A
nivel político, las previsiones menos agoreras avisan de que tampoco el nuevo
año por estrenar viene con el pan debajo del brazo. Al contrario, los datos
apuntan a que no se creará empleo, la economía no renacerá de sus cenizas ni
algo parecido y que, consecuentemente, todo irá a peor para las mismas personas
de siempre, o sea, los que andan hipotecados, los que se han quedado sin
Medicina gratuita, los que se encargan de llevar ayuda a los más necesitados
porque no reciben alimentos y ropa en cantidad suficiente para abastecer las
demanda que controlan; para los sin trabajo, etc. Sin embargo, viendo la fuerza
y el convencimiento con el que el Gobierno y sus ministros anuncian recortes y
más recortes al tiempo que aseguran sin ruborizarse que los brotes verdes ya se
divisan por el horizonte, no acabamos de aceptar el panorama tan negro que
anuncia la parte contratante en este asunto, o lo que es lo mismo: nosotros.
Al
trabajo que han realizado los psicólogos, sociólogos, economistas y maestros en
la oratoria política con sus pupilos no podemos ponerle pegas, porque ha sido y
está siendo de una perfección y un acabado sencillamente exquisitos. Solo hay
que observar a cualquiera de ellos cuando se dirige a las cámaras televisivas
para comprobar que, cuando mienten o cuando anuncian que los malos tiempos
pasarán pronto, no se les mueve un músculo ni se percibe un parpadeo de más. La
sonrisa aparece y desaparece cuando conviene y cuando, como en el caso del
ministro Montoro, que se reía incluso anunciando que subirían los impuestos, se le llama a
capítulo y, luego de un curso acelerado para reconducir esta evidente anomalía,
no vuelve a caer en la tentación. Y es que la puesta en escena siempre ha sido
importante, y cuando se trata de política y los tiempos no son precisamente los
mejores para caer bien entre la ciudadanía, el asunto alcanza la máxima
categoría.
Lo
decíamos ayer y lo repetimos hoy: la situación económica que padece media
España y la otra media anda preocupada
por la evolución de los acontecimientos, debe interpretarse con absoluta
profesionalidad si no se quiere caer en errores de complicada solución. Para
empezar, porque han sido muchas las decisiones adoptadas por el Gobierno y
escasísimas las que han contado con apoyo popular. De hecho, lo que está
ocurriendo en todo el país y lo que se oye en las manifestaciones desde luego
que no infunden tranquilidad a nadie. Y los que no quieran verlo están abocados
a torear con malos tiempos.
