lunes, 5 de noviembre de 2012

DEMASIADA AGUA PARA CONTROLAR CON SEGURIDAD

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Mucho tiempo ha transcurrido desde la última vez que iniciamos la semana, sobre todo después de un puente festivo, en el que la noticia con diferencia por todos compartida ha sido el agua de lluvia que ha caído sobre nosotros. Como ocurre en situaciones meteorológicas de este tipo, la lluvia ha superado las previsiones y nos ha vuelto a coger en paños menores, es decir, con los deberes por hacer, como es la limpieza de los sumideros, los arroyos, las cunetas de las carreteras, etc. La provincia de Jaén ha sido regada amplia y generosamente durante casi setenta y dos horas, y atención porque, si se consolidan las peores previsiones, el miércoles es posible que recibamos de nuevo la visita de borrascas con gran cantidad de agua acumulada que tiene previsto derramar sobre nosotros. De hecho, la información sobre la evolución del tiempo puede que nos haga recordar o revivir las últimas inundaciones del Guadalquivir. Por el momento, la zona de Cuesta Castejón y Ronda Mestanza, Arroyo Escobar, donde ha entrado el agua en varias viviendas, y  La Ropera, sus huertas, ya han sido desbordadas, confirmando lo débiles que son nuestras defensas cuando el agua decide superarse a sí misma.

Como la historia nos ha ido enseñando a lo largo de los años, nuestra capacidad de reacción nos supera y no somos capaces de encontrar la solución adecuada en cuanto la presión llega hasta nosotros. Por lo mismo, si fuéramos capaces de prevenir, si antes de que seamos engullidos por el desastre hubiéramos cumplido con nuestras obligaciones, las lagunas de agua que nos rodean, los cientos de charcos que nos agobian, la suciedad que llega al suelo procedente de los tejados sin limpiar, los millones de goteras que nos salen al paso y nos calan, desde luego que no hubieran conseguido el protagonismo que han tenido este fin de semana. Por supuesto, si nos comparamos con Linares, nuestra ciudad parece que ha sido tratada con más delicadeza, ya que el daño que se ha controlado ha sido escaso. Ahora queda esperar hasta comprobar si las intenciones meteorológicas más agoreras, las que anuncian aún más cantidad de agua de la que hemos recibido estos días, se cumplen, porque, de ser así, es muy probable que tengamos que lamentar pérdidas de mayor importancia.

Por todo esto, si alguien desde el puesto de mando decide informarnos de qué puede ocurrir en caso de que la evolución sea negativa, mejor para la colectividad. Atención a los que no temen las crecidas del Guadalquivir, a aquellos que no salen de sus propiedades convencidos de que nada les ocurrirá, a aquellos que acudirán como si nada a poner en marcha maquinaria, etc., porque es muy probable que tengan que arrepentirse. Y de eso, sin necesidad de exageraciones ni miedos inducidos sin justificar, es bueno que se hable, que se informe con tiempo para evitar desgracias. Y más cuando desgraciadamente hemos tenido oportunidad en varias ocasiones de comprobar de cerca lo que las aguas del Guadalquivir son capaces de llevarse por delante cuando bajan con ganas de hacer daño. Las inversiones que se han hecho hasta el momento sobre los márgenes del río, especialmente en el nivel de la mota, anuncian seguridad desde lejos, pero como todo es cuestionable y mejorable, quizá el exceso de confianza nos pueda gastar una mala pasada. Y como se puede evitar o al menos minimizar las consecuencias de una subida importante del nivel, ahora es el momento de hacerlo, de informar con rigurosidad y de controlar lo mal hecho, que ha sido mucho y que aún no se ha solventado como el asunto merece, especialmente en la zona de El Sotillo.