La segunda huelga general que en
estos momentos se desarrolla en todo el país en contra del Gobierno del Partido
Popular es, con diferencia, la noticia del día. Por el momento, y hasta esta
hora, las noticias que nos llegan son confusas y no menos interesadas. Es
decir, lo de siempre: para unos, los convocantes, está resultando un éxito; y
para otros, los demandados, que ha sido un fracaso. En medio, las trágicas
historias de millones de personas que andan a la caza y captura de un trabajo,
ya ni siquiera digno, que les permita llevar algo de dinero a su casa. Por
supuesto, no faltan los que llevan años
sin recibir ningún tipo de ayuda; los que fueron despedidos casi sin
liquidación gracias a la reforma laboral del Gobierno, que aseguraba sería
beneficiosa para el mundo laboral, aunque no matizaron como el asunto exigía y
no nos dijeron que en realidad a quien beneficiaría de verdad era al mundo
empresarial. Y no es que se les olvidara y sí que se trató de una maniobra
maquiavélica pactada entre los interesados y que por el momento lo único que ha
conseguido ha sido llevar a las listas del INEM a miles y miles de
trabajadores.
Aunque la etapa del Gobierno
socialista fue terrible para el país, aunque se le hicieron al presidente
Zapatero también dos huelgas generales, aunque fueron miles las manifestaciones
convocadas, nunca un Gobierno democrático ha sido tan denunciado en la calle
como el que actualmente ocupa el palacio de la Moncloa , que contabiliza
al mes entre dos mil y dos mil quinientas. Y de todo tipo, porque nos
encontramos con jueces y abogados quejándose de las nuevas tasas; a médicos, enfermeras
y enfermos exigiendo que les devuelvan lo que les han quitado; a educadores y
educandos, además de sus respectivas familias, reclamando una educación pública
de calidad; a los farmacéuticos suplicando que les abonen lo que les deben; a
miles de trabajadores de todos los sectores de la producción, desde la minería
hasta el hierro, desde la construcción al transporte, con la misma cantinela; a
otros tantos miles de perjudicados por los acciones preferentes que los bancos
les han endilgado sin previo aviso y sin su consentimiento; a los desahuciados,
que reclaman compasión para su situación y que se imponga definitivamente la
reforma de la ley hipotecaria y que en ella quede reflejada la dación en pago… Y
que quede claro que podemos seguir incorporando colectivos con las mismas
demandas y que, si no lo hacemos, es para no cansarles.
Con esto queremos decirles que la
huelga no parece que necesite más justificación, porque le sobran razones. Otra
cosa es si ha sido ampliamente compartida y seguida o todo lo contrario, porque
recordemos que no son pocos los empleados públicos y privados que no se han
atrevido a secundarla porque saben a conciencia que serán enfilados por sus
respectivos superiores y que en el momento que sea posible irán de patitas a la
calle. Y como son conscientes de ello y que pueden acabar como los que en estos
momentos expresan en las calles de
nuestras ciudades sus quejas, han decidido no acudir a la llamada de los
sindicatos, partidos políticos y las cien y una mil asociaciones que se han
unido a la llamada. Con todo,
independientemente del resultado final que decidan entre unos y otros, de lo
que debe quedar constancia es que España no va bien y que el futuro se
ennegrece por días. Y lo dice el Fondo Monetario Internacional, el Banco
Central Europeo, la Unión Europea ,
la banca española y el sentido común, porque insistir a estas alturas y estando
como estamos que comienzan a verse los resultados positivos de la reforma
laboral con nada menos que cuatro mil empleados de Iberia con un pie en la
calle y otro en la compañía, ya me dirán ustedes quién se creerá semejante
disparate.
Sea como sea, lo que nos importa a
nosotros es que el resultado de esta segunda huelga general acabe de una vez y
para siempre con las mentiras de quienes nos dirigen. Que sus consecuencias
sean positivas y puedan servirnos para iniciar el largo camino hacia la
recuperación económica.
