantes teñidos de
verde que pierden el color cuando se cocinan; orejas de cerdo falsas, col con
una sustancia cancerígena como es el formaldehído y aceite de mesa usado
procedente de restaurantes, recogido en los desagües, reprocesado y vuelto a
embotellar.
Debe ser tal el abuso que se hace de ingredientes peligrosos para la salud, que un profesor de universidad pekinés que investiga la seguridad de los productos alimenticios, ha observado que, antes, los propios campesinos también comían lo que vendían. Pero ahora, dice, una vez que han tomado conciencia de las consecuencias perjudiciales de los pesticidas, abonos, hormonas y antibióticos, producen una parte de los productos agrícolas para el mercado y el resto lo cultivan a la manera tradicional para abastecer a su familia. Es más, existen informes que hablan de terrenos de labranza acotados donde se cultivan los vegetales que adquieren los funcionarios de alto rango. El control que desarrolla
Y que sepan ustedes que son solos unos detalles sobre lo que estos días forma parte de la proa informativa de varios medios de comunicación interesados en descubrir un mercado demasiado oscuro, demasiado peligroso como para obviarlo o dejarlo en manos solo de
