Aunque con todas las reservas que
convienen al caso, afortunadamente y por el momento las aguas del Guadalquivir
han pasado por nuestro término municipal sin daños. Es cierto que el nivel que
ha alcanzado estos días habría superado y con creces la cota del año pasado,
pero para algo se hacen las obras y está claro que las desarrolladas alrededor
del margen del río y hasta la presa de Marmolejo han supuesto un alivio real
para los implicados en inundaciones anteriores. Con todo, la plataforma
ciudadana que plantea los retos a la
Junta de Andalucía y al Gobierno de la nación a través de la Confederación
Hidrográfica del Guadalquivir, no observa intención clara de
que en lo que queda por hacer, que recuerden se ciñe casi exclusivamente a la
eliminación de la presa de Marmolejo, exista un decidido interés político. De
hecho, de los encuentros que con este fin han mantenido con los partidos
políticos representados en nuestro Ayuntamiento, deducen que el próximo jueves
conseguirán el respaldo oficial que necesita este tema antes de reclamar, una
vez más, ante las instituciones andaluzas y españolas la desaparición de la
dichosa presa.
Lo que se desprende de tema tan
trascendente para la ciudad entera, que viene de lejos y que ha supuesto un
trabajo social y político de mucha envergadura, es que la clase política está
limitada en sus decisiones en el momento que se encuentra ante un asunto en el
que está implicada una empresa de la importancia de Endesa-Sevillana, que es
quien de verdad se ha convertido a lo largo de todos estos años en la única
protagonista de una delicada situación que ha proporcionado a lo largo de los
años infinidad de desencuentros entre las partes afectadas, miles y miles de
euros en diferentes inversiones, graves inundaciones y la negación sistemática
del pago de los daños sufridos en tierras y viviendas. El hecho de que exista
escaso interés político por la situación tan delicada que mantiene nuestro
término municipal con el río Guadalquivir es evidente que marca a fuego los
límites oficiales en los que se desenvuelve y en donde convergen las
reclamaciones de unos y las negativas de otros. Por el momento, después de las
últimas inundaciones padecidas, lo del abono de las indemnizaciones a las que
tienen derecho los afectados anda por los juzgados, y todo indica que ahí
seguirán algunos años.
Una vez más, desgraciadamente
comprobamos que los más débiles, los que no han hecho nada para que el agua les
llegue hasta sus propiedades y los que menos medios económicos tienen para
remontar el vuelo, se ven obligados por los grandes y no menos por la inmensa
burocracia en la que deben desenvolverse, a invertir lo que no tienen en
intermediarios con capacidad para enfrentarse con poderosos y políticos en
busca de justicia. Por el momento, dejando a un lado la inversión millonaria de
hace unos años y que quedó sin terminar justo a la llegada del nuevo Gobierno
de la nación, que decidió casi al día siguiente de tomar posesión de sus
respectivos cargos, que ya se había hecho demasiado y que Andújar y su problema
dejaría de ser prioritario para pasar al capítulo de cuando se pueda, se
mantienen algunas deficiencias. Lo que ha acontecido a partir de ese momento ha
dejado de ser noticia que no tenga que ver con obviar el problema, tanto la
realidad del río y las posibles inundaciones como las indemnizaciones. Se ha
aparcado el asunto al tiempo que a los propietarios de esas tierras se les ha
puesto en lista de espera para cuando sea posible, aunque todo indica que en
realidad de lo que tratan es de que esperen y se cansen de reclamar, que es lo
mismo que decir que dejen de molestar.
Este punto, sin embargo, por lo que
anuncia la plataforma y por los ánimos tan caldeados que observamos en todos
ellos, no lo aceptan como parte de sus legítimas aspiraciones a que le sean
abonados los daños sufridos por las pasadas inundaciones. En cuanto al papel
que juegan en todo este asunto los partidos políticos con representación
municipal, pues lo mismo de siempre, es decir, absoluta desgana por intervenir
en el proceso y cuidando en extremo los pasos que dan sobre el terreno movedizo
que representa el problema de Andújar para sus respectivos partidos. Por lo
tanto, los que más justicia piden suelen ser aquellos sin ninguna influencia en
las instituciones; los otros, los grandes, dependiendo del nivel de implicación
que los resultados electorales les han proporcionado, escurren el bulto
mientras sus contrincantes harán todo lo contrario. En medio, insistimos, los
que menos culpa tienen y los más necesitados. Que es una injusticia lo sabemos;
ahora de lo que se trata es de que se haga justicia con ellas y ellos, para lo
que es imprescindible el apoyo de sus vecinas y vecinos.
