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Lo de entregar la
vivienda hipotecada y perder de vista la hipoteca que hasta ese momento nos ha
tenido sin sueño, o lo que es lo mismo: la dación en pago, camina lentamente
hacia su desaparición, aunque aceptemos que por fin, luego de cuatrocientas mil
desahucios en toda España desde 2008, parece imparable el proceso. Lo que más
molesta de todo este lío que entre unos y otros han organizado y que no han
sido capaces de ponerse de acuerdo hasta que la vergüenza les ha obligado a
mover ficha, es que no tardarán en situarse delante de los atriles con sus
respectivos logotipos detrás ocupando toda la pantalla del televisor
diciéndonos que, gracias a ellos, a su entrega, a su preocupación y entusiasmo,
se ha eliminado, eso sí, con condiciones, el sistema oficial que obligaba a los
deudores que habían firmado una hipoteca con una entidad bancaria a salirse de
su vivienda y, además, terminar de pagar el dinero que restaba hasta ese
momento.
Han tenido que
suicidarse dos personas, más tres intentos controlados, para que hayan
decidido, PSOE y PP, reunirse en busca de soluciones para un problema al que
nunca les han dedicado siquiera algo de su tiempo. Ellos han sido los artífices
absolutos de todo lo que ha ocurrido hasta ahora, por su frialdad, por el
desconocimiento que tienen de los problemas de la ciudadanía, por el
menosprecio con el que han recibido las miles de firmas que suplicaban su
intervención… Sencillamente, porque ha demostrado no tener sentimientos, porque
avisados estaban. El que ahora pongan en marcha la máquina que probablemente
permita la dación en pago es algo que debió hacerse con tiempo; solo era
necesario algo de compasión y de comprensión, pero es evidente que la clase
política, una vez aupada a puestos de relevancia en donde tocan poder, dejan de
tener contacto con quienes precisamente los catapultaron, sin duda
erróneamente, a las posiciones que ahora ocupan.
Afortunadamente, el
denostado movimiento del 15-M puso en marcha, paralelamente, a una serie de
ciudadanos que se reunían en un grupo heterogéneo sin domicilio fijo y
repartido por toda la geografía nacional conocido como “stop desahucios”, que
han sido los verdaderos artífices de lo que podíamos empezar a llamar milagro.
Ellos y ellas han conseguido el apoyo de los jueces, de la policía local y
nacional, de los cerrajeros, de ayuntamientos y diputaciones, de alcaldes y de
concejales. Pero han ido más lejos y han sido capaces de reunir a su alrededor
a cientos de miles de personas prestas y dispuestas a acudir allí donde se
producía un desahucio a dar su apoyo y a complicar la labor policial y
judicial. Este movimiento social, y no los políticos ni los banqueros como
ahora nos quieren vender, han sido los autores de semejante cambio de orientación
en la política que hasta ahora regía cuando de liquidar la deuda hipotecaria se
trataba. Su presencia, sus ánimos, sus desgarrados gritos y su decidido
enfrentamiento con las fuerzas del orden han bastado para conseguir un
protagonismo de tal magnitud que ha resultado ser una denuncia en sí mismo y
avergonzar, si es que ello es posible, a quienes tienen la ineludible
obligación de facilitarnos la vida, que para eso los hemos elegido.
Nadie como ellas y
ellos nos han mostrado la verdad, nos ha informado de las verdaderas
intenciones de banqueros y políticos, que delante de nuestras narices se han
dedicado a expoliar el dinero de todos a favor de los que precisamente no
tienen problemas económicos en sus casas. Finalmente, decirles a las personas
que han perdido la vida a causa de este problema, que no ha sido en balde su
muerte, que gracias a ella y a él el futuro de quienes como ellos dependía de
una sentencia judicial, hoy es radicalmente diferente. Gracias.