martes, 30 de octubre de 2012

LOS ALIMENTOS CHINOS BAJO SOSPECHA

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El asunto de los alimentos que nos llegan procedentes de China ha sido tratado por los medios de comunicación de forma muy profesional, buscando la verdad y denunciando lo que creen imprescindible, informativamente hablando, sobre aquello que adquirimos  convencidos de que son aptos para la salud, que para eso tenemos, dicen, organismos en Europa y España que se encargan de analizar y controlar los alimentos que llegan procedentes de mercados que no forman parte del mercado común que comparte la Unión Europea.  Para empezar, nada mejor que decir que China acapara la importación de los ajos y la miel, lo que nos da una idea muy aproximada de lo que representa en el mercado de la alimentación este país. Pero no ha parado ahí, porque también lo es de pizzas congeladas. Y no tendría más importancia que la económica y la capacidad productiva del gigante chino, porque hay que ir más lejos, ya que, según las informaciones periodísticas a las que hacemos referencia al principio de este comentario, parece que el problema son las prácticas cotidianas de producción sobre el terreno: la carga de productos y tóxicos debida al empleo de pesticidas o las dosis excesivas de antibióticos en la cría de animales, unido a veces a una total falta de escrúpulos. En 2008, un producto químico, concretamente la melanina, dañó la salud de 300.000 bebés. Los comerciantes chinos habían conseguido que la leche en polvo les cundiera más añadiendo este producto que, entre otras cosas, es perjudicial para los riñones. También estos mismos señores  han vendido guisantes teñidos de verde que pierden el color cuando se cocinan; orejas de cerdo falsas, col con una sustancia cancerígena como es el formaldehído y aceite de mesa usado procedente de restaurantes, recogido en los desagües, reprocesado y vuelto a embotellar.

Debe ser tal el abuso que se hace de ingredientes peligrosos para la salud, que un profesor de universidad pekinés que investiga la seguridad de los productos alimenticios, ha observado que, antes, los propios campesinos también comían lo que vendían. Pero ahora, dice, una vez que han tomado conciencia de las consecuencias perjudiciales de los pesticidas, abonos, hormonas y antibióticos, producen una parte de los productos agrícolas para el mercado y el resto lo cultivan a la manera tradicional para abastecer a su familia. Es más, existen informes que hablan de terrenos de labranza acotados donde se cultivan los vegetales que adquieren los funcionarios de alto rango. El control que desarrolla la Unión Europea sobre los alimentos ha generado hasta el momento y solo el año pasado, nada menos que 262 avisos referentes a productos chinos. Entre ellos había pasta infectada de gusanos, gambas contaminadas con antibióticos, cacahuetes malolientes o frutas escarchadas con un contenido excesivo de azufre. Con todo, la supervisión de los productos alimenticios vegetales es aún más laxa, menos exigente. La mayoría de las veces llegan a la Unión Europea sin pasar ningún tipo de control, a excepción de un pequeño número de productos especiales que ya han resultado problemáticos en el pasado o están bajo sospecha actualmente, como cacahuetes, soja, arroz, pasta, pomelos y té.

Y que sepan ustedes que son solos unos detalles sobre lo que estos días forma parte de la proa informativa de varios medios de comunicación interesados en descubrir un mercado demasiado oscuro, demasiado peligroso como para obviarlo o dejarlo en manos solo de la Administración, que viene a ser como un coladero inmenso por donde entran y salen mercancías que en muy pocos casos son controladas debidamente. Dedicarle un poco de tiempo a lo que compramos, a lo que nos llevaremos al estómago, nos parece imprescindible y obligatorio para evitar ingerir veneno en forma de comida. Ustedes tienen la última palabra.